Las mejores luces de mi vida

 

     Llega un día en el que decides darle una vuelta de tuerca a tu modo de fotografiar y planeas salir mucho antes del amanecer, ubicarte en un lugar concreto tras caminar varios kilómetros en la más profunda oscuridad. Hasta entonces la fotografía simplemente me encantaba; aquellas luces del 10 de octubre de 2012 me cambiaron para siempre, en ese momento supe que la fotografía se convertía en una pasión que me acompañaría toda mi vida.

 

     Hasta hace pocos días nunca había tenido la ocasión de repetir una situación que se asemejara a la de aquel amanecer de otoño. Cientos de salidas en playas, montañas, desiertos, humedales... en ningún lugar de ningún país había encontrado una situación que estuviera a la altura.

 

     De una de mis últimas salidas por "mi hogar" fotográfico, la sierra del Espinazo, me quedó pendiente probar una localización. De manera muy casual hace unos días fui exclusivamente a ubicarme en un punto que había localizado en la anterior salida para probar qué pasaba con el sol en estos días, una posición avanzada hacia el solsticio de invierno. Lo más probable es que no hubiera salido a hacer fotos, que aquella tarde no hubirrs estado allí, pero el destino quiso que otro espectáculo de luz inigualable se presentara ante mi cámara.

     

 

     El sol se coló entre un pequeño hueco en las nubes para iluminar la atmósfera cargada de humedad del valle. Un espectáculo que tiñó de naranja las montañas durante menos de un minuto ¡si! tuve menos de un minuto hasta que el sol se volvió a esconder para no volver dejarse a ver aquel atardecer. Aunque hay ocasiones en las que he presenciado espectáculos de luz más increíbles que este, no había tenido ocasión de fotografiarlos.

 


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El mundo desde una perspectiva etérea

 

     Cuando hace tan mal tiempo que la mayoría de las personas, con capacidad para razonar, se quedarían en casa, es cuando surgen las mejores oportunidades fotográficas. Hace 6 años ni siquiera hicimos cálculos del panorama metereológico que nos íbamos a encontrar, sólo sabíamos que haría muy mal tiempo, pero la experiencia nos decía que surgían buenas oportunidades. 

 

     Llegamos al risco de La Torrita poco antes del amanecer, no había dejado de caernos agua durante la hora y media que tardamos en llegar desde el coche. Con las primeras luces, a pesar del chubasquero, estaba empapado, más incómodo que un gato en la bañera. Todo se olvidó cuando apareció ante nosotros aquel espectáculo irrepetible, incluso nos olvidamos de hacer fotos. Llevábamos una idea en la cabeza pero la razón desapareció y comenzamos a disparar  con el teleobjetivo a los jirones de niebla que parecían jugar al escondite entre las montañas. El puntito rojo a la derecha del risco soy yo:

     

 

     Hace unos días encontré una situación parecida. El mal tiempo me motivó a fotografiar un bosque de hoja caduca en plena otoñada, pero antes de que la luz llegará decidí asomarme al amanecer a un alto para ver si con el mal tiempo se producía el milagro de la luz. Las condiciones de esta mañana me recordaron a las de hace 6 años y disparé con la misma perspectiva que aquel día. Al repasar las fotos encontré un nexo, no sólo estilístico sino también emocional, con una pequeña diferencia: hace 6 años aquellas fotos quedaron olvidadas en el disco duro, sabía que eran buenas pero ahí quedaron. Ahora, con más experiencia, he podido mezclar las fotos de ambas sesiones para dar vida a la serie más "madura" desde que tengo una cámara entre las manos, bienvenidos al planeta etéreo: 

 


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Ser rico no es sólo tener dinero

 

     Esta foto no es más que puro "postureo" pero hay veces que me encaja una persona en algunos paisajes, humanizarlos para transmitir algunas emociones que el paisaje por sí mismo no puede. Hace unos días, mientras fotografiaba estos riscos me encontraba realmente satisfecho, por una parte por volver a la sierra del Espinazo tras una temporada sin ir por allí y por otra por encontrar una nueva localización para fotografiar. 

 

     Sentir satisfacción por llevar unos meses sin ir es comprensible, pero ¿por encontrar una nueva localización? pensaréis que el mundo está lleno de lugares que aún no han sido fotografiados, al menos desde una perspectiva artística-paisajística. En esta sierra he recorrido más de 300 km en los últimos 8 años, más de 40 salidas fotográficas; no es que lleve la cuenta pero hace unos días, tras subir la ruta de la última salida marqué la opción de visualizarlas todas en el mapa y me sorprendió la cantidad de veces que he pasado por algunos sitios, dejo foto:

     

 

     En definitiva, estaba fotografiando estos riscos y, como he dicho, me sentía tan satisfecho que estaba absolutamente convencido que, al menos en ese momento delante de aquellas rocas, con mi cámara y el sol asomando entre las montañas no necesitaba nada más para ser feliz, me creía la persona más rica del mundo. Entonces comencé a pensar que, la riqueza es algo objetivo, es rico el que posee bienes materiales, pero ¿existe alguna definición para esta sensación? ¿es algo puramente objetivo? o ¿una persona que tiene más de lo que necesita es rica? 

 


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Huele a otoño

 

     De todas las estaciones la que me despierta más escandalosamente de mis letargos fotográficos es el otoño. Para mí es una estación casi mágica en la que el silencio y la paz del bosque te envuelve entre humedad, luz y una pequeña explosión de vida antes de la llegada del crudo invierno. Todas las salidas fotográficas que más me han marcado, en un modo u otro, siempre se han producido en otoño. En el centro de la península el verano no ofrece muchas posibilidades, pero con la llegada del otoño llegan los colores a los bosques caducos, las primeras lluvias transforman el paisaje semiárido y el solsticio cambia la posición del sol para ofrecer una luz especial que se transforma en un espectáculo de luz al amanecer y atardecer.

 

     Repito localizaciones en esta época: Garganta de Bohoyo, Bosque de la Honfría, El Tiemblo, Ogesto... en Urbasa he estado en varias ocasiones, pero nunca en la zona del laberinto de Arno. Aunque cuando he estado, las primeras hojas comenzaban a coger color, y apenas puede hablarse de otoño me he encontrado un bosque que si le damos una semanita más ofrecerá un espectáculo singular. Las lluvias y las temperaturas de los últimos días han hecho que las hayas definitivamente corten el flujo de savia, la clorofila se retire y comiencen a dominar en las hojas los tonos dorados de las sustancias que comienzan a oxidarse en ellas.

 

 

      Tengo mil planes en la cabeza ahora que parece que ha llegado el momento ¿y tú? Prepárate para los próximos días, el otoño ha comenzado, ahora sí, delante de nuestras cámaras.

     


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Gigantes de otros tiempos

 

     Cada año planifico las visitas en función de la estación y el embalse de la Almendra suele tener su hueco reservado entre la primavera y junio en función del nivel del agua embalsada. La escasez de precipitaciones de este año ha provocado por una parte que el nivel mes tras mes sea lo suficientemente bajo como para que los tesoros escondidos bajo el agua continúen emergidos y, por otra parte, el resto de localizaciones que tienen su lugar en estas fechas no han llegado a alcanzar el suficiente atractivo por este mismo motivo.

 

     Antes del cambio de hora el amanecer es ideal, que el sol salga a las 8:30 h te permite llegar a la localización sin que haya que madrugar demasiado. Suena el despertador a las 5 de la mañana. A las 5:30 h comienzas a conducir con la ciudad el campo aún durmiendo. Llegas a las inmediaciones del embalse, silencio absoluto, negrura total, soledad. Con la tenue luz del frontal comienzas a caminar por el paisaje muerto del lecho del embalse seco, una hora más tarde, sobre las 7:15 h llego a la zona que he seleccionado y comienzo a explorar.

 

     El objetivo de esta salida son las grandes encinas, sin lugar a dudas. La mayoría de los ejemplares más grandes ya no están en pie, es un suelo poco profundo, las raíces crecen muy disgregadas y las largas temporadas expuestas a los elementos y la gravedad fuera del agua han hecho su trabajo. Tras varias largas exposiciones con los primeros resquicios de luz del día comienzo a escrutar el cielo para estudiar la dirección de las nubes y como estas pueden interactuar con los rayos del sol cuando emerjan y está claro que los cirro-cúmulos que se desplazan de sur a norte son el mayor atractivo. Dos exposiciones intercaladas por unos minutos para calcular dónde estarán unos 15 minutos antes de que salga el sol, que será el momento en que por la altura a la que están se iluminen, y ya sé hacia dónde tengo que disparar.

