Mis 9 favoritas del 2020

 

     Termina un año imprevisible, de cambios, en el que nada ha sido lo que esperábamos. En mente tenía viajes a Egipto, Turquía, Perú... de echo, a sólo un día de reservar los vuelos para ir a Egipto, comenzó el confinamiento de marzo; y el 2020 se ha convertido en el año más extraño para fotografiar paisaje de todos los que he vivido. A lo largo de los meses hemos acatado las restricciones para salir a fotografiar cuándo y dónde se ha permitido, pero eso no ha sido impedimento para que la mayoría hayamos encontrado en la naturaleza una vía de escape a una situación excepcionalmente compleja. 

 

     Una y otra vez me choco contra la realidad para darme cuenta que cada experiencia es enriquecedora (no sólo fotografiar en el desierto Blanco, Capadocia o el Machu Picchu) y llegar la conclusión, tanto como resignarme, a que la mejor foto de paisaje no está tanto determinada por el lugar como por nosotros mismos y las condiciones del momento. Un año sin viajar ha sido la oportunidad ideal para explorar la ribera del Tormes a su paso por Salamanca; necesitas enfrentarte a una situación como esta y haber comenzado un proyecto fotográfico concreto para descubrir que a dos minutos de casa, y en plena ciudad, tienes un pequeño oasis fotográfico. 

 

     He tratado de exprimir las localizaciones de la provincia y la región, he realizado una "expedición" con Fiti (mi burro) para pasar dos días en la sierra del Espinazo y fotografiar el cometa Neowise. Este año también me ha permitido reordenar todos los proyectos fotográficos que tenía abiertos, realizar una galería retrospectiva... creo que quien opine que fotográficamente es un año muerto es porque no ha puesto lo suficiente de su parte. Si una puerta se cierra es una oportunidad para buscar una nueva salida y comenzar a trabajar en los proyectos fotográficos del 2021.

 

Espero que disfrutes de esta selección que con tanto cariño he preparado, gracias por tu visita.

 

 

Luces de tormenta en los acantilados de Gueirúa.

Pino sobre el mar de nubes.

Amanecer en la playa de Gueirúa.

Flores de erizón con estrella Polar.

Atrapado en el bosque.

Remolino de hojas en la garganta de Muñogrande.

Árboles escarchados.

Atardecer de invierno en la catedral de Salamanca.

Últimas luces en la sierra del Espinazo.



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He preguntado qué foto os gusta más y este es el resultado

       Recopilando las fotos que he hecho en 2020 que más me han gustado, a la hora de repasar las que hice en un amanecer en la playa de Gueirúa, Asturias, me surgió una duda: cuál de estas dos imágenes era mejor. De toda la sesión, son las dos mejores y, aunque a simple vista son parecidas parece es evidente que en la 1 (izquierda) el cielo tiene mucho protagonismo, mientras que en la 2 (derecha) es el primer término lo más destacable de la foto. 

 

     Al no encontrar un argumento de peso que me hiciera decidirme por una u otra me propuse consultarlo por redes sociales para conocer la opinión de los demás y ver qué opinaba el resto. Pregunté por Twitter, Instagram y Facebook y los votos obtenidos han sido los siguientes:

 

Foto 1: 24 votos

Foto 2: 23 votos

 

     Con este equilibrio está claro que no hay nada que realmente haga destacar a una sobre la otra por lo que creo que la decisión, además de en mi mismo, hay que buscarla en los argumentos aportados en los comentarios. Lo que más destaca de la primera es, sin duda, el equilibrio de los elementos, en la segunda es una composición muy "correcta", tal como dice Alberto Tormo:

     Tal como había observado, el primer plano guía muy bien la mirada hacia la imagen y transmite mucho mejor la sensación de lugar, tanto Jep Flaqué, David López y Yarky Moguel lo indican en sus comentarios:

     Sin embargo, hay otros comentarios que argumentan todo lo contrario, indicando que ese primer término tiene demasiado peso visual. Hay estudios que indican que en este tipo de paisajes dos tercios de la imagen sean ocupados por el primer término puede ser una proporción muy correcta. Paco Pulido indica que al ser una zona demasiado blanca se queda con el peso visual de la imagen:

     Cuando hice esta fotos, aunque estén numeradas como 1 y 2 lo cierto es que cronológicamente están realizadas al contrario. Comencé disparando la 2 y, al observar que el cielo estaba ganando color e interés decidí variar la composición situando el horizonte prácticamente centrado para dar protagonismo al cielo en general sin cortar la nube de la izquierda arriba en la imagen 1. Por lo tanto la imagen 1 es una evolución de la 2 durante la sesión. Esto lo comenta David Frutos:

     Pero hay un comentario que se inclina por la imagen 1 que ha sido el que me ha hecho decidir que prefiero esa imagen sobre la 2, y es el tiempo potencial que puede llegar a atrapar la vista del espectador:

     Pero hay un factor que no se ha mencionado sobre la imagen 1 y su "mensaje", que es lo que creo que hace que sea una foto mucho más completa que la 2 y es que su mensaje es mucho más completo. Con el paisaje natural hay cierta complicación en plasmar yuxtaposiciones (elementos o características opuestas o enfrentadas) y en la foto 1 hay una clara yuxtaposición entre la parte superior con tonos pastel, formas suaves y ligeras de las nubes confrontadas con la parte inferior, más oscura sin color, rocas contrastadas con las líneas de la espuma: suave-tosco / delicado-rudo.

 

     La mayoría de las personas que vean esta foto en redes creo que van a considerar mejor la 2, sin embargo creo que es muy "obvia", primer término con protagonismo, agujas icónicas de un lugar conocido y cielo coloreado. Pero una imagen que se va a ser observada en una pantalla de móvil durante unos segundos necesita de un elemento menos obvio y más llamativo para llamar la atención (la nube), si esta consigue capturarte creo que el potencial de la imagen 1 es mayor para tocar un poquito más la sensibilidad del espectador.

 

     Muchas gracias a todos por vuestros votos y opiniones.


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Mi DJI Mini 2

 

   Hace muy poco, y casi sin esperármelo, me encontré entre mis manos esta pequeña maravilla de la tecnología, el DJI Mini 2. Aunque nunca he sido partidario de opinar sobre productos es cierto que en esta ocasión no puedo resistirme, este pequeño aparato me ha conquistado (fotográficamente hablando). Voy a contar qué me ha parecido en mis primeras salidas fotográficas, aunque tengo que comenzar diciendo que mi experiencia haciendo "reviews" de productos se limita a otro artículo y este, por lo que todo lo que escribo se centra únicamente en una opinión subjetiva y un planteamiento muy básico de lo que analizo. 

 

     Lo cierto es que hace años que tenía ganas de grabar y fotografiar con un dron, desde que hace años ayudara a un amigo con el rodaje de un documental para el que utilizó un DJI Phantom, comencé a sentir atracción hacia este tipo de aparatos. Poco a poco fue cayendo en el olvido hasta que nuestros últimos proyectos nos han hecho plantearnos la posibilidad de adquirir uno. Dadas las circunstancias el modelo ideal ha sido el DJI Mini 2.

 

     ¿Porqué este modelo? ligereza: cabe en un bolsillo y pesa menos de 250 gr., en travesías de muchas horas o incluso días sería inviable cargar con los modelos superiores. Legalidad: dadas sus dimensiones hay menos restricciones sobre los lugares y circunstancias en las que puedes volar. Prestaciones: con vídeo en 4K y foto con RAW tiene todo lo que buscamos, pero a esto hay que sumar compensación de exposición, ajuste de proporciones de imagen y zoom (digital). Precio: es ligeramente inferior a los modelos siguientes.

 

     ¿Qué es lo que no tiene? para mi, lo único que podría ser destacable y que le falta frente a modelos superiores es la detección de obstáculos laterales y el vídeo a 60 fps (a 4K el máximo es 30 fps). Más allá de esto es posible que una resistencia al viento mayor sería deseable pero hay que ser realistas y la estabilidad que tiene dado su peso y tamaño resulta casi increíble. Tengo que señalar que el "gimball" hace un salto extraño cuando está en picado y el dron el movimiento, una especie de salto que parece ser común a todos los dispositivos (no es un fallo propio del mío).

 

     Teniendo precaución y evitando volar en un momento de fuertes rachas de viento el dron se ha comportado de manera estable en todo momento: las tomas de vídeo han sido fluidas , tanto con los recorridos preestablecidos como otros que he comenzado a ensayar. Fotográficamente es tan sencillo como que lo colocas a la altura y perspectiva que quieres y haces la foto, listo. La sensación es que a pesar de que su precio pueda parecer elevado, el nivel de tecnología que adquieres es muy superior a lo que pagas.

 

     Cuando llevas tantos años fotografiando a ras de suelo y, cuando buscas una perspectiva diferente, trepas a cualquier lugar para obtener un encuadre mejor, el hecho de comenzar a fotografiar desde el aire te abre las puertas a un mundo nuevo por descubrir. Creedme, la perspectiva que ganas sobre el paisaje te lleva a otro nivel fotográfico y tengo que reconocer que, ese aire fresco a nuevos planteamientos fotográficos es lo que destaco por encima de todo.

