El terremoto de opiniones

 

 


       Recientemente se ha producido uno de los peores terremotos de la historia de Marruecos, un suceso que me ha impactado especialmente porque conozco la zona más afectada, pero sobre todo me ha impactado que justo un año antes del terremoto estaba viajando por la zona del epicentro.

 

     Cuando ocurren este tipo de desgracias la gente puede sacar su peor o su mejor cara. Pero pululando por redes sociales creo que existe una tendencia a decantarnos por manifestar la opinión más controvertida, posiblemente para atraer mayor flujo de interacciones. Sea por lo que sea, en lo que refiere a la ayuda que España pudiera brindarle a Marruecos en una situación tan terrible como esta, la gente parece que nuestra opción con país sería negar todo tipo de ayuda argumentando dos cuestiones: la primera, que su Rey es vergonzosamente rico y debería ayudarles él; y la segunda, que el porcentaje de marroquíes en cárceles españolas es mayor que el porcentaje de trabajadores en activo.

 

     Cuando justificamos nuestras malas acciones basándonos en otra lo único que estamos haciendo es colocarnos en un nivel más vil que la avaricia del Rey de Marruecos o de la criminalidad de los marroquíes que citan. Todos los que opinan esto deberían recorrer esas aldeas del Atlas, son gente humilde, de origen bereber; en esos pueblos, especialmente en los que tienen un tamaño considerable, tratan de exprimir a los turistas, es cierto, pero os puedo asegurar que he encontrado más hospitalidad y ayuda que en la mayor parte de los lugares del mundo que he visitado.

 

     Por eso, siento mucha rabia y desprecio hacia aquellos que lanzan este tipo de comentarios sin pensar que los afectados son ya víctimas, pero sobre todo son extremadamente hospitalarios y respetuosos. Y esto lo digo basándome en mi experiencia: perder un paquete de opacadores del camper y que te persigan durante 20 kilómetros para entregártelos sin que te den la oportunidad de pedir nada a cambio es un gesto muy honorable; que te vean perdido y un poco cohibido recorriendo las calles de Sidi-Ifni, y que llegue un anciano que recordaba hablar el castellano de época colonial para darte la bienvenida y que te sientas más a gusto en su ciudad es un gesto muy hospitalario.

 

     Marruecos es un país extremadamente rico en cultura, naturaleza y paisajes que tendemos a infravalorar, sin ser conscientes que los verdaderos perjudicados en esta valoración negativa somos nosotros mismos. Un ejemplo de los lugares mágicos de Marruecos es el lugar en el que hice esta foto: el valle de granito rosa de Tafraoute, muy cerca del epicentro del terremoto, un lugar tan mágico, especial y bello al que tengo que volver.

     

 


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