 

     Selecciono unas encinas que parecen estar perfectamente alineadas entre ellas y con el horizonte. Varias pruebas con ISO alto para que la cámara me confirme lo que creo que veo y coloco el trípode. Aún faltan 20 minutos para que el sol ilumine las nubes, me como el bocata mientras hago varias tomas de prueba. Llega el momento que he calculado y se hace la magia de la fotografía de paisaje:

 

     


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El pueblo del desierto

 

     Kolmanskop puede englobarse en la típica descripción de pueblo abandonado, pero la realidad es que cuenta con una historia tan inverosímil que lo convierte en único. Muy resumidamente se puede decir que se trata de arquitectura colonial alemana de finales del S. XIX y principios del XX cerca de la actual localidad namibia de Lüderitz. En aquella época se encontraban diamantes en las arenas del desierto con relativa facilidad, llegaron a extraerse 1.000 toneladas, lo que hace que económicamente sea viable una ciudad tan extravagante como esta.

 

     En pleno desierto del Namib se erigieron casinos, escuelas, hospital, mansiones, estación de tren... y los colonos alemanes de la época querían sentirse como en su Baviera natal impregnando a la arquitectura de estas construcciones del más puro estilo de la región alemana. Los diamantes comenzaron a escasear, el pueblo se abandonó y el tiempo no perdonó. La arena ha invadido las casas, la brisa marina y el viento del desierto han hecho lo propio para hacer de este pueblo una ruina decadente, de apariencia arquitectónica descontextualizada que nos traslada a otra época, casi a otra realidad paralela. 

 

     ¿Merece la pena recorrer 600km para ver este lugar? puede que la galería de imágenes te ayude a responder a esta pregunta. He tratado de capturar la esencia del sitio centrando la atención en puertas y ventanas, como símbolos del paso de una época a otra, de aquella realidad minera colonial a la turística de hoy en día, del momento en que la fiebre de los diamantes le permitía vivir en su burbuja de opulencia a la mas fiel y cruda realidad en la que el desierto reclama su lugar.


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Los árboles eternos

 

     Sales de casa y sabes que te quedan por delante 15 días disparando fotos en Namibia, para ser más concreto he hecho unas 4000. Sabes que hay una serie de localizaciones que tienen un potencial mucho mayor que otras, las has estudiado más o simplemente coincide que, en el momento que las visitas, es cuando muestran su mejor cara.

 

     Sabía que el desierto de Namib era una de las joyas del viaje y, dentro del Namib, más concretamente lo era Dead Vlei. Creo que nunca podré olvidar mis sensaciones al ver por primera vez este lugar: caminas por la arena durante unos 15 minutos y cuando terminas de subir una pesada duna aparece este lugar a lo lejos. Una explanada blanca de pocas hectáreas salpicada por algo menos de medio centenar de árboles. Bajas la duna para llegar a la superficie blanca, un lecho de lago seco de arcilla blanca cuarteada, una locura ¡sólo el suelo da para un día entero sin levantar la cámara! Levantas la cabeza y en el momento que ves el primer árbol la mente comienza a divagar, piensas Fondo oscuro, reflejos de la luz del sol del suelo, tangencia de ramas, atmósfera cargada de polvo, sol lateral, enmarcar con las ramas... si hubiera puesto en práctica todo lo que se me pasó por la cabeza en apenas un instante todavía seguiría haciendo fotos allí.

 

     En definitiva, en Dead Vlei se pueden hacer algunas fotos buenas, pero no son las fotos el tesoro más valioso que me he traído de allí. Aquí he podido vivir una de las experiencias más intensas del viaje a Namibia (una de tantas) y es una percepción del tiempo más allá de la existencia humana. Allá por el año 1200 crecían estas acacias de las que hoy sólo quedan troncos ennegrecidos por el abrasador sol del desierto, la arena, que un día las enterró llegó hasta aquí hace 5 millones de años arrastrada por un caudaloso río del que hoy no queda ni el nombre, y el lecho arcilloso nos lleva a una época mucho anterior, te das cuenta que el ser humano es sólo una pequeña fracción de tiempo en la existencia de este sitio, te sientes pequeño, insignificante, ante un lugar que es uno de los protagonistas de la eternidad de nuestro planeta.


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Un nido frente a mi ventana

     Puedo considerarme afortunado porque una pareja de palomas ha elegido la acacia frente mi ventana para construir su nido. A escasos dos metros he ido viendo como día a día iban colocando ramita a ramita en el nido, la puesta de los huevos y tras la incubación ha llegado el gran momento: el primer polluelo. 

 

     La llegada al mundo de este pequeño ha coincidido con una fecha que le imponemos en el calendario a los animales salvajes: la apertura de la media veda. Con la llegada de agosto llega uno de los momentos más felices para los cazadores pero también uno de los más difíciles para las especies calificadas como cinegéticas. Miles de cazadores salen al campo tras el parón de primavera/verano para volver a la actividad que tanto les apasiona.

 

     Hasta el 25 de agosto no debería cazarse ninguna paloma pero... ¿qué ocurre si a uno de los cazadores de gatillo fácil (casi todos) se le cruza una paloma antes de esa fecha? Pues que le va a disparar sin dudar. ¿Qué ocurrirá con los polluelos que están esperando en el nido? Que morirán y al próximo año no habrá ni paloma ni polluelo. Así de sencillo.

 

     No sólo es importante que los cazadores respeten fechas, cupos y especies, es necesario un control más intensivo de la administración sobre la ecología de las especies, la educación y las aptitudes de los cazadores para evitar que las poblaciones de muchas especies salvajes se encuentren al límite de su existencia. Uno de los representantes del colectivo cinegético calificaba en los medios de comunicación el pasado 15 de agosto la apertura de la media veda como catastrófica en cuanto a capturas. Era de esperar. El próximo año se repetirá la misma historia.


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Paisajes Romanticistas de Inglaterra

     Parece que la fotografía reinventa constantemente nuevos métodos y técnicas para que los que aprietan el disparador tengan a su disposición las herramientas adecuadas para poder expresarse. Creo que echar la vista atrás, a los paisajistas romanticistas puede ser un campo muy amplio en el que poder encontrar un nuevo área de trabajo y, sobre todo, mucha inspiración. 

 

     El romanticismo es un movimiento que se desarrolla en la primera mitad del siglo XIX para par prioridad a los sentimientos frente a las normas más rígidas del Neoclasicismo. Sabía que un viaje a Inglaterra, visitando castillos, grandes catedrales góticas y paisajes que inspiraron a pintores romanticistas hace casi 200 años, iba a nutrirme en este sentido.

 

     Esta fotografía representa la catedral de Salisbury en la misma perspectiva que John Constable la representa en 1830 en su obra "Salisbury Cathedral from the Meadows". Ni mucho menos consigue atrapar la esencia temporal y la sublimidad con la maestría que lo hace Constable, no por las limitaciones de la fotografía en ese sentido frente a la pintura; es un campo en el que la fotografía digital puede desarrollarse (y al que me sumo) para que la fotografía de paisaje pueda encontrar una vía de escape frente a los cánones tan rígidos y estridentes de "belleza" que saturan las redes hoy en día. 


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Las tierras muertas de Valjagado

 

     Un día descubres que en los libros están las respuestas, comienzas a leer autores americanos que te cuentan sus andanzas fotográficas por los desiertos del medio oeste; es más que suficiente para que un entusiasmado aprendiz de fotografía de paisaje idealice el concepto de belleza en sujetos inertes. Un tiempo después, en una etapa de búsqueda enfermiza de localizaciones en Google-Earth una foto de amigos en excursión de domingo lo cambia todo. La foto se titulaba Rasica.

 

     Cielo azul, rocas entre indio y beis de granito que con la intensidad de la luz directa del atardecer el medidor del modo automático de la compacta con la que estaba hecha la foto los había intensificado hasta llegar a un acertado error. Sobre las piedras dos personas. Esta escena no hubiera significado nada para mí de no ser porque aquellas rocas me trasladaron al instante a los desiertos americanos. Exploré aquella zona, Rasica, y pronto descubrí que no era más que el lecho desprovisto de vida de un embalse. No era el paisaje eterno de Death Valley, Arches o Monument Valley pero me servía para dar rienda suelta a la ausencia de vida natural como concepto de belleza.

 

     Han pasado varios años, más de los que me atrevo a contar sin dejar escapar un suspiro, desde que una tarde de junio Jenny y yo nos dejamos nuestras huellas en la arena granítica. Atardecer, merienda sobre las rocas, un par de nocturnas y el gusanillo de repetir. Han sido muchas visitas y con cada una he descubierto muchos nuevos motivos para volver, pero nunca había estado al 40% (en un territorio de unas 20.000 hectáreas bajo el agua el nivel lo cambia todo). Ahora he encontrado un bosque de encinas petrificado, un gran hito de granito que sobresale sobre el agua y, lo que es más importante: he perdido el miedo a hacer fotos (ya no creo que si no hago lo que hacen los demás no lo hago bien).

 

     La foto no tiene truco, está disparada directamente a blanco y negro. Atardecer a mi espalda, un claro sobre el horizonte a la derecha de la encina muerta. Filtro degradado para dar dramatismo a la encina perfilada sobre el claro y dejar algo de detalle sobre las rocas del primer término. Unas curvas en Photoshop y listo.