 

     ¿Lo recomiendo para fotografía de paisaje? realmente si ¿creo que es el modelo óptimo para fotografía? tendría que probar otros modelos pero al menos de este no echo nada de menos que tenga constancia que tengan los demás, supongo que con el tiempo el software incluirá un mayor control sobre la imagen que capturamos: contraste, temperatura de color, dominantes, nitidez... opciones creativas desde el punto de vista fotográfico.

      


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Fotografiando otra realidad

 

 

      Desde que un concepto aparece por primera vez en nuestra mente hasta que lo representas y analizas pueden transcurrir décadas, ese es mi caso con las fotos de las que hoy escribo (y después con estas líneas). Hay algunos cuadros cuyo contenido ha dejado una impronta en mi percepción, una marca casi invisible, un ejemplo muy representativo para mí es la "Vista del jardín de Villa Medici" de Velázquez. Os voy a contar cómo he vinculado el concepto que ha creado en mi esta obra y cómo ha evolucionado ese concepto en la serie fotográfica que aquí presento.

 

     Más allá de su relevancia y lo que representa en la historia del arte, este cuadro ha conseguido desarrollar en mi un concepto que, a lo largo de mi vida, he ido percibiendo en muchos otros lugares. Este concepto, que generalmente surge de una percepción subconsciente de lo que nos rodea, lo podría definir como "arquitectura delegada" o "arquitectura degradada" (no lo confundamos con abandono), pero ¿Qué significa esto? vamos a observar con detalle el cuadro.

 

     El elemento más destacado del cuadro es una serliana, combinación de arcos característica de los grandes palacios renacentistas y neoclásicos. Estos arcos están cegados con tablones de madera irregulares y destartalados; a la derecha, entrecortada y direccionada hacia el exterior probablemente pudiera ser una escultura del dios griego Hermes. Sobre la balaustrada una mujer extiende una sábana y frente a los arcos dos soldados parecen charlar de cuestiones cotidianas. Con respecto a la vegetación, los setos están recortados y cuidados pero a los pies de estos la forma y el color del trazo es irregular lo que me hace pensar que crecen plantas espontáneas y el mantenimiento del jardín del palacio no es continuado y regular; esto lo encontramos también los cipreses: una de las ramas se desprende a la izquierda de la balaustrada y en general crecen desordenadamente, lo que nuevamente me lleva a pensar que no hay cuidados culturales que les haga mantener su función estética y recreativa. Incluso la luz es difusa y, al fondo, tras las nubes, el cielo parece oscurecerse.

 

     Todo lo que veo en el cuadro me lleva a un momento en el que el gran palacio renacentista no mantiene el estatus y la relevancia que un día tuvo. Lo realmente significativo de este concepto de degradación no es lo formal, sino una degradación política, social y económica vinculada a una obra arquitectónica. No me refiero a ruina o abandono, es un cambio vinculado al uso.

 

     Esta idea la percibí por primera vez con este cuadro, pero de un modo totalmente subconsciente. A lo largo de los años este concepto se ha cruzado en mi camino en multitud de ocasiones: visitando el castro de Coaña, frente a lo que parecía ser el edificio más importante, la residencia nobiliaria o palacio dentro del poblado, la transcendencia que tuvo aquella construcción ahora está relegada a un elemento arquitectónico más dentro del castro que recorren turistas. Otro ejemplo es la imagen de la izquierda: los jardines del palacio de Sotofermoso. Cuando observé esta imagen por primera vez me causó un fuerte impacto, estado ruinoso de un ostentoso elemento arquitectónico en un ambiente rural extremeño y que en la actualidad sirve para poco más que apoyar vallas de uso ganadero o de la construcción.    

 

 

     De nuevo, durante una visita turística al convento de San Esteban, en Salamanca, me volví a encontrar con este concepto de "degradación". El recorrido turístico nos muestra la relevancia histórica, eclesiástica y social vinculada al edificio, su transcendencia durante el periodo de influencia e intercambio cultural en Latinoamérica desde el comienzo de la época colonial. El contraste es llamativo: pasillos que han recorrido personajes históricos ahora los recorren visitantes que pagan su entrada (y, evidentemente, la comunidad eclesiástica actual); en las salas que se tomaron decisiones que cambiaron el rumbo de la historia hoy se repiten audiovisuales modelados para que el público consiga comprender la importancia de este lugar.

 

     Al llegar a la sacristía del convento, de nuevo esa percepción: ostentosas casullas de seda con bordados dorados, muy degradadas, expuestas en vitrinas. En las paredes espejos picados, deformados y deteriorados en los que ahora los turistas se hacen "selfies". De repente el reflejo de esos espejos me mostró ese concepto de degradación arquitectónica que percibí dos décadas antes al ver por primera vez la obra de Velázquez y aquí encontré la oportunidad para desarrollar y representar ese concepto en una serie fotográfica.

 

     Son fotografías realizadas al reflejo de los espejos de la sacristía, busco una perspectiva que me permita encuadrar elementos arquitectónicos de la sala; zonas en sombra e iluminadas, estos elementos los represento nítidos pero deformados por el espejo y con las picaduras desenfocadas manchando y degradando esa nitidez. Con las fotos de ese reflejo borroso y deformado de la disciplinada arquitectura renacentista he conseguido representar de manera subjetiva el concepto de degradación arquitectónica, esa "Otra realidad".

 


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Encontrar lo que no buscas

 

    Si hay algo que me produce una sensación placentera a la hora de fotografiar son esos momentos de absoluta evasión de la realidad. Al aplicar ciertas técnicas y estar completamente inmerso en un proceso creativo puedo llegar a pasar horas completamente abstraído, con todos mis sentidos puestos en las fotos que estoy haciendo. Cuando algo te "despierta" y vuelves a la realidad, ese momento de transición desde la pura concentración a tu realidad podría ser algo parecido al Nirvana, es como si la mente volviera a nacer. Por desgracia, al instante vuelves a darte cuenta que estás mojado, hace frío, es tarde, tienes hambre, el coche está en reserva ¿habré perdido las llaves? ...

 

    Admito que estos momentos de concentración no son fáciles de conseguir y cada día me cuesta más alcanzarlos pero, por lo general, suelen ser muy fructíferos en cuanto a resultados. Llegar a un sitio y hacer la foto obvia está bien, pero siempre esperas encontrar lo que no estás buscando, esto me pasa con mucha frecuencia. La mayoría de las veces encuentras fotos que podrían acabar en la papelera, pero resulta curioso que tengas que fotografiar concentrado, evadido de la realidad, desde lo más profundo de tu subconsciente para hacer fotos que jamás te imaginarías que harías tu.

 


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Mi top 10 de bosques para el otoño

 

    Fotográficamente hablando, llega uno de los momentos más excitantes del año ¿el otoño? si. Pero tanto como el otoño, me encanta ese momento de hacer planes para fotografiarlo. Comienzas a hacer memoria de los bosques de los que más has disfrutado, otros que tienes en mente pero que nunca has estado y nuevas propuestas que surgen por el camino. Por eso, este año he querido hacer un pequeño recopilatorio de, entre los que conozco, cuales son los 10 mejores bosques para fotografiar el otoño.

 

     Llegar a un bosque en el momento de clímax del color otoñal es una experiencia que nos llena la mente (y la tarjeta de memoria). Desde hace años no falto a mis citas otoñales para conseguir buenos momentos entre la soledad del bosque, y de camino alguna que otra buena foto. De entre todos los lugares que he visitado, y otros que tengo en mente visitar creo que los mejores bosques de la península ibérica en otoño son:

 

1. Urederra, Baquedano (Navarra)

2. Vegabaño, Soto de Sajambre (León)

3. Saja-Besaya, Bárcena Mayor (Cantabria)

4. Hayedo de La Biescona, Colunga (Asturias)

5. Bosque de la Honfría, Linares de Riofrío (Salamanca)

6. Hayedo de la Pedrosa, Riaza (Segovia)

7. Castañar de Ojesto, San Martín de Trevejo (Cáceres)

8. Castañar de El Tiemblo, El Tiemblo (Ávila)

9. Selva de Oza, Siresa (Huesca)

10. Garganta de Bohoyo, Bohoyo (Ávila)

 

     ¿Tienes planes fotográficos para este otoño? ¿Cuál de estos bosques has visitado? ¿Cuál te gusta más? Deja tu comentario, justo aquí debajo.

 

 


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La playa del ¿Silencio?

 

    Para muchos, los primeros pasos que dan en el mundo de la fotografía están ensombrecidos por darle más importancia al lugar que a la foto. En esa circunstancia me encontraba la primera vez que fui a este lugar, la playa del Silencio. Parece que, si quieres que tu trabajo adquiera notabilidad y sea respetado, necesitas cumplir una serie de requisitos no-fotográficos. Entre estos requisitos, diría que uno de los más relevantes es la importancia que se le da a los lugares populares.

 

     Si tus aspiraciones fotográficas son grandes no te puedes permitir el lujo de que alguien hable de un lugar y no haber estado allí (y de paso contar una batallita). No eres nadie en esto de la fotografía de paisaje si no has estado en Islandia o Feroe, dando por supuesto que has visitado más veces Río Tinto, Barrika, Gueirúa y Urederra que a tu familia. Y, si aspiras a ser un Ansel Adams milenial de manual, ya has estado (y, por supuesto, vas el próximo año) a Dolomitas, Yosemite, Torres del Paine, Dead Vlei... (#noteselaironia).

 

     Respeto cualquier posición y planteamiento en lo que a fotografía se refiere pero, creo que hay cosas que se nos van las manos. Hace una semana estuve por Asturias, volví a la playa del silencio y ha cambiado muchísimo. Coches por todos lados, miradores abarrotados, gente, gritos, gritos, gritos,.... de todo menos lo que le da nombre: silencio. Observo un patrón que se repite: aparcar, mirador, "selfie" y siguiente; esto no es más que el reflejo de una actitud materialista y superficial con los lugares en general y la fotografía en particular.

 

     ¿Dónde nos dejamos la satisfacción personal? la mayoría de la gente en la fotografía se preocupa más del perfil público que de los valores que nos puede aportar el hecho de realizar la fotografía en sí, ese momento, cuando disparas, haces algo relevante si lo haces tú mismo, no lo que esperas que vean los demás. Mira, observa, ama y luego pulsa el disparador. Y un poquito de silencio, por favor.

 

 


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Lugares de los que nunca volvemos

 

    Cada lugar que he visitado me ha marcado en mayor o menor medida, pero siempre, en algún sentido, he creído que el hecho de haber visitado esos lugares me había aportado algo bueno o nuevo. Hace unos días comprendí que era justo al contrario, con cada lugar que visitamos una parte de nosotros se queda allí.

 

     Hacía años que no leía a Pérez-Reverte en su "Patente de Corso", un artículo que podéis encontrar en la publicación XLSemanal. El primer párrafo me cautivó, al leerlo comprendí que mi planteamiento con respecto a los lugares que he visitado podría ser justo al contrario: "Hay lugares de los que nunca regresas del todo. Se quedan suspendidos en el tiempo y la memoria, y de vez en cuando cierras un momento los ojos -a veces ni siquiera hace falta cerrarlos- y te encuentras de nuevo en ellos. Hasta puedes oírlos y olerlos." Tal vez no se trate de que te traigas algo, si no de que una parte de ti se ha quedado allí.

 

      A medida que van pasando los años es una sensación cada vez más sutil, pero con los primeros viajes y lugares que visitaba, siempre, absolutamente siempre, tenía la sensación que una visita fugaz podía compensarse con la esperanza de volver. Con los años terminas convenciéndote que hay lugares a los que nunca regresarás, si no es desde la memoria y la impronta que dejaron en ti las experiencias vividas.

 

      Visitar un lugar implica algo más que la excursión de unas horas desde un ferry o un crucero, algo más que una parada en el camino; deja una parte importante de ti en cada lugar, que tu huella esté muy presente para que cuando quieras volver, te encuentres a ti mismo, y todo en lugar en el que estaba.

 

 


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Nuevos tiempos, buenas oportunidades

 

    Todos teníamos muy claro que este no iba a ser un verano como otro cualquiera. Parece que en estos días calurosos apetece más que nunca perderse en la naturaleza, disfrutar de la sombra de los árboles cuando más calor hace, refrescarse en el río después de una caminata; volver a sentir ese contacto del que nos hemos visto privados durante meses.

 

     Últimamente he realizado varias visitas al valle de Batuecas, lugar que he recorrido mil y una vez pero que parece haberse convertido en el refugio ideal para estas primeras semanas del verano. Allí, entre rutas, visitas y descanso he vuelto a pasar por un lugar geológicamente muy especial; una roca que durante miles de años, el río Batuecas, ha tratado con el mismo cariño que Miguel Ángel lo hiciera con los mejores bloques de Carrara, convirtiendo la roca en pura belleza.

 

 

     Cargado sólo con el 50 mm fijo he vuelto a fotografiar esta zona en las mismas condiciones en las que lo hice en 2015, retomando un camino de abstracción que ha despertado la chispa interior con la suficiente intensidad como para volver a trabajar en una idea que surgió hace 5 años: una serie abstracta basada en el río, cómo el agua y su corriente juega con la luz y la roca para abrirnos la puerta a un mundo tan misterioso como atractivo.

  

 

      Aún no tengo claro cómo unir estos dos conceptos para que surja algo coherente, pero el el hecho de volver a trabajar en esta zona y en estas ideas me motiva muchísimo. No tengo claro como lo haré, pero sé muy bien cómo quiero pasar estas tardes de verano: junto al río, en buena compañía y disfrutando del agradable abrazo que sólo lugares como Batuecas pueden ofrecernos.

 

 


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Lugares que invitan a soñar

 

    Hay sitios que nos marcan de una manera especial. La mayoría de los que vean esta foto pensará en lo obvio que resulta resaltar el río Tinto como un lugar que nos puede marcar fotográficamente, pero la cosa no va de eso, es algo más personal.

 

     En septiembre del 2017 con unos días por delante decidí "perderme" en el Tinto. Nunca había estado pero tampoco era un lugar que me entusiasmara especialmente. Llegué el primer día, al mediodía, cuando los 30 grados quedaban muy abajo en el termómetro y me metí por una pista que deducía que llegaba hasta la mitad del río. No había explorado ni investigado apenas antes, simplemente iba a pasar unos días y ver qué me encontraba.

 

     Al final de la pista había un pequeño descampado con cemento, una fuente y unos metros más adelante, a unos 10 metros del río un descampado en el que podía "montar campamento", comer, pernoctar... Tenía claro que el sitio era el ideal. La primera toma de contacto fue sobrecogedora: el olor, el color, las texturas... estaba realmente sorprendido. Pasé la tarde recorriendo parte de la vía abandonada, recorriendo el lecho del río y haciendo algunas fotos; me alejé demasiado y me pilló el crepúsculo no muy cerca del sitio que había elegido como "campamento". Problemas con el equipo para dormir y la noche cayó, tuve que dormir en el coche.

  

      El agotamiento del día anterior me hizo dormir ocho horas del tirón, puede parecer que todo salía demasiado bien pero me despertó el sonido de la berrea de un ciervo a pocos metros del coche. Salí, lo vi alejarse entre los matorrales pero en el barro de la orilla del río estaban sus huellas y aún podía intuir su olor. Desayuné y el entusiasmo de toda una jornada con el río y la cámara no hacía más que hacer que me regocijara en el momento tan agradable en el que me encontraba.

 

      Dos días después me resultó muy impactante volver a uno de los pueblos al salir de la pista (no recuerdo cual). Aislado en el río, sin ver a nadie, en plena naturaleza y disfrutando del espectáculo de colores y texturas que el río Tinto le ofrecía a mi cámara hace que aquel lugar en aquel momento haya sido una de las experiencias fotográficas que recuerdo con más nostalgia. Estas fotos representan lo que son para mi aquellos días, casi como un sueño, de esos de los que tenemos despiertos.

 


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El camino hacia imágenes más personales

 

    Desde hace muchos años he tenido en mente la idea de recorrer Namibia en un 4x4. Veía las fotos de esos todo-terreno con la tienda de campaña en el tejado e instintivamente mi mente viajaba hacia una sensación de libertad infinita. Me imaginaba a mi mismo acampando en cualquier parte, recorriendo los parques naturales en total libertad, disfrutando de la noche a salvo en la tienda del techo, pero lo cierto es que de la expectativa a la realidad suele encontrarse la decepción.

 

     Desde mi idea inicial hasta el viaje que realizamos finalmente hay una diferencia abismal, no sólo porque la situación no fuera tan favorable como imaginábamos para recorrer el país en libertad si no por mi mismo. Los parques naturales están muy restringidos al acceso y la circulación, hay zonas del país en las que es fácil no tener una sensación de seguridad absoluta; pero lo que más nos limitó fue la propia planificación del viaje.

 

     Con la experiencia de muchos road-trips a las espaldas la planificación de los recorridos, localizaciones y visitas fue óptima. Todos los lugares que queríamos visitar los visitamos, todo en el momento más adecuado y sin grandes imprevistos; pero esto fue lo que condenó la idea de libertad que me impulsaba desde hace muchos años a hacer algo así. Esta idea no es algo que percibiera en el momento, es algo que he podido ver en perspectiva, cuando con la idea de proyectar un viaje parecido percibo que comienzo a dejar que la planificación condene la sensación de libertad.

  

      Al revisar el archivo he encontrado que lejos de percibir las mejores sensaciones en las fotos de los hotspots que visitamos de manera programada, los mejores recuerdos me llegan a través de las fotografías realizadas durante los desplazamientos, en medio de paisajes infinitos y en momentos que no estaban programados. He aprendido una lección que aplicaré a partir de este momento: programar visitas a localizaciones nos asegura buenos resultados pero, si queremos conseguir una colección de imágenes que contengan una buena dosis de nuestra propia carga emocional, debemos dejar espacio a la improvisación para que de manera natural fluya nuestra conexión con el lugar que fotografiamos.

 


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La primavera que no se fotografió

    Veo fotos publicadas a diario en redes sociales y la mayoría de la gente sigue exprimiendo el archivo mientras ahí fuera está transcurriendo una de las primaveras más increíbles de los últimos años ¿creéis que será recordada como la primavera que nadie fotografió?

 

     Personalmente no me considero fiel visitante de la primavera. Mientras que con otras estaciones tengo citas ineludibles, es en primavera cuando aún no me reengancho del parón de final del invierno, viajo fuera... o simplemente no encuentro motivación; no lo sé. Lo cierto es que no suelo fotografiar en esta estación, pero parece que el no poder hacerlo me provoca un deseo irrefrenable de salir con la cámara: aunque sean 10 minutos delante de un árbol verde.