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El mundo de los sueños

 

     Cuando juegas con fuego te quemas, o eso nos han hecho creer siempre. Algo parecido pasa con la multiexposición en cámara, una vez comienzas no puedes terminar una foto, siempre necesitas añadir más, hasta que la estropeas, o no. Esta foto la realicé en abril de 2017. Bien, en realidad tendría que hablar de "estas fotos" porque hay unas cuantas apiladas; aclarado esto, comenzaba a profundizar en esta técnica y esta foto parecía ser la culminación a aquellos días en el delta del Ebro.

 

     Un motivo atractivo, marea a buen nivel, el sol a un buen ángulo con respecto al sujeto... pero un cielo aburridísimo. No había forma de hacer algo que me gustara: multiexposiciones con diferente matiz para conseguir contraste tonal, varias secuencias hasta que conseguí una que me gustó, pero el cielo seguía carente de interés. Unos minutos más tarde jugaba  con el desenfoque del reflejo del sol en el suelo fangoso de la marisma, esos tonos azulados y los puntos de luz me recordaron al cielo nocturno ¡tachán! ya sabía cual era la pieza final para la imagen multiexpuesta.

 

       No estaba preparado para hacer la foto, diez intentos y no conseguía superponer en el cielo los reflejos del sol en el agua. Era evidente que no era posible no superponer el rudimentario "Tori tarraconense". Repasando estos días fotos antiguas para continuar completando mi herbario fotográfico encontré estas fotos, rápido vinieron a mi mente las sensaciones de aquella mañana, como parecía estar sumido en un sueño mientras trataba de crear algo con lo que sorprenderme a mi mismo, pero que a la vez brotaba de mi subconsciente ¿es posible? sólo si crees que se puede soñar despierto.


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Taller de iniciación a la fotografía de naturaleza

 

    El primer fin de semana de febrero impartiré un taller de iniciación a la fotografía de naturaleza. Este curso está dirigido a alumnos que deseen iniciarse en la fotografía, aprender a manejar su cámara y poder sacar el máximo provecho a su equipo. El taller, que cuenta con una parte práctica y otra teórica de dividirá entre cuestionarios on-line, talleres prácticos y clases teóricas en el aula.

 

     Organizado por el Centro Integrado de F.P. Lorenzo Milani (Salamanca) https://www.fpmilani.com/ - este taller se engloba en el conjunto de cursos profesionales que cada año ofrece el centro para complementar su formación académica y, por lo tanto, los alumnos que realicen el taller, recibirán el correspondiente diploma acreditativo. 

 

Fechas: 1, 2 y 3 de Febrero

Lugar: Centro Integrado de F.P. Lorenzo Milani,

Aldehuela de los Guzmanes s/n CABRERIZOS (Salamanca)

Horas lectivas: 20 (6 on-line y 14 presenciales)

Precio: 55 €

Plazo de inscripción: hasta el 28 de enero

Programa: 

- Principios de la fotografía digital

- Equipo y material fotográfico

- Disciplinas fotográficas de naturaleza

- Principios del lenguaje fotográfico y la composición

Horario:

Viernes: de 17 a 19 presentación y clase práctica, de 19 a 21 clase teórica.

Sábado: de 17 a 19 clase práctica, de 19 a 21 clase teórica.

Domingo: de 8 a 16 clases teóricas y prácticas con paradas para descansar.

 

Más información: pablo@pablossanchez.com

 


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Mis 9 favoritas del 2018

 

 

      Hay tradiciones que tienen un sentido, otras que se hacen por rutina, unas que surgen y otras que te "obligas" a seguir. Me pregunto como encajaríamos en este contexto los que hacemos una recopilación de fotos anuales. Me gusta echar la vista atrás y volver a vivir las experiencias fotográficas del año, en cierta medida, volver a repasar todas las fotos de las salidas y viajes del año me traslada de nuevo a esos lugares y momentos fotográficos.

 

     Aunque mi gran pasión es el paisaje natural, esta disciplina fotográfica, entendida en un sentido estricto, se me queda pequeña y últimamente, estoy encontrando cierto estímulo al explorar más allá de sus límites creativos. Me he dado cuenta que ha sido un año en el que he roto mi molde y he comenzado a expandirme en varias direcciones aleatorias: conceptualismo, paisaje nocturno, blanco y negro, imagen digital, paisaje urbano y humano... Y un claro ejemplo de esto son estas 9 fotos que recojo aquí, faltan algunas, pero creo que aquí se encuentran las más representativas de lo que he hecho este año.

 

     Arriba, izquierda: reflejos en un charco junto al río Batuecas. Tras pasar el día entero fotografiando lo que veía, al final del día, cuando la luz comenzaba a escasear cambié a 50 mm, blanco y negro, y dejé que los conceptos fluyeran. Arriba, centro: flores de erizón en la sierra del Espinazo. Mi hogar, he fotografiado tantas veces en esta localización que el perfil de roca de ese "hombre" lo considero casi familiar. La delicadeza de la luz al pasar sobre la mole de roca y el modo en que iluminaba las flores de erizón me pareció una foto muy significativa para mí. Arriba, derecha: Almanzor al amanecer. Un lugar con el que trato ser fiel a una cita anual. Es una localización trabajada a lo largo de los años, sólo hay que buscar un buen primer plano en la nieve y el hielo... y listo. Centro, izquierda: sierra del Espinazo al atardecer. Son tantas veces las que he podido disfrutar de esa perspectiva de la sierra, ya que es el camino que tengo que recorrer para llegar a otras localizaciones, pero nunca he visto una luz tan cautivadora como la de aquella tarde de tormenta. Centro, centro: nubes y estrellas en Bardenas. Por "accidente" tuve que pasar la noche allí, suerte que pude dormir en el coche. No me resigné a mi suerte y aproveché para hacer algunas fotos del cielo que me acompañaba. Centro, derecha: cabra y nubes de tormenta en Gredos. Esta foto es el claro ejemplo en el que eliminas el color para darle protagonismo al sujeto, los elementos y a la fuerza que pueden llegar a transmitir. Abajo, izquierda: vista de la acrópolis ateniense durante la hora azul. Uno de los ejemplos de paisaje urbano que he realizado este año. La ruina, un motivo tan melancólico y romántico ofrece a la fotografía de paisaje un motivo realmente atractivo si, como he dicho anteriormente, te atreves a romper tu molde y practicar otros tipos de fotografía. Abajo, centro: erizones del Espinazo al atardecer. Un ejemplo de imagen digital no obtenida en cámara y que, con la tecnología con la que podemos contar hoy en día no podría terminarse en la propia cámara. Aunque no soy asiduo a este tipo de imágenes y confío en que la fotografía es una expresión que se manifiesta a la hora de apretar el disparador y no delante de la pantalla del ordenador, encuentro divertido dar vida a alguna de estas imágenes. Abajo, derecha: iglesia de la ensenada de Barro. Esta idílica escena me llamó la atención desde el primer momento en que la vi hace unos años, una nueva visita a Llanes y la compañía de un amigo fotógrafo eran la escusa perfecta para volver. 

 



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Una nueva etapa

Una foto para el recuerdo, uno de los tantos momentos que he pasado con compañeros de AEFONA. Tras cuatro años en la junta directiva de la asociación de fotografía de naturaleza más importante en nuestro país dejo a un lado el papel activo en la gestión para abrir una nueva etapa.

Hablaría de las dificultades, de los malos momentos, los problemas asociados a la labor que he desempeñado estos años, pero eso ha quedado en el olvido, me quedo con momento como en el que se realizó esta imagen: encuentros de socios en los que la naturaleza y la fotografía son el hilo conductor, pero al final lo que surge es la amistad con personas con las que compartes esta pasión.

No quiero dejar a nadie en el tintero, no es necesario citar ni dar agradecimientos a aquellos que ya saben lo que me han marcado en estos años. Dejo atrás la actividad en la gestión de la asociación pero no a las personas que considero compañeros de fotografía y amigos de verdad. Nos vemos pronto, seguramente en el campo, con una cámara entre las manos.


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Fotografiar sensaciones

     Amaneció Soto de Sajambre con una fina capa de nieve sobre los tejados. Una mañana fría en la que la niebla cubría las cumbres circundantes de Picos de Europa. Salimos a pasear mi mujer y yo por el camino que lleva a Vegabaño con la certeza de que no tardaría mucho en volver a llover o incluso a nevar. La pendiente del primer tramo mitigaba el frío y el entusiasmo de los que llevan una temporada sin recorrer la naturaleza nos hizo ignorar la lluvia.

     A medio camino, cuando se cruza el río Agüero, encontramos unos prados que, cada vez que he pasado por allí me han parecido uno de los paisajes más idílicos de la zona. La nieve cubría la superficie de hierva y sobre las laderas las hayas oscuras sin hojas, hojas aquí y allá, las últimas pinceladas de un otoño que, tal como nos habían contado en el pueblo, había sido mucho más corto de lo habitual.