 

     Este confinamiento es algo que terminará siendo recordado como una especie de pesadilla pero en el camino nos está permitiendo, al menos en mi caso, observar muchos aspectos con una nueva perspectiva. Este nuevo modo de ver las cosas me provoca sentimientos mucho más profundos, reflexiones mucho más íntimas que si mi vida hubiera seguido de modo normal. Por eso, para mí, esta primavera podría estar más representada por una fotografía más sombría que una de árboles con hojas brillantes:

 

 


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Intentar cerrar una puerta y abrir otras cuatro

    Entre 2013 y 2019 fotografíe para una serie en la que tenía clara la idea, había recopilado material de sobra para seleccionar pero aún no tenía título. Entre estos años realicé 21 sesiones, algunas de unas pocas fotos otras de cientos; en estas sesiones, siguiendo el hilo conductor de las capturas principales me dejaba llevar para hacer otras fotos con una técnica muy similar pero una composición y concepto totalmente diferente (primera puerta abierta).

 

     Para terminar la serie me puse a seleccionar las imágenes, editarlas, pero a medida que iba avanzando, con las imágenes seleccionadas encontraba una disociación muy clara: por lo que una parte importante de las capturas fueron descartadas para la serie. Me quedaron un montón de fotos muy interesantes sin serie, sin idea y metidas en una carpeta (segunda puerta abierta).

 

     Llegó el momento del título y a partir de la historia que sugiere encontré el vínculo entre la serie principal y las imágenes descartadas. Esto planteaba un problema: la serie principal era la puerta de entrada, las imágenes descartadas uno de los lugares a los que llegar desde la serie principal y esto me dejaba el proyecto inacabado (tercera puerta abierta). Comenzaron las dudas y realicé una presentación a un especialista que, a pesar de su juicio crítico y que siempre ha tumbado todas mis ideas, le encantó: "¡Esto es buenísimo! exclamó tenemos que ponernos a trabajar en ello y exponer" (cuarta puerta abierta).

 

     Os dejo con un avance de "Horizontes perdidos". No se cuando podré a volver a trabajar en este proyecto, lo que si tengo claro es que la semilla de algo muy grande y en mi trayectoria fotográfica ha germinado.



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Paisajes cazados y recolectados

    Desde un punto de vista fotográfico ser cazador implica confiar en tu entusiasmo, recolector en tu instinto; en este sentido hay quienes deciden y se ciñen a un modo u otro a la hora de afrontar la práctica de la fotografía. Personalmente creo que es un error de manual. La fotografía no se basa únicamente en un único proceso, entran en juego desde factores emocionales a técnicos/mecánicos. 

 

     Establecida esta diferenciación tengo que decir que considero que hay que ser recolector con las localizaciones y cazador con la captura. Guiarnos por nuestros instintos a la hora de encontrar encuadres, algo así me pasó con esta foto de la catedral, cuando llevo "el radar en modo on", voy buscando localizaciones, posibles encuadres en esas localizaciones para dejar paso a mi "yo" cazador. En el momento que tenía la localización y el encuadre esperé durante un mes las condiciones lumínicas, fallé por diversas causas. Analicé mis fallos y volví unos días después a esperar el momento adecuado para capturar la imagen.

 

 

     Es muy difícil encontrar una visión romanticista de un monumento en una ciudad de hoy en día, tuve que localizar una zona que me permitiera aislar al máximo edificios modernos y el entorno urbano. Desde esa localización busqué el encuadre que realzara el monumento y encajara en la estética, ahora sólo quedaba esperar el momento. El anticiclón de invierno me obligó a esperar un mes entero, pero a finales de febrero cambió el tiempo y llegó la oportunidad de nubes y claros: buscaba sol exclusivamente en la catedral. Un primer intento fallido por el frío, las nubes no se colocaron en la posición correcta y me marché antes de tiempo porque estaba cansado de esperar de pié. A los dos días volvían a repetirse las condiciones, compré un taburete portátil y a esperar en mejores condiciones. El milagro sucedió.

 


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Viajar con la mente

 

     Ayer entró en vigor el decreto por el que se declara el estado de alarma. En el artículo 7 del mismo se limita la libertad de circulación de las personas ¿qué significa esto? pues que no podemos viajar, salir a hacer fotos... y si lo haces, si sales de casa para tu recreación la cosa es muy sencilla: no sólo incumples la ley, además, voy a ser muy explícito, los demás pensamos que eres gilipollas.

 

    Somos muchos los que de un modo casi automático establecemos una conexión inmediata (y casi necesaria) entre tiempo libre y viajar. Ya sea para hacer fotos, conocer sitios nuevos, disfrutar de patrimonio natural o cultural... aprovechamos estos espacios de tiempo para dar salida a viajes proyectados desde tiempo atrás, pero esto no es tiempo libre, no nos equivoquemos, esto es un confinamiento obligatorio ¿y si sales para tu recreación? eres gilip...

 

     Es muy probable que en tu casa tengas mil recuerdos de sitios que has visitado, cajas con tickets, cientos de imanes, tazas, piedras, tarros con arena, cientos de fotos almacenadas en carpetas olvidadas del ordenados o en un álbum que almacena polvo en la estantería... cualquiera que sea tu afán coleccionista (o disfunción obsesiva) relacionado con la fotografía o los viajes es el momento de recurrir a la mejor función que pueden desempeñar estos objetos: transportarnos con la memoria visual.

 

     Nuestros sentidos, además de sus funciones ordinarias, nos permiten recurrir a la impronta que ya marcaron en nuestro proceso neuronal; o lo que es lo mismo, nos llevan a los recuerdos y a nuestra experiencia cuando nos expusimos a ese estímulo. Aunque, según los expertos, el olfato es el más poderoso de los sentidos, la vista también puede transportarnos y de ese modo volver a vivir nuestras experiencias, pero que sólo se encuentran en nuestro subconsciente.

 

     Personalmente, dedicaré parte de este tiempo libre a planificar salidas fotográficas y viajes para cuando pase esta situación (porque pronto terminará), pero también quiero aconsejaros que echéis un vistazo a esas carpetas con fotos que muy probablemente guardáis y que no véis desde hace años. Fijaros en los detalles y tratar de recordar cual era vuestra situación en ese momento, qué veíais, a qué olía... y viajad con la mente...

 

 

     Hablamos más tarde, voy a pasar la mañana a los templos y palacios de Jaipur, en India.

 


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Mi mayoría de edad fotográfica

 

     Es tan fácil encontrar satisfacción en el hecho de contar las historias que has vivido mientras fotografiabas; lo que subyace detrás de cada fotografía tiene tanto peso emocional que muchas veces nos ciega (o nos ilumina) para valorar erróneamente una fotografía. He recopilado una galería retrospectiva he dejado a un lado el factor emocional, he recurrido a muchas personas, y muy diversas, pero antes, te invito a que sepas cómo he evolucionado desde mis primeras fotos.

 

 

    En mis primeros años (2002-2007) la fotografía aún no podía considerarme un apasionado, casi ni aficionado. Aunque anterior a esta fecha disparé ocasionalmente con una reflex analógica, en esta etapa utilicé varios modelos de digital compacta (e incluso con móviles cuya cámara apenas superaba los 2 megapíxeles). Fotografiaba naturaleza de forma circunstancial, porque cuando tenía una cámara entre las manos estaba en la naturaleza. Por formar parte de una comunidad online artística mis pretensiones oscilaban entre lo documental y la búsqueda de la expresión personal a través de imágenes pictóricas.

 

 

     Con el paso de los años 2008-2010 encuentro en la fotografía documental de monumentos y en el paisaje urbano una gran fuente de inspiración para la pasión fotográfica que se despierta en mi. En esta etapa adquiero una cámara digital compacta de alta calidad que, al poco tiempo termino por sustituir por una réflex digital. De las ciudades y monumentos a los que tengo la posibilidad de ir no dudo en visitarlos y fotografiarlos casi de manera obsesiva, realizo los primeros viajes internacionales en busca de algunas estampas que se convierten en icónicas para mi pero que, desde la perspectiva, puedo afirmar que los resultados obtenidos en este periodo estaría más justificados por golpes de suerte que por los conocimientos técnicos o compositivos que había adquirido hasta aquel momento.

 

 

     En mi recorrido fotográfico el año 2011 supone un cambio de paradigma absoluto. Del 2010 al 2012 tengo la oportunidad de tener frente a mi ventana un paisaje urbano en el que saciar mi pasión, además, este año veo cumplido uno de mis sueños al poder fotografiar uno de los monumentos más bellos de la humanidad: El Taj Mahal. Consciente de mis carencias en conocimientos de fotografía he comenzado a invertir muchísimo tiempo en tratar de mejorar, especialmente con la lectura de obras de referencia de autores americanos; descubro a los grandes maestros del paisaje y en ellos encuentro una fuente de inspiración infinita; pero, sobre todo, es aquí cuando me doy cuenta que la fotografía se ha instalado en mi interior para acompañarme el resto de mi vida.

 

 

     Surge una etapa en la que me lanzo de lleno en la creación del que ha sido mi proyecto fotográfico más importante: el blog www.elpaisajeperfecto.com. Del 2012 al 2017 voy escribiendo, fotografiando paisaje natural y, sobre todo, mejorando mi percepción de lo que significa la fotografía para mi. Con la llegada de nuevos métodos de comunicación para aficionados y profesionales de la fotografía los blogs escritos comienzan a perder fuelle y decido dejar el proyecto a un lado, es el momento en el que me abro definitivamente a una creación fotográfica más madura, a trabajar con series y, sobre todo, a apartarme del estilo instagramista para buscar en la fotografía un medio de expresión estrictamente honesto con mi visión, mis emociones y mi modo de entender la fotografía de naturaleza.

 

 

Te invito a que visites la galería en la que he recopilado las 100 fotografías más importantes de estos 18 años:

 

www.pablossanchez.com/retrospectiva


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Buscando la Friedrichcidad

 

 

      No pierdo la ocasión de visitas los mejores museos que tengo a mi alcance. En ellos recorro salas y pasillos incansablemente en busca de los grandes maestros de la pintura de paisaje: Friedrich, Turner, Rousseau, Ruisdael, Cole, Carlos de Haes... entre los más conocidos. 

 

     Una semana después de una de las visitas más inspiradoras que he tenido, al Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, me he sorprendido a mi mismo alejándome de los marcados patrones estilísticos de la fotografía de paisaje actual hacia composiciones más pictóricas.

 

 

 

 

      Si es cierto que las condiciones atmosféricas, la orografía y la luz del momento hicieron la mitad del trabajo por mí, pero estoy convencido que existe un enriquecimiento subconsciente de nuestra percepción. Nosotros elegimos cómo alimentamos esa capacidad de expresarnos a través de la fotografía, personalmente tengo muy claro que hoy me decanto por lo sublime y majestuoso de los paisajes de los grandes maestros de la pintura.

 

 


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Mañanas de frío y niebla

 

 

      Una vez escuché a alguien decir que: después del otoño y la primavera, e incluso el verano, el invierno es mi estación favorita. Evidentemente el invierno no estaba tratando muy bien a aquella persona; día tras día cielo gris y ni una única oportunidad fotográfica. 

 

     Todos los que fotografiamos en la naturaleza nos entusiasmamos con facilidad ante los colores otoñales; la frondosidad primaveral nos impulsa a descubrir la vida en cada rincón; pero el verano y el invierno siempre quedan en un segundo plano. Para mí, somos muy injustos con una de las estaciones más atractivas en latitudes medias.

 

     Aunque en la península Ibérica suele predominar el tiempo anticiclónico en invierno: una atmósfera estancada, sucia y llena de estelas de aviones, cielos de monótono azul y ambiente relativamente seco; pero para los que madrugan es muy probable que este tiempo anticiclónico traiga mucho frío y eso significa ramas de árboles helados, ese frío trae niebla, condensación y hielo. En invierno se encuentran algunas de las mejores oportunidades fotográficas, intenta aprovecharlas y encontrarás una estación favorita más.

 

 


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Mis 9 favoritas del 2019

 

 

      El año termina y llega el momento de recopilar lo bueno del que se va y proyectar el que viene. De vez en cuando, a lo largo del año que dejamos atrás, me ha venido a la mente la idea de esta recopilación y siempre me repetía una y otra vez lo mismo "no he hecho ni 9 fotos decentes este año". Todo cambió al llegar septiembre.

 

     Este año he cumplido uno de mis sueños fotográficos: visitar Namibia con un todoterreno con la tienda de campaña en el techo. Recorrimos todo el país durante casi dos semanas y saqué todo el provecho que pude pero, seamos sinceros, me hubiera quedado un par de añitos más fotografiando allí. Aunque no lo podría calificar como "viaje soñado", hacía mucho tiempo que tenía programada una visita al sur de Inglaterra desde Dover hasta Salisbury, fue un viaje realmente encantador pero fotográficamente un desastre por causas que no cabe argumentar aquí.

 

     Finalmente, este año, para mí ha destacado por una etapa muy pasiva en la primera mitad del año y una etapa muy activa a partir del verano, cuando he visitado varios bosques en otoño (Urbasa, Otxarreta, Honfría...), la costa asturiana durante el congreso AEFONA, varias visitas a mi querida Sierra del Espinazo y varias escapadas para pequeños proyectos fotográficos.

 

Espero que disfrutes de esta selección que con tanto cariño he preparado, gracias por tu visita.

 

 

Catedral de Salisbury desde el río Avon.

Oleaje en la playa del Sablón.

Amanecer en Quiver Tree Forest.

Avellanos, niebla y otoño en el bosque la Honfría. Los árboles de Dead Vlei.

Luz delicada en el Laberinto de Arno.

Una casa en Kolmanskoop.

Atardecer de Etosha.

Arco y montañas de Spitzkoppe al atardecer.



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Fotografía en buena compañía

 

     Del 6 al 8 de diciembre, como suele ser habitual en estas fechas, se celebró el congreso AEFONA 2019. En esta ocasión tuvimos la suerte de poder disfrutar de un entorno que cuenta con unas localizaciones fotográficas muy atractivas para la fotografía de paisaje: como es la playa de Bayas.

 

     En esta playa nos reunimos unos cuantos para hacer una escapada al amanecer. Era el sitio que estaba previsto dentro del programa del congreso, lo que no estaba previsto es que nos reuniéramos un número tal como aquel día. Por lo general, en las salidas fotográficas del congreso hay una buena afluencia de público, pero parece que aquel día, atraídos por una localización singular pudimos disfrutar de una multitudinaria sesión.

 

     Personalmente me decanto por fotografiar en soledad, pero hacía mucho tiempo que no lo hacía en compañía, en especial de buenos amigos. Como cada año es un placer volver a reencontrarnos en el congreso anual de AEFONA, disfrutar de extraordinarias ponencias, comidas y cenas con interminables charlas sobre aventuras fotográficas y experiencias en la naturaleza. Como cada año, vuelvo del congreso AEFONA con muchas ganas de que llegue el próximo.

     


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Las mejores luces de mi vida

 

     Llega un día en el que decides darle una vuelta de tuerca a tu modo de fotografiar y planeas salir mucho antes del amanecer, ubicarte en un lugar concreto tras caminar varios kilómetros en la más profunda oscuridad. Hasta entonces la fotografía simplemente me encantaba; aquellas luces del 10 de octubre de 2012 me cambiaron para siempre, en ese momento supe que la fotografía se convertía en una pasión que me acompañaría toda mi vida.

 

     Hasta hace pocos días nunca había tenido la ocasión de repetir una situación que se asemejara a la de aquel amanecer de otoño. Cientos de salidas en playas, montañas, desiertos, humedales... en ningún lugar de ningún país había encontrado una situación que estuviera a la altura.

 

     De una de mis últimas salidas por "mi hogar" fotográfico, la sierra del Espinazo, me quedó pendiente probar una localización. De manera muy casual hace unos días fui exclusivamente a ubicarme en un punto que había localizado en la anterior salida para probar qué pasaba con el sol en estos días, una posición avanzada hacia el solsticio de invierno. Lo más probable es que no hubiera salido a hacer fotos, que aquella tarde no hubirrs estado allí, pero el destino quiso que otro espectáculo de luz inigualable se presentara ante mi cámara.

     

 

     El sol se coló entre un pequeño hueco en las nubes para iluminar la atmósfera cargada de humedad del valle. Un espectáculo que tiñó de naranja las montañas durante menos de un minuto ¡si! tuve menos de un minuto hasta que el sol se volvió a esconder para no volver dejarse a ver aquel atardecer. Aunque hay ocasiones en las que he presenciado espectáculos de luz más increíbles que este, no había tenido ocasión de fotografiarlos.

 


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El mundo desde una perspectiva etérea

 

     Cuando hace tan mal tiempo que la mayoría de las personas, con capacidad para razonar, se quedarían en casa, es cuando surgen las mejores oportunidades fotográficas. Hace 6 años ni siquiera hicimos cálculos del panorama metereológico que nos íbamos a encontrar, sólo sabíamos que haría muy mal tiempo, pero la experiencia nos decía que surgían buenas oportunidades. 

 

     Llegamos al risco de La Torrita poco antes del amanecer, no había dejado de caernos agua durante la hora y media que tardamos en llegar desde el coche. Con las primeras luces, a pesar del chubasquero, estaba empapado, más incómodo que un gato en la bañera. Todo se olvidó cuando apareció ante nosotros aquel espectáculo irrepetible, incluso nos olvidamos de hacer fotos. Llevábamos una idea en la cabeza pero la razón desapareció y comenzamos a disparar  con el teleobjetivo a los jirones de niebla que parecían jugar al escondite entre las montañas. El puntito rojo a la derecha del risco soy yo:

     

 

     Hace unos días encontré una situación parecida. El mal tiempo me motivó a fotografiar un bosque de hoja caduca en plena otoñada, pero antes de que la luz llegará decidí asomarme al amanecer a un alto para ver si con el mal tiempo se producía el milagro de la luz. Las condiciones de esta mañana me recordaron a las de hace 6 años y disparé con la misma perspectiva que aquel día. Al repasar las fotos encontré un nexo, no sólo estilístico sino también emocional, con una pequeña diferencia: hace 6 años aquellas fotos quedaron olvidadas en el disco duro, sabía que eran buenas pero ahí quedaron. Ahora, con más experiencia, he podido mezclar las fotos de ambas sesiones para dar vida a la serie más "madura" desde que tengo una cámara entre las manos, bienvenidos al planeta etéreo: 

 


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Ser rico no es sólo tener dinero

 

     Esta foto no es más que puro "postureo" pero hay veces que me encaja una persona en algunos paisajes, humanizarlos para transmitir algunas emociones que el paisaje por sí mismo no puede. Hace unos días, mientras fotografiaba estos riscos me encontraba realmente satisfecho, por una parte por volver a la sierra del Espinazo tras una temporada sin ir por allí y por otra por encontrar una nueva localización para fotografiar. 