     Lo que había sido una lluvia ligera durante la mañana se intensificó cuando recorrimos estos prados, notábamos que estábamos calados y el frío comenzaba a colarse en los abrigos. Fotos aquí y allá, pero me llamaron especialmente la atención las ramas y troncos de las hayas que contrastaban con el cielo gris. No conseguía mantener la lente limpia y la lluvia terminó por ser mi aliada, colocando la única zona limpia para dejar nítido uno de los árboles bajé la temperatura de color para dar predominancia a los tonos azules. Al final conseguí una fotografía que cada vez que la vuelva a ver me traslada a aquella fría mañana en los bosques de Soto de Sajambre.


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Torbellinos

    Parece que cuando el verano llega a su fin comienza a reavivarse la llama fotográfica de nuestro interior, en mi caso es algo distinto. El título de este artículo puede parecer que sea a propósito de la imagen que lo ilustra, pero no es así. Creo que cuando llevas unos años practicando la fotografía, ya sea como aficionado, profesional o realizando algunos encargos llegamos a un punto en el que de repente deja de tener sentido todo lo que haces. 

 

     Una mezcla de presión por trabajos fotográficos pendientes, el no cumplir con los objetivos que yo mismo me había impuesto y una situación personal y emocional que no era favorable para desarrollar nuevos proyectos fotográficos han hecho que haya pasado una mala época. Un torbellino de emociones que me han llevado a una situación casi de odio de la fotografía de paisaje.

 

     Aún sabiendo que era algo pasajero no podía evitar sentir rechazo cada vez que me planteaba volver a coger la cámara. Hasta que poco a poco he ido casi obligándome a trabajar en la planificación de un viaje. Un sueño que siempre quise cumplir, pasar 15 días en pleno otoño de bosque en bosque. Tras varios años con ese deseo en mente pero con la frustración de saber que no lo voy a poder cumplir, parece que al darse las circunstancias que me permitían hacerlo dejó de carecer de sentido y perdió todo el interés para mi, hasta hace poco.

 

     El año pasado estuve en Urederra y estos torbellinos de hojas (Whirpools como los llamaba aquellos días) representan muy bien lo que muchos sentimos sobre la fotografía de paisaje. Remolinos de emociones, de sentimientos, todo es caos, quiero y no puedo, puedo pero no quiero... pero tras todas estas ideas subyace la absoluta calma, esa que sentimos cuando notamos fotografiamos y el tiempo se detiene al sumergirnos en nuestros propios pensamientos.


 

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Monstruos de flores

     Hay floraciones de plantas que tienen un especial interés para la fotografía de paisaje. Son conocidas por los fotógrafos de paisaje de medio mundo las floraciones de Lupinus en Nueva Zelanda y el noroeste de EE.UU., el tajinaste canario, los bluebells de los bosques del centro de Europa... la lista es tan amplia como atractiva.

     Pero hay una floración que pasa casi desapercibida para los que fotografiamos paisaje: la del erizón. El erizón, es una leguminosa que crece en zonas montañosas bajo condiciones que a duras penas pueden soportar otras especies vegetales. En invierno el viento, el hielo y las temperaturas bajo cero no suponen un problema para su supervivencia, pero al llegar el verano tienen que resistir temperaturas extremadamente altas y largos periodos sin lluvia.

 

     Suelen crecer pegados al suelo, achaparrados y encogidos, formando colonias de cabezas redondeadas. Suelen ser espinosos y tacto áspero y basto, pero todos los años ofrecen un espectáculo de singular belleza que puede ser muy interesante para aprovechar el atractivo de un paisaje. La floración de las diferentes especies de Echinospartum se produce en diferentes momentos del año en función de la latitud y de la especie, no tanto de la altitud, pues suelen crecer en lugares de características muy similares y, por lo tanto, la floración de las colonias de determinadas sierras suele ser más o menos simultánea.

 

     Estos arbustos cuentan con una floración muy abundante, las brácteas y bracteolas que esconden las flores antes de que se produzca la floración están recubiertas de pelos blanquecinos que le dan a la planta un aspecto misterioso, cubierto por motas blancas, unas semanas más tarde emergen las flores y los arbustos se recubren de flores amarillas ofreciendo un auténtico espectáculo que es sin duda un auténtico regalo para los que fotografiamos paisaje. 

 

     He elaborado un mapa con la distribución del erizón en la península. Los colores representan las diferentes especies. La floración comienza ahora, a finales de junio y se alargará hasta finales de julio. Personalmente he fotografiado y conozco algunas colonias de Echinospartum ibericum en el oeste del sistema central. Si sirve como referencia, florecen a principios de julio y el clímax suele producirse a mediados de julio.

 

     Espero no faltar a mi cita anual con los erizones este año, fotografiaré una de las colonias que más atractivas me parecen y, como otros años, buscaré los lugares más coloridos para encontrar buenos puntos de vista en los que encuadrar otras colonias.



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El día que hice líneas en la arena

     Hace poco más de un mes estuve pasando el fin de semana con compañeros de AEFONA (Asociación Española de Fotógrafos de Naturaleza), durante ese fin de semana, además del tiempo necesario para las reuniones de trabajo de la asociación encontramos hueco para fotografiar.

 

     Lo cierto es que a priori la zona del delta del Ebro no me llamaba mucho la atención, suelo preferir paisajes más montañosos y salvajes. Al llegar inmediatamente nos llamó la atención a Sergio Marijuán, con quién compartí viaje, y a mi la cantidad y diversidad de aves. Habíamos quedado en un muelle para fotografiar el atardecer y antes de llegar tuvimos que parar dos o tres veces para ver y tratar de fotografiar algunas especies que uno u otro no habíamos visto nunca.

 

     El viernes, al llegar al punto de reunión, reencuentro con grandes amigos y compañeros de AEFONA, la luz caía y rápidamente montamos el equipo para comenzar a fotografiar. Me encontraba ante un par de muelles destartalados, una barca destrozada a medias de hundir, bastante basura... nunca hubiera imaginado que pudiera llegar a tener ganas de fotografiar en un sitio así, pero lo hice y traté de obtener imágenes con un toque de creatividad.

 

     Los días siguientes fueron una sucesión sesiones de reuniones, charlas de sobremesa y algunas sesiones de amanecer/atardecer. Durante las salidas para fotografiar que realizamos, en todas las ocasiones, me encontraba en localizaciones que no me parecían fotogénicas, que no tenía preparadas, con cielos demasiado despejados... esto hacía que me encontrara en un lugar para fotografiar, sin sentir esa necesidad/presión de conseguir una buena foto de ese lugar, sin prisa, sin encontrar que el "momento" me pudiera aportar algo especial... esta situación hizo que me planteara fotografiar de un modo que no había hecho hasta entonces.

 

     Después de un mes, cuando por fin he encontrado tiempo para dar un repaso a las fotos de aquellos días, he llegado a la conclusión de que fotografiar en aquellas condiciones hizo que involuntariamente experimentara y probara nuevas técnicas y propuestas visuales. De las técnicas hablaré en otra ocasión, pues estoy preparando algo más técnico (valga la redundancia) y extenso para El Paisaje Perfecto, pero casi sin darme cuenta me vi fotografiando decenas de imágenes abstractas creadas a partir de las formas que había en la arena de la playa. Comencé con una textura y la luz rasante, la sugerencia de las formas y la curiosidad me llevaron a crear esta serie en poco más de una hora.

 

     Esta serie la podéis encontrar en la sección de galerías, es muy sencilla y tal vez no sea visualmente muy impactante, pero a riesgo de ser grosero diré que es mi web y pongo lo que me gusta. Me recuerda aquellos días, me ayuda a mantener un vínculo con aquellos días, un momento muy especial de creatividad. 

 



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El hallazgo fortuito

     Han pasado tantos años que ni los recuerdo. Tal vez 15, tal vez 17. En aquellos años en los que comenzaban a extenderse las cámaras digitales salía al campo con una Nikon compacta, atención: ¡De dos megapíxeles!

 

     Mis aspiraciones creativas en fotografía eran nulas, sólo diversión y documentar aquello que encontraba en la naturaleza que me llamara la atención. Un milano por aquí, un campo de tomillos florecidos por allá, posando junto a un gran castaño para que se vea lo grande que es el tronco... así pasaban mis esporádicas jornadas fotográficas.

 

     Recorría una pista en bicicleta, con mi Nikon compacta en el bolso del bastidor, paré a un lado porque algo me llamó la atención en el robledal. Desconozco qué pretendía capturar pero si recuerdo que era un caluroso día de finales de primavera y el sudor de las manos hizo que se me resbalara la cámara en el momento que disparaba. Y llegó el hallazgo fortuito.