 

     Sentir satisfacción por llevar unos meses sin ir es comprensible, pero ¿por encontrar una nueva localización? pensaréis que el mundo está lleno de lugares que aún no han sido fotografiados, al menos desde una perspectiva artística-paisajística. En esta sierra he recorrido más de 300 km en los últimos 8 años, más de 40 salidas fotográficas; no es que lleve la cuenta pero hace unos días, tras subir la ruta de la última salida marqué la opción de visualizarlas todas en el mapa y me sorprendió la cantidad de veces que he pasado por algunos sitios, dejo foto:

     

 

     En definitiva, estaba fotografiando estos riscos y, como he dicho, me sentía tan satisfecho que estaba absolutamente convencido que, al menos en ese momento delante de aquellas rocas, con mi cámara y el sol asomando entre las montañas no necesitaba nada más para ser feliz, me creía la persona más rica del mundo. Entonces comencé a pensar que, la riqueza es algo objetivo, es rico el que posee bienes materiales, pero ¿existe alguna definición para esta sensación? ¿es algo puramente objetivo? o ¿una persona que tiene más de lo que necesita es rica? 

 


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Huele a otoño

 

     De todas las estaciones la que me despierta más escandalosamente de mis letargos fotográficos es el otoño. Para mí es una estación casi mágica en la que el silencio y la paz del bosque te envuelve entre humedad, luz y una pequeña explosión de vida antes de la llegada del crudo invierno. Todas las salidas fotográficas que más me han marcado, en un modo u otro, siempre se han producido en otoño. En el centro de la península el verano no ofrece muchas posibilidades, pero con la llegada del otoño llegan los colores a los bosques caducos, las primeras lluvias transforman el paisaje semiárido y el solsticio cambia la posición del sol para ofrecer una luz especial que se transforma en un espectáculo de luz al amanecer y atardecer.

 

     Repito localizaciones en esta época: Garganta de Bohoyo, Bosque de la Honfría, El Tiemblo, Ogesto... en Urbasa he estado en varias ocasiones, pero nunca en la zona del laberinto de Arno. Aunque cuando he estado, las primeras hojas comenzaban a coger color, y apenas puede hablarse de otoño me he encontrado un bosque que si le damos una semanita más ofrecerá un espectáculo singular. Las lluvias y las temperaturas de los últimos días han hecho que las hayas definitivamente corten el flujo de savia, la clorofila se retire y comiencen a dominar en las hojas los tonos dorados de las sustancias que comienzan a oxidarse en ellas.

 

 

      Tengo mil planes en la cabeza ahora que parece que ha llegado el momento ¿y tú? Prepárate para los próximos días, el otoño ha comenzado, ahora sí, delante de nuestras cámaras.

     


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Gigantes de otros tiempos

 

     Cada año planifico las visitas en función de la estación y el embalse de la Almendra suele tener su hueco reservado entre la primavera y junio en función del nivel del agua embalsada. La escasez de precipitaciones de este año ha provocado por una parte que el nivel mes tras mes sea lo suficientemente bajo como para que los tesoros escondidos bajo el agua continúen emergidos y, por otra parte, el resto de localizaciones que tienen su lugar en estas fechas no han llegado a alcanzar el suficiente atractivo por este mismo motivo.

 

     Antes del cambio de hora el amanecer es ideal, que el sol salga a las 8:30 h te permite llegar a la localización sin que haya que madrugar demasiado. Suena el despertador a las 5 de la mañana. A las 5:30 h comienzas a conducir con la ciudad el campo aún durmiendo. Llegas a las inmediaciones del embalse, silencio absoluto, negrura total, soledad. Con la tenue luz del frontal comienzas a caminar por el paisaje muerto del lecho del embalse seco, una hora más tarde, sobre las 7:15 h llego a la zona que he seleccionado y comienzo a explorar.

 

     El objetivo de esta salida son las grandes encinas, sin lugar a dudas. La mayoría de los ejemplares más grandes ya no están en pie, es un suelo poco profundo, las raíces crecen muy disgregadas y las largas temporadas expuestas a los elementos y la gravedad fuera del agua han hecho su trabajo. Tras varias largas exposiciones con los primeros resquicios de luz del día comienzo a escrutar el cielo para estudiar la dirección de las nubes y como estas pueden interactuar con los rayos del sol cuando emerjan y está claro que los cirro-cúmulos que se desplazan de sur a norte son el mayor atractivo. Dos exposiciones intercaladas por unos minutos para calcular dónde estarán unos 15 minutos antes de que salga el sol, que será el momento en que por la altura a la que están se iluminen, y ya sé hacia dónde tengo que disparar.

 

     Selecciono unas encinas que parecen estar perfectamente alineadas entre ellas y con el horizonte. Varias pruebas con ISO alto para que la cámara me confirme lo que creo que veo y coloco el trípode. Aún faltan 20 minutos para que el sol ilumine las nubes, me como el bocata mientras hago varias tomas de prueba. Llega el momento que he calculado y se hace la magia de la fotografía de paisaje:

 

     


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El pueblo del desierto

 

     Kolmanskop puede englobarse en la típica descripción de pueblo abandonado, pero la realidad es que cuenta con una historia tan inverosímil que lo convierte en único. Muy resumidamente se puede decir que se trata de arquitectura colonial alemana de finales del S. XIX y principios del XX cerca de la actual localidad namibia de Lüderitz. En aquella época se encontraban diamantes en las arenas del desierto con relativa facilidad, llegaron a extraerse 1.000 toneladas, lo que hace que económicamente sea viable una ciudad tan extravagante como esta.

 

     En pleno desierto del Namib se erigieron casinos, escuelas, hospital, mansiones, estación de tren... y los colonos alemanes de la época querían sentirse como en su Baviera natal impregnando a la arquitectura de estas construcciones del más puro estilo de la región alemana. Los diamantes comenzaron a escasear, el pueblo se abandonó y el tiempo no perdonó. La arena ha invadido las casas, la brisa marina y el viento del desierto han hecho lo propio para hacer de este pueblo una ruina decadente, de apariencia arquitectónica descontextualizada que nos traslada a otra época, casi a otra realidad paralela. 

 

     ¿Merece la pena recorrer 600km para ver este lugar? puede que la galería de imágenes te ayude a responder a esta pregunta. He tratado de capturar la esencia del sitio centrando la atención en puertas y ventanas, como símbolos del paso de una época a otra, de aquella realidad minera colonial a la turística de hoy en día, del momento en que la fiebre de los diamantes le permitía vivir en su burbuja de opulencia a la mas fiel y cruda realidad en la que el desierto reclama su lugar.


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Los árboles eternos

 

     Sales de casa y sabes que te quedan por delante 15 días disparando fotos en Namibia, para ser más concreto he hecho unas 4000. Sabes que hay una serie de localizaciones que tienen un potencial mucho mayor que otras, las has estudiado más o simplemente coincide que, en el momento que las visitas, es cuando muestran su mejor cara.

 

     Sabía que el desierto de Namib era una de las joyas del viaje y, dentro del Namib, más concretamente lo era Dead Vlei. Creo que nunca podré olvidar mis sensaciones al ver por primera vez este lugar: caminas por la arena durante unos 15 minutos y cuando terminas de subir una pesada duna aparece este lugar a lo lejos. Una explanada blanca de pocas hectáreas salpicada por algo menos de medio centenar de árboles. Bajas la duna para llegar a la superficie blanca, un lecho de lago seco de arcilla blanca cuarteada, una locura ¡sólo el suelo da para un día entero sin levantar la cámara! Levantas la cabeza y en el momento que ves el primer árbol la mente comienza a divagar, piensas Fondo oscuro, reflejos de la luz del sol del suelo, tangencia de ramas, atmósfera cargada de polvo, sol lateral, enmarcar con las ramas... si hubiera puesto en práctica todo lo que se me pasó por la cabeza en apenas un instante todavía seguiría haciendo fotos allí.

 

     En definitiva, en Dead Vlei se pueden hacer algunas fotos buenas, pero no son las fotos el tesoro más valioso que me he traído de allí. Aquí he podido vivir una de las experiencias más intensas del viaje a Namibia (una de tantas) y es una percepción del tiempo más allá de la existencia humana. Allá por el año 1200 crecían estas acacias de las que hoy sólo quedan troncos ennegrecidos por el abrasador sol del desierto, la arena, que un día las enterró llegó hasta aquí hace 5 millones de años arrastrada por un caudaloso río del que hoy no queda ni el nombre, y el lecho arcilloso nos lleva a una época mucho anterior, te das cuenta que el ser humano es sólo una pequeña fracción de tiempo en la existencia de este sitio, te sientes pequeño, insignificante, ante un lugar que es uno de los protagonistas de la eternidad de nuestro planeta.


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Un nido frente a mi ventana

     Puedo considerarme afortunado porque una pareja de palomas ha elegido la acacia frente mi ventana para construir su nido. A escasos dos metros he ido viendo como día a día iban colocando ramita a ramita en el nido, la puesta de los huevos y tras la incubación ha llegado el gran momento: el primer polluelo. 

 

     La llegada al mundo de este pequeño ha coincidido con una fecha que le imponemos en el calendario a los animales salvajes: la apertura de la media veda. Con la llegada de agosto llega uno de los momentos más felices para los cazadores pero también uno de los más difíciles para las especies calificadas como cinegéticas. Miles de cazadores salen al campo tras el parón de primavera/verano para volver a la actividad que tanto les apasiona.

 

     Hasta el 25 de agosto no debería cazarse ninguna paloma pero... ¿qué ocurre si a uno de los cazadores de gatillo fácil (casi todos) se le cruza una paloma antes de esa fecha? Pues que le va a disparar sin dudar. ¿Qué ocurrirá con los polluelos que están esperando en el nido? Que morirán y al próximo año no habrá ni paloma ni polluelo. Así de sencillo.

 

     No sólo es importante que los cazadores respeten fechas, cupos y especies, es necesario un control más intensivo de la administración sobre la ecología de las especies, la educación y las aptitudes de los cazadores para evitar que las poblaciones de muchas especies salvajes se encuentren al límite de su existencia. Uno de los representantes del colectivo cinegético calificaba en los medios de comunicación el pasado 15 de agosto la apertura de la media veda como catastrófica en cuanto a capturas. Era de esperar. El próximo año se repetirá la misma historia.


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Paisajes Romanticistas de Inglaterra

     Parece que la fotografía reinventa constantemente nuevos métodos y técnicas para que los que aprietan el disparador tengan a su disposición las herramientas adecuadas para poder expresarse. Creo que echar la vista atrás, a los paisajistas romanticistas puede ser un campo muy amplio en el que poder encontrar un nuevo área de trabajo y, sobre todo, mucha inspiración. 

 

     El romanticismo es un movimiento que se desarrolla en la primera mitad del siglo XIX para par prioridad a los sentimientos frente a las normas más rígidas del Neoclasicismo. Sabía que un viaje a Inglaterra, visitando castillos, grandes catedrales góticas y paisajes que inspiraron a pintores romanticistas hace casi 200 años, iba a nutrirme en este sentido.

 

     Esta fotografía representa la catedral de Salisbury en la misma perspectiva que John Constable la representa en 1830 en su obra "Salisbury Cathedral from the Meadows". Ni mucho menos consigue atrapar la esencia temporal y la sublimidad con la maestría que lo hace Constable, no por las limitaciones de la fotografía en ese sentido frente a la pintura; es un campo en el que la fotografía digital puede desarrollarse (y al que me sumo) para que la fotografía de paisaje pueda encontrar una vía de escape frente a los cánones tan rígidos y estridentes de "belleza" que saturan las redes hoy en día. 


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Las tierras muertas de Valjagado

 

     Un día descubres que en los libros están las respuestas, comienzas a leer autores americanos que te cuentan sus andanzas fotográficas por los desiertos del medio oeste; es más que suficiente para que un entusiasmado aprendiz de fotografía de paisaje idealice el concepto de belleza en sujetos inertes. Un tiempo después, en una etapa de búsqueda enfermiza de localizaciones en Google-Earth una foto de amigos en excursión de domingo lo cambia todo. La foto se titulaba Rasica.

 

     Cielo azul, rocas entre indio y beis de granito que con la intensidad de la luz directa del atardecer el medidor del modo automático de la compacta con la que estaba hecha la foto los había intensificado hasta llegar a un acertado error. Sobre las piedras dos personas. Esta escena no hubiera significado nada para mí de no ser porque aquellas rocas me trasladaron al instante a los desiertos americanos. Exploré aquella zona, Rasica, y pronto descubrí que no era más que el lecho desprovisto de vida de un embalse. No era el paisaje eterno de Death Valley, Arches o Monument Valley pero me servía para dar rienda suelta a la ausencia de vida natural como concepto de belleza.

 

     Han pasado varios años, más de los que me atrevo a contar sin dejar escapar un suspiro, desde que una tarde de junio Jenny y yo nos dejamos nuestras huellas en la arena granítica. Atardecer, merienda sobre las rocas, un par de nocturnas y el gusanillo de repetir. Han sido muchas visitas y con cada una he descubierto muchos nuevos motivos para volver, pero nunca había estado al 40% (en un territorio de unas 20.000 hectáreas bajo el agua el nivel lo cambia todo). Ahora he encontrado un bosque de encinas petrificado, un gran hito de granito que sobresale sobre el agua y, lo que es más importante: he perdido el miedo a hacer fotos (ya no creo que si no hago lo que hacen los demás no lo hago bien).

 

     La foto no tiene truco, está disparada directamente a blanco y negro. Atardecer a mi espalda, un claro sobre el horizonte a la derecha de la encina muerta. Filtro degradado para dar dramatismo a la encina perfilada sobre el claro y dejar algo de detalle sobre las rocas del primer término. Unas curvas en Photoshop y listo.


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Mis 9 favoritas del 2020

 

     Termina un año imprevisible, de cambios, en el que nada ha sido lo que esperábamos. En mente tenía viajes a Egipto, Turquía, Perú... de echo, a sólo un día de reservar los vuelos para ir a Egipto, comenzó el confinamiento de marzo; y el 2020 se ha convertido en el año más extraño para fotografiar paisaje de todos los que he vivido. A lo largo de los meses hemos acatado las restricciones para salir a fotografiar cuándo y dónde se ha permitido, pero eso no ha sido impedimento para que la mayoría hayamos encontrado en la naturaleza una vía de escape a una situación excepcionalmente compleja. 

 

     Una y otra vez me choco contra la realidad para darme cuenta que cada experiencia es enriquecedora (no sólo fotografiar en el desierto Blanco, Capadocia o el Machu Picchu) y llegar la conclusión, tanto como resignarme, a que la mejor foto de paisaje no está tanto determinada por el lugar como por nosotros mismos y las condiciones del momento. Un año sin viajar ha sido la oportunidad ideal para explorar la ribera del Tormes a su paso por Salamanca; necesitas enfrentarte a una situación como esta y haber comenzado un proyecto fotográfico concreto para descubrir que a dos minutos de casa, y en plena ciudad, tienes un pequeño oasis fotográfico. 

 

     He tratado de exprimir las localizaciones de la provincia y la región, he realizado una "expedición" con Fiti (mi burro) para pasar dos días en la sierra del Espinazo y fotografiar el cometa Neowise. Este año también me ha permitido reordenar todos los proyectos fotográficos que tenía abiertos, realizar una galería retrospectiva... creo que quien opine que fotográficamente es un año muerto es porque no ha puesto lo suficiente de su parte. Si una puerta se cierra es una oportunidad para buscar una nueva salida y comenzar a trabajar en los proyectos fotográficos del 2021.

 

Espero que disfrutes de esta selección que con tanto cariño he preparado, gracias por tu visita.

 

 

Luces de tormenta en los acantilados de Gueirúa.

Pino sobre el mar de nubes.

Amanecer en la playa de Gueirúa.

Flores de erizón con estrella Polar.

Atrapado en el bosque.

Remolino de hojas en la garganta de Muñogrande.

Árboles escarchados.

Atardecer de invierno en la catedral de Salamanca.

Últimas luces en la sierra del Espinazo.



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He preguntado qué foto os gusta más y este es el resultado

       Recopilando las fotos que he hecho en 2020 que más me han gustado, a la hora de repasar las que hice en un amanecer en la playa de Gueirúa, Asturias, me surgió una duda: cuál de estas dos imágenes era mejor. De toda la sesión, son las dos mejores y, aunque a simple vista son parecidas parece es evidente que en la 1 (izquierda) el cielo tiene mucho protagonismo, mientras que en la 2 (derecha) es el primer término lo más destacable de la foto. 