 

     Por suerte la cámara no cayó al suelo, tenía la costumbre de ajustarme la correa de muñeca cada vez que la cogía. Ni me molesté en ver qué había salido, disparé otras dos o tres, guardé la cámara y continué mi camino. Cuando vi la foto en la cámara, al llegar al casa, mi primer impulso fue borrar la foto que había quedado movida al caerse la cámara pero me llamó la atención el remolino central ¡qué casualidad que al caer la cámara girara sobre si misma en el momento de disparar! Me gustó mucho.

 

     A este tipo de descubrimientos fortuitos es lo que se le está llamando hoy en día serendipia, hablo un poco de ello en un artículo de El Paisaje Perfecto (www.elpaisajeperfecto.com/el-factor-suerte-en-fotografia-de-paisaje). Pero no nos engañemos que podemos seguir llamándolo chiripa, potra, coña, chorra, chamba... que nos da lo mismo, si la llego a haber borrado de nada me hubiera servido haber capturado esta foto de chiripa.


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El amor está en las rocas

     Encontrar formas sugerentes entre las paredes de roca arenisca de Jaizkibel es algo común a los que visitamos este lugar, pero conseguir captar este corazón no es fácil. 

 

     El corazón aparece desfigurado pues el lado derecho es mucho mayor que el izquierdo. Tras varias pruebas comprobé que el único modo de que ambos lados tuvieran un tamaño similar en la foto fue con la técnica del "zooming". Esta técnica además le aporta un aspecto misterioso al resto de la imagen al deformar y dejar velados las cavidades de la roca que rodean la formación central. 

 

     Hace ya más de un año que tenía esta foto perdida por el archivo pero parece que hoy, en el día de San Valentín, está todo permitido en este sentido: tanto una imagen figurativa en la que el elemento central es un gran corazón como que para que representarlo haya utilizado la técnica del "zooming", tan odiada en nuestros días.

 

     Si no conoces el monte Jaizkibel te animo a descubrirlo pues es un paraíso para la fotografía tanto abstracta como figurativa; si lo conoces es muy probable que entiendas qué quiero decir con el título, pues es difícil no enamorarse de un lugar así y, por eso, el amor está en las rocas. Conoce más información sobre Jaizkibel y la problemática ambiental a la que se enfrenta a través del proyecto Jaizkibel Amaharri.



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Mis 9 favoritas del 2016

 

     Con la mente puesta en los viajes y escapadas fotográficas de 2017 hago una pequeña recopilación de las imágenes que he publicado aquí a lo largo del pasado año. Nunca he sido partidario de hacer este tipo de recopilaciones ya que no le veo utilidad desde el punto de vista fotográfico, sin embargo, parece que la satisfacción a la hora de reunir estas imágenes sea más personal que útil para mejorar fotográficamente.

 

     Y hago reflexión de los sitios que he visitado que, sin ser algo excepcional, me ha permitido capturar varias imágenes que creo que reflejan a la perfección mi pasión por recorrer espacios naturales acompañado por mi cámara. Gredos invernal y otoñal, Camboya, bosques asturianos, las cuevas de Urbasa, las Quilamas, Urederra y muchas salidas por la sierra del Espinazo entre las provincias de Cáceres y Salamanca. En años anteriores estas escapadas puede que hayan sido más diversas, sin embargo, 2016 ha sido el año del herbario fotográfico y, hasta Mayo, he tenido una dedicación casi exclusiva para recopilar las fotografías de 125 especies diferentes de plantas, toda una experiencia muy satisfactoria pero que no me aporta fotos exclusivas que mostrar aquí.

 

     Espero que os gusten, gracias por tu visita. 

 



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Todo es cuestión de una hora

     Hace tiempo me prometí que no volvería a recorrer "mi sierra", la sierra del Espinazo si no esperaba nubes. Salvo circunstancias excepcionales en las que florecieran los erizones (Echinospartum ibericum), algunas escobas (Cytisus sp.) e incluso los jacintos (Hyacinthoides hispanica) que cubren algunos prados, tenía claro que repetiría fotos que ya he hecho con cielos despejados. Hace unos días se me planteó una situación nueva, aunque la predicción era que no hubiera nubes en el momento de amanecer me arriesgué.

 

     En la propia localización, en el momento de amanecer encontré con que el cielo estaría completamente despejado, unos 20-30 kilómetros al norte habría alternancia de nubes y claros, lo mismo unos 15-20 kilómetros al sur ¿cómo podría existir tal grado de precisión? decidí salir de todos modos y la predicción acertó de lleno. Cuando comenzaron a llegar las primeras luces, un cielo completamente azul sustituyó a una bóveda repleta de estrellas, sin luna, cuya tenue luz, en una noche tan oscura me maravillaba y me permitía intuir el camino cuando apagaba el frontal. Amanecer desastroso.

 

     A principios de octubre y con las lluvias otoñales pendientes el atractivo de estas montañas de granito no se encuentra en su mejor momento. Las fotos que pude realizar de primera hora trataron de resaltar los volúmenes aprovechando la luz horizontal, pero todo quedó en intenciones. A medida que fue avanzando el amanecer, una hora después, tal como marcaban las previsiones las nubes comenzaron a llegar.

     Parece que todo fue cuestión de una hora, el tiempo que necesitaron las nubes para recorrer los 20 kilómetros desde el norte, pero también la hora que yo necesité para desandar parte del camino desde la localización elegida y, casualidad, en el momento en que las nubes entraban, pasé por la localización que he intentado fotografiar tantas veces y de la que ya he hablado aquí:

 

www.pablossanchez.com/a-la-tercera-no-va-la-vencida/

 

    No pude resistirme a añadir otra imagen a la colección, esas nubes altas polarizadas con el sol todavía aceptablemente lateral me dio una imagen que, lejos de encontrarse entre las que más me gusta, me hizo soñar con una situación: ese mismo lugar, esas mismas nubes, pero en el momento del amanecer, cuando la luz rosada de esos cirros lo inunden todo. Siempre encuentro una buena excusa para volver.


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Primeras pinceladas de otoño

 

     Hace unos días pasé junto a un arroyo poblado de lirios, en esta época del año no tienen flor, pero me pareció atractiva la disposición de las hojas: cintas que se superponían en diferentes direcciones. Cuando pasé por allí hacía unos minutos que se había puesto el sol y la bóveda celeste reflejada en las cintas me pareció que podía añadir un plus de atractivo a la escena.

 

     He vuelto hoy, a la misma hora, y un perro había hecho de las suyas, había cruzado por las cintas para darse un chapuzón. Los tallos de los lirios estaban tumbados y descolocados, habían perdido su atractivo. Intenté varias tomas en vano, rápidamente una rama de fresno, que había adquirido tonos dorados me llamó la atención. Me olvidé de las cintas y me centré en el fresno.

 

    Cuando tenía la composición que más me gustaba había obviado dos detalles, que había poca luz y que soplaba una ligera brisa. El tiempo jugaba en mi contra: cada vez había menos luz y la exposición debía ser más larga lo que aumentaba las posibilidades de que una brisa moviera las ramas. Me alié con el enemigo.

 

     Desmonté del trípode y encuadré esta rama, que recibía la luz crepuscular de lleno, contra la zona de las cintas, que quedaba a oscuras al fondo del arroyo. Hice pruebas moviendo la cámara, acompañando mis movimientos con los del viento... hasta que el pulso me temblaba de agotamiento. Acabo de llegar a casa y esta es la que más me ha gustado, aunque el verano se niegue a abandonarnos, el espíritu otoñal ya se ha instalado en mi.

 



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Mirando a Gredos

 

     En estos días he estado repasando mi archivo para buscar algunas imágenes realizadas en Gredos y me sorprende ver la cantidad de fotos que son descartadas a priori pero que pueden ser interesantes.

 

     El año pasado en junio hice una gran ruta por estas rudas montañas, en un primer momento sólo me pareció aceptable una imagen del atardecer con el Cabeza nevada de fondo y en primer término un gran Scoparius en flor (podéis encontrar esa foto aquí).

 

     He vuelto a repasar las fotos de ese día y me he encontrado con más de una que merece la pena. Una de ellas es esta en la que en primer término encontramos flores de Echinospartum desenfocadas, en el plano principal este joven macho de Capra pyrenaica y de fondo las más altas cumbres del macizo central de Gredos. He querido rescatar esta imagen, que lejos de contar con las cualidades de momento y encuadre que suelo buscar, es sin duda una foto muy "redonda". Espero que os guste.



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Inspiración al óleo

 

     Hace unos días me enteré que se mostraría esta interesante exposición en mi ciudad, no dudé en visitarla en cuanto tuve ocasión. Tanto el título como la temática me llamó mucho la atención: naturaleza, luz, paisaje... con estas palabras voy como las abejas a la miel.

 

      Pero a llegar allí me sorprendió mucho más de lo que esperaba: por una parte la serenidad que me transmitían aquellos escenarios era casi sublime, pero por otro lado encontré muy interesante la técnica que había empleado el autor para realizar aquellas obras. Dominan las salpicaduras al estilo Pollock que se funden para crear unas degradaciones de color visualmente muy atractivas.

 

     Al llegar a casa no pude resistirme a coger el "flyer" y consultar más info sobre el autor, y lo que más me llamó de este pintor vallisoletano es que realiza muchas de sus obras al aire libre, pero observar detenidamente esos paisajes tranquilamente en el ordenador me llenó de inspiración y me animó a continuar con una serie que tengo abandonada hace bastante tiempo.

 

     Siempre me ha parecido interesante la influencia que puede llegar a ejercer la pintura sobre la fotografía de paisaje, principalmente cuando buscamos caminos que se apartan de lo meramente representativo. Esta exposición es de lo más interesante en este sentido que he visto últimamente. Si tenéis oportunidad, os recomiendo visitarla.       

 



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Perfil femenino

     En estos días se está enviando a impresión las fotografías que compondrán una exposición sobre Jaizkibel. Esta compilación de imágenes es el fruto de la colaboración entre la asociación Jaizkibel Amaharri (www.jaizkibelamaharri.org) y AEFONA. Esta colaboración comenzó hace un año con la organización de un gran encuentro de fotógrafos para promover la conservación de este lugar a través de la fotografía.

     Estuve muy atareado con las labores de coordinación del encuentro pero durante la visita principal de aquellas jornadas, en las que hicimos un recorrido por las geoformas más famosas del valle de Labetxu, encontré hueco para fotografiar de vez en cuando.

     Esta imagen la realicé aquel día. Aunque instintivamente tiendo más a la abstracción que a lo figurativo, estas suaves curvas de color en la roca arenisca me revelaron un perfil femenino; y es que, aunque te resistas, la magia de las formas, tonos y colores que encontramos en los abrigos de Labetxu nos pueden hacer volar la imaginación y surgir un instinto fotográfico que nos permita encontrar pequeños tesoros escondidos.

     Queda menos de un mes para que volvamos a reunirnos en un nuevo encuentro de fotografía orientado hacia la conservación, en este caso nos reuniremos en el parador de Villanueva, en Cangas de Onís (Asturias) para que los asistentes puedan disfrutar de unas jornadas conociendo en profundidad qué es el bosque atlántico, a qué amenazas se enfrenta y teniendo la oportunidad de visitar algunos rincones mágicos en los bosques mejor conservados de esta región. Si quieres saber un poco más o te gustaría asistir te invito a que visites la página de inscripción que hemos habilitado desde AEFONA:

 

Inscripciones para el III Encuentro AEFONA de conservación: El bosque atlántico



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Destino Camboya

    En un momento parto hacia Camboya. Será un viaje complicado, me esperan casi treinta horas de viaje, dos escalas, cambios horarios, aduanas... pero lo que me espera allí creo que bien merece la pena.

     La primera vez que vi Angkor me fascinó, creo que le suele ocurrir a muchas personas, esos templos en ruinas en medio de la selva son un motivo tan romanticista y atractivo que pocos pueden resistirse a ello.

     Nuestra primera idea era ir a China, pero nos faltaban días para ver todo lo que habíamos planeado y preferimos posponerlo para la siguiente ocasión. Con el gusanillo de Asia recorriéndonos las venas nos decidimos por Camboya.

     Fotográficamente el principal atractivo son los mencionados templos de Angkor, para prepararme he comparado el maravilloso libro de Michael Freeman "Acient Angkor", con unos años a sus espaldas pero continúa siendo una maravilla. Además de contener información esencial sobre la historia y características de las construcciones que nos podemos encontrar allí, el autor nos ofrece una serie de "vistas" esenciales, las postales que todos queremos conseguir. Adicionalmente he preparado un mapa detallado de la zona en "Oruxmaps" al que le he cargado una capa con localizaciones estudiadas por mí, ahora solo falta que la luz acompañe. 

     Además de Angok tengo planeada la visita a unos arrozales en el centro del país, un paisaje de ensueño en medio de un entorno rural precioso, y para finalizar visitaremos la isla de Koh Rong Samloen, un destino exótico que además de contar con unas playas vírgenes posee una masa forestal selvática en la que perderse en estos días de monzón e incluso poder fotografiar algún Buceros bicornis por la mañana.

     Trataré de compartir alguna experiencia sobre la marcha a través de mi cuenta de twitter: @PabloSanchezEPP o en facebook: https://www.facebook.com/pablosanchezfoto/



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Soñando con plantas

    Llevo unos meses completamente absorto (fotográficamente hablando) en la realización de un herbario fotográfico. Te preguntarás ¿qué es eso? muy sencillo: fotografiar, identificar, localizar, maquetar... más de cien especies diferentes de plantas. Para realizar este trabajo he tenido que comenzar desde unos conocimientos básicos, tanto de flora como de fotografía de este tipo, pues no se trata de hacer una foto bonita de una planta, sino también que en la foto puedan apreciarse los rasgos característicos que pueden ayudarte a identificar esa especie.

 

     Muchas horas muertas entre herbazales hace que con esfuerzo, paciencia y mucha suerte encuentres algún que otro regalo. Esta imagen es una muestra de ello: mientras fotografiaba un flamante ejemplar de Fumaria officinalis esta mosca rondaba hasta que se posó boca abajo en uno de los ramilletes, lo dicho, un regalo.

 

     Llevo siete meses escudriñando los campos en busca de floraciones o frutos que puedan hacer identificables las especies, espero que en unos 15 días tener todo listo para entregarlo y, a mediados de junio poder publicar los resultados.

 

     Ahora son las fechas más importantes, cuando estamos en el clímax de floraciones y cuando puedo recopilar algunas de las especies más bellas, de hecho, en cuanto termine de escribir cogeré la cámara y tengo localizadas tres especies, entre ellas una orquídea, que tenía en mente desde hace tiempo.

 

     No voy a cambiar el paisaje por la flora pero, de verdad, tanto fotografiarlas como identificarlas se ha convertido para mi tanto en una afición que tengo pensado continuar más allá de este trabajo.



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Las pinturas de París

     Hace unos días me topé por casualidad con un tuit que hacía referencia a una serie de pintores que podían ser inspiradores para los que fotografían paisaje. A pesar del título prometedor, aquel artículo no profindizaba nada nuevo, simplemente que había cualidades de la pintura que podían ser tomadas como referencia e inspiración. 

     Mientras voy concretando los detalles del viaje que realizaré este año a Asia, me viene a la mente el que realicé a París el año pasado. De la ciudad de las luces me sorprendieron muchas cosas: la belleza de sus calles, las hordas de turistas, sus precios... pero también la increíble riqueza de sus museos.

     Llevaba en mente visitar Louvre y Orsay con la intención de sentir en primera persona esa sensación indescriptible que me invade cuando estoy ante las grandes obras maestras de Rafael, Delacroix, Leonardo da Vinci, Monet... pero también sentía curiosidad por ver algunas obras de grandes pintores cuya temática se centraba en el paisaje.

     Aunque he estudiado la obra de los pintores de la Hudson River School, lo cierto es que en los autores europeos apenas he profundizado. Es una suerte que te acompañe una enciclopedia de arte "animada" (mi mujer es profesional del sector) y recibir clases sobre la escuela de Barbizon, el paisaje romántico y autores concretos in situ, delante de las propias obras. 

     Aunque esperaba que los paisajes que más me impactaran fueran los de los autores más conocidos, lo cierto es que los dos cuadros que más me gustaron fueron de dos totalmente desconocidos para mi hasta aquel momento: Díaz de la Peña y Biard.

 



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Iluminando la cueva

     Hoy no voy a compartir una fotografía, creo que hay cosas que una imagen no puede mostrar, y este caso es la secuencia que muestra cómo iluminamos una cueva para fotografiarla. Hace unos días entré a las profundidades acompañado por mi mujer y dos fieras de este campo: Javi y Alberto de Photo&Speleo.

 

     Los cuatro descendimos hasta esta preciosa cueva navarra para pasar el día fotografiando y disfruté como un enano. La sesión no fue muy productiva para mí, especialmente si trato de comparar los resultados con los de Alberto y Javi, que llevan muchos años en esto. Lo cierto es que me quedo con momentos en los que desde los mandos de la cámara, y ellos iluminando con flashes y linternas, tratábamos de capturar el encanto de ese mundo subterráneo. 

     No encuentro palabras de agradecimiento: me han guiado, acompañado, aconsejado, iluminado... pero igualmente tengo que decir que gracias de todo corazón a Javi y Alberto por este día fantástico. Estoy empezando a preparar un artículo completo sobre esta disciplina fotográfica para darla a conocer a los lectores de www.elpaisajeperfecto.com - muy pronto lo tendréis en el blog.



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Las mejores luces de mi vida

 

     Llega un día en el que decides darle una vuelta de tuerca a tu modo de fotografiar y planeas salir mucho antes del amanecer, ubicarte en un lugar concreto tras caminar varios kilómetros en la más profunda oscuridad. Hasta entonces la fotografía simplemente me encantaba; aquellas luces del 10 de octubre de 2012 me cambiaron para siempre, en ese momento supe que la fotografía se convertía en una pasión que me acompañaría toda mi vida.

 

     Hasta hace pocos días nunca había tenido la ocasión de repetir una situación que se asemejara a la de aquel amanecer de otoño. Cientos de salidas en playas, montañas, desiertos, humedales... en ningún lugar de ningún país había encontrado una situación que estuviera a la altura.

 

     De una de mis últimas salidas por "mi hogar" fotográfico, la sierra del Espinazo, me quedó pendiente probar una localización. De manera muy casual hace unos días fui exclusivamente a ubicarme en un punto que había localizado en la anterior salida para probar qué pasaba con el sol en estos días, una posición avanzada hacia el solsticio de invierno. Lo más probable es que no hubiera salido a hacer fotos, que aquella tarde no hubirrs estado allí, pero el destino quiso que otro espectáculo de luz inigualable se presentara ante mi cámara.

     

 

     El sol se coló entre un pequeño hueco en las nubes para iluminar la atmósfera cargada de humedad del valle. Un espectáculo que tiñó de naranja las montañas durante menos de un minuto ¡si! tuve menos de un minuto hasta que el sol se volvió a esconder para no volver dejarse a ver aquel atardecer. Aunque hay ocasiones en las que he presenciado espectáculos de luz más increíbles que este, no había tenido ocasión de fotografiarlos.

 


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El mundo desde una perspectiva etérea

 

     Cuando hace tan mal tiempo que la mayoría de las personas, con capacidad para razonar, se quedarían en casa, es cuando surgen las mejores oportunidades fotográficas. Hace 6 años ni siquiera hicimos cálculos del panorama metereológico que nos íbamos a encontrar, sólo sabíamos que haría muy mal tiempo, pero la experiencia nos decía que surgían buenas oportunidades. 

 

     Llegamos al risco de La Torrita poco antes del amanecer, no había dejado de caernos agua durante la hora y media que tardamos en llegar desde el coche. Con las primeras luces, a pesar del chubasquero, estaba empapado, más incómodo que un gato en la bañera. Todo se olvidó cuando apareció ante nosotros aquel espectáculo irrepetible, incluso nos olvidamos de hacer fotos. Llevábamos una idea en la cabeza pero la razón desapareció y comenzamos a disparar  con el teleobjetivo a los jirones de niebla que parecían jugar al escondite entre las montañas. El puntito rojo a la derecha del risco soy yo:

     

 

     Hace unos días encontré una situación parecida. El mal tiempo me motivó a fotografiar un bosque de hoja caduca en plena otoñada, pero antes de que la luz llegará decidí asomarme al amanecer a un alto para ver si con el mal tiempo se producía el milagro de la luz. Las condiciones de esta mañana me recordaron a las de hace 6 años y disparé con la misma perspectiva que aquel día. Al repasar las fotos encontré un nexo, no sólo estilístico sino también emocional, con una pequeña diferencia: hace 6 años aquellas fotos quedaron olvidadas en el disco duro, sabía que eran buenas pero ahí quedaron. Ahora, con más experiencia, he podido mezclar las fotos de ambas sesiones para dar vida a la serie más "madura" desde que tengo una cámara entre las manos, bienvenidos al planeta etéreo: 

 


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Ser rico no es sólo tener dinero

 

     Esta foto no es más que puro "postureo" pero hay veces que me encaja una persona en algunos paisajes, humanizarlos para transmitir algunas emociones que el paisaje por sí mismo no puede. Hace unos días, mientras fotografiaba estos riscos me encontraba realmente satisfecho, por una parte por volver a la sierra del Espinazo tras una temporada sin ir por allí y por otra por encontrar una nueva localización para fotografiar. 

 

     Sentir satisfacción por llevar unos meses sin ir es comprensible, pero ¿por encontrar una nueva localización? pensaréis que el mundo está lleno de lugares que aún no han sido fotografiados, al menos desde una perspectiva artística-paisajística. En esta sierra he recorrido más de 300 km en los últimos 8 años, más de 40 salidas fotográficas; no es que lleve la cuenta pero hace unos días, tras subir la ruta de la última salida marqué la opción de visualizarlas todas en el mapa y me sorprendió la cantidad de veces que he pasado por algunos sitios, dejo foto:

     

 

     En definitiva, estaba fotografiando estos riscos y, como he dicho, me sentía tan satisfecho que estaba absolutamente convencido que, al menos en ese momento delante de aquellas rocas, con mi cámara y el sol asomando entre las montañas no necesitaba nada más para ser feliz, me creía la persona más rica del mundo. Entonces comencé a pensar que, la riqueza es algo objetivo, es rico el que posee bienes materiales, pero ¿existe alguna definición para esta sensación? ¿es algo puramente objetivo? o ¿una persona que tiene más de lo que necesita es rica? 

 


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Huele a otoño

 

     De todas las estaciones la que me despierta más escandalosamente de mis letargos fotográficos es el otoño. Para mí es una estación casi mágica en la que el silencio y la paz del bosque te envuelve entre humedad, luz y una pequeña explosión de vida antes de la llegada del crudo invierno. Todas las salidas fotográficas que más me han marcado, en un modo u otro, siempre se han producido en otoño. En el centro de la península el verano no ofrece muchas posibilidades, pero con la llegada del otoño llegan los colores a los bosques caducos, las primeras lluvias transforman el paisaje semiárido y el solsticio cambia la posición del sol para ofrecer una luz especial que se transforma en un espectáculo de luz al amanecer y atardecer.

 

     Repito localizaciones en esta época: Garganta de Bohoyo, Bosque de la Honfría, El Tiemblo, Ogesto... en Urbasa he estado en varias ocasiones, pero nunca en la zona del laberinto de Arno. Aunque cuando he estado, las primeras hojas comenzaban a coger color, y apenas puede hablarse de otoño me he encontrado un bosque que si le damos una semanita más ofrecerá un espectáculo singular. Las lluvias y las temperaturas de los últimos días han hecho que las hayas definitivamente corten el flujo de savia, la clorofila se retire y comiencen a dominar en las hojas los tonos dorados de las sustancias que comienzan a oxidarse en ellas.

 

 

      Tengo mil planes en la cabeza ahora que parece que ha llegado el momento ¿y tú? Prepárate para los próximos días, el otoño ha comenzado, ahora sí, delante de nuestras cámaras.

     


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Gigantes de otros tiempos

 

     Cada año planifico las visitas en función de la estación y el embalse de la Almendra suele tener su hueco reservado entre la primavera y junio en función del nivel del agua embalsada. La escasez de precipitaciones de este año ha provocado por una parte que el nivel mes tras mes sea lo suficientemente bajo como para que los tesoros escondidos bajo el agua continúen emergidos y, por otra parte, el resto de localizaciones que tienen su lugar en estas fechas no han llegado a alcanzar el suficiente atractivo por este mismo motivo.

 

     Antes del cambio de hora el amanecer es ideal, que el sol salga a las 8:30 h te permite llegar a la localización sin que haya que madrugar demasiado. Suena el despertador a las 5 de la mañana. A las 5:30 h comienzas a conducir con la ciudad el campo aún durmiendo. Llegas a las inmediaciones del embalse, silencio absoluto, negrura total, soledad. Con la tenue luz del frontal comienzas a caminar por el paisaje muerto del lecho del embalse seco, una hora más tarde, sobre las 7:15 h llego a la zona que he seleccionado y comienzo a explorar.

 

     El objetivo de esta salida son las grandes encinas, sin lugar a dudas. La mayoría de los ejemplares más grandes ya no están en pie, es un suelo poco profundo, las raíces crecen muy disgregadas y las largas temporadas expuestas a los elementos y la gravedad fuera del agua han hecho su trabajo. Tras varias largas exposiciones con los primeros resquicios de luz del día comienzo a escrutar el cielo para estudiar la dirección de las nubes y como estas pueden interactuar con los rayos del sol cuando emerjan y está claro que los cirro-cúmulos que se desplazan de sur a norte son el mayor atractivo. Dos exposiciones intercaladas por unos minutos para calcular dónde estarán unos 15 minutos antes de que salga el sol, que será el momento en que por la altura a la que están se iluminen, y ya sé hacia dónde tengo que disparar.

 

     Selecciono unas encinas que parecen estar perfectamente alineadas entre ellas y con el horizonte. Varias pruebas con ISO alto para que la cámara me confirme lo que creo que veo y coloco el trípode. Aún faltan 20 minutos para que el sol ilumine las nubes, me como el bocata mientras hago varias tomas de prueba. Llega el momento que he calculado y se hace la magia de la fotografía de paisaje:

 

     


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El pueblo del desierto

 

     Kolmanskop puede englobarse en la típica descripción de pueblo abandonado, pero la realidad es que cuenta con una historia tan inverosímil que lo convierte en único. Muy resumidamente se puede decir que se trata de arquitectura colonial alemana de finales del S. XIX y principios del XX cerca de la actual localidad namibia de Lüderitz. En aquella época se encontraban diamantes en las arenas del desierto con relativa facilidad, llegaron a extraerse 1.000 toneladas, lo que hace que económicamente sea viable una ciudad tan extravagante como esta.

 

     En pleno desierto del Namib se erigieron casinos, escuelas, hospital, mansiones, estación de tren... y los colonos alemanes de la época querían sentirse como en su Baviera natal impregnando a la arquitectura de estas construcciones del más puro estilo de la región alemana. Los diamantes comenzaron a escasear, el pueblo se abandonó y el tiempo no perdonó. La arena ha invadido las casas, la brisa marina y el viento del desierto han hecho lo propio para hacer de este pueblo una ruina decadente, de apariencia arquitectónica descontextualizada que nos traslada a otra época, casi a otra realidad paralela. 

 

     ¿Merece la pena recorrer 600km para ver este lugar? puede que la galería de imágenes te ayude a responder a esta pregunta. He tratado de capturar la esencia del sitio centrando la atención en puertas y ventanas, como símbolos del paso de una época a otra, de aquella realidad minera colonial a la turística de hoy en día, del momento en que la fiebre de los diamantes le permitía vivir en su burbuja de opulencia a la mas fiel y cruda realidad en la que el desierto reclama su lugar.


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Los árboles eternos

 

     Sales de casa y sabes que te quedan por delante 15 días disparando fotos en Namibia, para ser más concreto he hecho unas 4000. Sabes que hay una serie de localizaciones que tienen un potencial mucho mayor que otras, las has estudiado más o simplemente coincide que, en el momento que las visitas, es cuando muestran su mejor cara.

 

     Sabía que el desierto de Namib era una de las joyas del viaje y, dentro del Namib, más concretamente lo era Dead Vlei. Creo que nunca podré olvidar mis sensaciones al ver por primera vez este lugar: caminas por la arena durante unos 15 minutos y cuando terminas de subir una pesada duna aparece este lugar a lo lejos. Una explanada blanca de pocas hectáreas salpicada por algo menos de medio centenar de árboles. Bajas la duna para llegar a la superficie blanca, un lecho de lago seco de arcilla blanca cuarteada, una locura ¡sólo el suelo da para un día entero sin levantar la cámara! Levantas la cabeza y en el momento que ves el primer árbol la mente comienza a divagar, piensas Fondo oscuro, reflejos de la luz del sol del suelo, tangencia de ramas, atmósfera cargada de polvo, sol lateral, enmarcar con las ramas... si hubiera puesto en práctica todo lo que se me pasó por la cabeza en apenas un instante todavía seguiría haciendo fotos allí.

 

     En definitiva, en Dead Vlei se pueden hacer algunas fotos buenas, pero no son las fotos el tesoro más valioso que me he traído de allí. Aquí he podido vivir una de las experiencias más intensas del viaje a Namibia (una de tantas) y es una percepción del tiempo más allá de la existencia humana. Allá por el año 1200 crecían estas acacias de las que hoy sólo quedan troncos ennegrecidos por el abrasador sol del desierto, la arena, que un día las enterró llegó hasta aquí hace 5 millones de años arrastrada por un caudaloso río del que hoy no queda ni el nombre, y el lecho arcilloso nos lleva a una época mucho anterior, te das cuenta que el ser humano es sólo una pequeña fracción de tiempo en la existencia de este sitio, te sientes pequeño, insignificante, ante un lugar que es uno de los protagonistas de la eternidad de nuestro planeta.


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Un nido frente a mi ventana

     Puedo considerarme afortunado porque una pareja de palomas ha elegido la acacia frente mi ventana para construir su nido. A escasos dos metros he ido viendo como día a día iban colocando ramita a ramita en el nido, la puesta de los huevos y tras la incubación ha llegado el gran momento: el primer polluelo. 

 

     La llegada al mundo de este pequeño ha coincidido con una fecha que le imponemos en el calendario a los animales salvajes: la apertura de la media veda. Con la llegada de agosto llega uno de los momentos más felices para los cazadores pero también uno de los más difíciles para las especies calificadas como cinegéticas. Miles de cazadores salen al campo tras el parón de primavera/verano para volver a la actividad que tanto les apasiona.

 

     Hasta el 25 de agosto no debería cazarse ninguna paloma pero... ¿qué ocurre si a uno de los cazadores de gatillo fácil (casi todos) se le cruza una paloma antes de esa fecha? Pues que le va a disparar sin dudar. ¿Qué ocurrirá con los polluelos que están esperando en el nido? Que morirán y al próximo año no habrá ni paloma ni polluelo. Así de sencillo.

 

     No sólo es importante que los cazadores respeten fechas, cupos y especies, es necesario un control más intensivo de la administración sobre la ecología de las especies, la educación y las aptitudes de los cazadores para evitar que las poblaciones de muchas especies salvajes se encuentren al límite de su existencia. Uno de los representantes del colectivo cinegético calificaba en los medios de comunicación el pasado 15 de agosto la apertura de la media veda como catastrófica en cuanto a capturas. Era de esperar. El próximo año se repetirá la misma historia.


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Paisajes Romanticistas de Inglaterra

     Parece que la fotografía reinventa constantemente nuevos métodos y técnicas para que los que aprietan el disparador tengan a su disposición las herramientas adecuadas para poder expresarse. Creo que echar la vista atrás, a los paisajistas romanticistas puede ser un campo muy amplio en el que poder encontrar un nuevo área de trabajo y, sobre todo, mucha inspiración. 

 

     El romanticismo es un movimiento que se desarrolla en la primera mitad del siglo XIX para par prioridad a los sentimientos frente a las normas más rígidas del Neoclasicismo. Sabía que un viaje a Inglaterra, visitando castillos, grandes catedrales góticas y paisajes que inspiraron a pintores romanticistas hace casi 200 años, iba a nutrirme en este sentido.

 

     Esta fotografía representa la catedral de Salisbury en la misma perspectiva que John Constable la representa en 1830 en su obra "Salisbury Cathedral from the Meadows". Ni mucho menos consigue atrapar la esencia temporal y la sublimidad con la maestría que lo hace Constable, no por las limitaciones de la fotografía en ese sentido frente a la pintura; es un campo en el que la fotografía digital puede desarrollarse (y al que me sumo) para que la fotografía de paisaje pueda encontrar una vía de escape frente a los cánones tan rígidos y estridentes de "belleza" que saturan las redes hoy en día. 


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Las tierras muertas de Valjagado

 

     Un día descubres que en los libros están las respuestas, comienzas a leer autores americanos que te cuentan sus andanzas fotográficas por los desiertos del medio oeste; es más que suficiente para que un entusiasmado aprendiz de fotografía de paisaje idealice el concepto de belleza en sujetos inertes. Un tiempo después, en una etapa de búsqueda enfermiza de localizaciones en Google-Earth una foto de amigos en excursión de domingo lo cambia todo. La foto se titulaba Rasica.

 

     Cielo azul, rocas entre indio y beis de granito que con la intensidad de la luz directa del atardecer el medidor del modo automático de la compacta con la que estaba hecha la foto los había intensificado hasta llegar a un acertado error. Sobre las piedras dos personas. Esta escena no hubiera significado nada para mí de no ser porque aquellas rocas me trasladaron al instante a los desiertos americanos. Exploré aquella zona, Rasica, y pronto descubrí que no era más que el lecho desprovisto de vida de un embalse. No era el paisaje eterno de Death Valley, Arches o Monument Valley pero me servía para dar rienda suelta a la ausencia de vida natural como concepto de belleza.

 

     Han pasado varios años, más de los que me atrevo a contar sin dejar escapar un suspiro, desde que una tarde de junio Jenny y yo nos dejamos nuestras huellas en la arena granítica. Atardecer, merienda sobre las rocas, un par de nocturnas y el gusanillo de repetir. Han sido muchas visitas y con cada una he descubierto muchos nuevos motivos para volver, pero nunca había estado al 40% (en un territorio de unas 20.000 hectáreas bajo el agua el nivel lo cambia todo). Ahora he encontrado un bosque de encinas petrificado, un gran hito de granito que sobresale sobre el agua y, lo que es más importante: he perdido el miedo a hacer fotos (ya no creo que si no hago lo que hacen los demás no lo hago bien).

 

     La foto no tiene truco, está disparada directamente a blanco y negro. Atardecer a mi espalda, un claro sobre el horizonte a la derecha de la encina muerta. Filtro degradado para dar dramatismo a la encina perfilada sobre el claro y dejar algo de detalle sobre las rocas del primer término. Unas curvas en Photoshop y listo.


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