 

     Al no encontrar un argumento de peso que me hiciera decidirme por una u otra me propuse consultarlo por redes sociales para conocer la opinión de los demás y ver qué opinaba el resto. Pregunté por Twitter, Instagram y Facebook y los votos obtenidos han sido los siguientes:

 

Foto 1: 24 votos

Foto 2: 23 votos

 

     Con este equilibrio está claro que no hay nada que realmente haga destacar a una sobre la otra por lo que creo que la decisión, además de en mi mismo, hay que buscarla en los argumentos aportados en los comentarios. Lo que más destaca de la primera es, sin duda, el equilibrio de los elementos, en la segunda es una composición muy "correcta", tal como dice Alberto Tormo:

     Tal como había observado, el primer plano guía muy bien la mirada hacia la imagen y transmite mucho mejor la sensación de lugar, tanto Jep Flaqué, David López y Yarky Moguel lo indican en sus comentarios:

     Sin embargo, hay otros comentarios que argumentan todo lo contrario, indicando que ese primer término tiene demasiado peso visual. Hay estudios que indican que en este tipo de paisajes dos tercios de la imagen sean ocupados por el primer término puede ser una proporción muy correcta. Paco Pulido indica que al ser una zona demasiado blanca se queda con el peso visual de la imagen:

     Cuando hice esta fotos, aunque estén numeradas como 1 y 2 lo cierto es que cronológicamente están realizadas al contrario. Comencé disparando la 2 y, al observar que el cielo estaba ganando color e interés decidí variar la composición situando el horizonte prácticamente centrado para dar protagonismo al cielo en general sin cortar la nube de la izquierda arriba en la imagen 1. Por lo tanto la imagen 1 es una evolución de la 2 durante la sesión. Esto lo comenta David Frutos:

     Pero hay un comentario que se inclina por la imagen 1 que ha sido el que me ha hecho decidir que prefiero esa imagen sobre la 2, y es el tiempo potencial que puede llegar a atrapar la vista del espectador:

     Pero hay un factor que no se ha mencionado sobre la imagen 1 y su "mensaje", que es lo que creo que hace que sea una foto mucho más completa que la 2 y es que su mensaje es mucho más completo. Con el paisaje natural hay cierta complicación en plasmar yuxtaposiciones (elementos o características opuestas o enfrentadas) y en la foto 1 hay una clara yuxtaposición entre la parte superior con tonos pastel, formas suaves y ligeras de las nubes confrontadas con la parte inferior, más oscura sin color, rocas contrastadas con las líneas de la espuma: suave-tosco / delicado-rudo.

 

     La mayoría de las personas que vean esta foto en redes creo que van a considerar mejor la 2, sin embargo creo que es muy "obvia", primer término con protagonismo, agujas icónicas de un lugar conocido y cielo coloreado. Pero una imagen que se va a ser observada en una pantalla de móvil durante unos segundos necesita de un elemento menos obvio y más llamativo para llamar la atención (la nube), si esta consigue capturarte creo que el potencial de la imagen 1 es mayor para tocar un poquito más la sensibilidad del espectador.

 

     Muchas gracias a todos por vuestros votos y opiniones.


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Mi DJI Mini 2

 

   Hace muy poco, y casi sin esperármelo, me encontré entre mis manos esta pequeña maravilla de la tecnología, el DJI Mini 2. Aunque nunca he sido partidario de opinar sobre productos es cierto que en esta ocasión no puedo resistirme, este pequeño aparato me ha conquistado (fotográficamente hablando). Voy a contar qué me ha parecido en mis primeras salidas fotográficas, aunque tengo que comenzar diciendo que mi experiencia haciendo "reviews" de productos se limita a otro artículo y este, por lo que todo lo que escribo se centra únicamente en una opinión subjetiva y un planteamiento muy básico de lo que analizo. 

 

     Lo cierto es que hace años que tenía ganas de grabar y fotografiar con un dron, desde que hace años ayudara a un amigo con el rodaje de un documental para el que utilizó un DJI Phantom, comencé a sentir atracción hacia este tipo de aparatos. Poco a poco fue cayendo en el olvido hasta que nuestros últimos proyectos nos han hecho plantearnos la posibilidad de adquirir uno. Dadas las circunstancias el modelo ideal ha sido el DJI Mini 2.

 

     ¿Porqué este modelo? ligereza: cabe en un bolsillo y pesa menos de 250 gr., en travesías de muchas horas o incluso días sería inviable cargar con los modelos superiores. Legalidad: dadas sus dimensiones hay menos restricciones sobre los lugares y circunstancias en las que puedes volar. Prestaciones: con vídeo en 4K y foto con RAW tiene todo lo que buscamos, pero a esto hay que sumar compensación de exposición, ajuste de proporciones de imagen y zoom (digital). Precio: es ligeramente inferior a los modelos siguientes.

 

     ¿Qué es lo que no tiene? para mi, lo único que podría ser destacable y que le falta frente a modelos superiores es la detección de obstáculos laterales y el vídeo a 60 fps (a 4K el máximo es 30 fps). Más allá de esto es posible que una resistencia al viento mayor sería deseable pero hay que ser realistas y la estabilidad que tiene dado su peso y tamaño resulta casi increíble. Tengo que señalar que el "gimball" hace un salto extraño cuando está en picado y el dron el movimiento, una especie de salto que parece ser común a todos los dispositivos (no es un fallo propio del mío).

 

     Teniendo precaución y evitando volar en un momento de fuertes rachas de viento el dron se ha comportado de manera estable en todo momento: las tomas de vídeo han sido fluidas , tanto con los recorridos preestablecidos como otros que he comenzado a ensayar. Fotográficamente es tan sencillo como que lo colocas a la altura y perspectiva que quieres y haces la foto, listo. La sensación es que a pesar de que su precio pueda parecer elevado, el nivel de tecnología que adquieres es muy superior a lo que pagas.

 

     Cuando llevas tantos años fotografiando a ras de suelo y, cuando buscas una perspectiva diferente, trepas a cualquier lugar para obtener un encuadre mejor, el hecho de comenzar a fotografiar desde el aire te abre las puertas a un mundo nuevo por descubrir. Creedme, la perspectiva que ganas sobre el paisaje te lleva a otro nivel fotográfico y tengo que reconocer que, ese aire fresco a nuevos planteamientos fotográficos es lo que destaco por encima de todo.

 

     ¿Lo recomiendo para fotografía de paisaje? realmente si ¿creo que es el modelo óptimo para fotografía? tendría que probar otros modelos pero al menos de este no echo nada de menos que tenga constancia que tengan los demás, supongo que con el tiempo el software incluirá un mayor control sobre la imagen que capturamos: contraste, temperatura de color, dominantes, nitidez... opciones creativas desde el punto de vista fotográfico.

      


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Fotografiando otra realidad

 

 

      Desde que un concepto aparece por primera vez en nuestra mente hasta que lo representas y analizas pueden transcurrir décadas, ese es mi caso con las fotos de las que hoy escribo (y después con estas líneas). Hay algunos cuadros cuyo contenido ha dejado una impronta en mi percepción, una marca casi invisible, un ejemplo muy representativo para mí es la "Vista del jardín de Villa Medici" de Velázquez. Os voy a contar cómo he vinculado el concepto que ha creado en mi esta obra y cómo ha evolucionado ese concepto en la serie fotográfica que aquí presento.

 

     Más allá de su relevancia y lo que representa en la historia del arte, este cuadro ha conseguido desarrollar en mi un concepto que, a lo largo de mi vida, he ido percibiendo en muchos otros lugares. Este concepto, que generalmente surge de una percepción subconsciente de lo que nos rodea, lo podría definir como "arquitectura delegada" o "arquitectura degradada" (no lo confundamos con abandono), pero ¿Qué significa esto? vamos a observar con detalle el cuadro.

 

     El elemento más destacado del cuadro es una serliana, combinación de arcos característica de los grandes palacios renacentistas y neoclásicos. Estos arcos están cegados con tablones de madera irregulares y destartalados; a la derecha, entrecortada y direccionada hacia el exterior probablemente pudiera ser una escultura del dios griego Hermes. Sobre la balaustrada una mujer extiende una sábana y frente a los arcos dos soldados parecen charlar de cuestiones cotidianas. Con respecto a la vegetación, los setos están recortados y cuidados pero a los pies de estos la forma y el color del trazo es irregular lo que me hace pensar que crecen plantas espontáneas y el mantenimiento del jardín del palacio no es continuado y regular; esto lo encontramos también los cipreses: una de las ramas se desprende a la izquierda de la balaustrada y en general crecen desordenadamente, lo que nuevamente me lleva a pensar que no hay cuidados culturales que les haga mantener su función estética y recreativa. Incluso la luz es difusa y, al fondo, tras las nubes, el cielo parece oscurecerse.

 

     Todo lo que veo en el cuadro me lleva a un momento en el que el gran palacio renacentista no mantiene el estatus y la relevancia que un día tuvo. Lo realmente significativo de este concepto de degradación no es lo formal, sino una degradación política, social y económica vinculada a una obra arquitectónica. No me refiero a ruina o abandono, es un cambio vinculado al uso.

 

     Esta idea la percibí por primera vez con este cuadro, pero de un modo totalmente subconsciente. A lo largo de los años este concepto se ha cruzado en mi camino en multitud de ocasiones: visitando el castro de Coaña, frente a lo que parecía ser el edificio más importante, la residencia nobiliaria o palacio dentro del poblado, la transcendencia que tuvo aquella construcción ahora está relegada a un elemento arquitectónico más dentro del castro que recorren turistas. Otro ejemplo es la imagen de la izquierda: los jardines del palacio de Sotofermoso. Cuando observé esta imagen por primera vez me causó un fuerte impacto, estado ruinoso de un ostentoso elemento arquitectónico en un ambiente rural extremeño y que en la actualidad sirve para poco más que apoyar vallas de uso ganadero o de la construcción.    

 

 

     De nuevo, durante una visita turística al convento de San Esteban, en Salamanca, me volví a encontrar con este concepto de "degradación". El recorrido turístico nos muestra la relevancia histórica, eclesiástica y social vinculada al edificio, su transcendencia durante el periodo de influencia e intercambio cultural en Latinoamérica desde el comienzo de la época colonial. El contraste es llamativo: pasillos que han recorrido personajes históricos ahora los recorren visitantes que pagan su entrada (y, evidentemente, la comunidad eclesiástica actual); en las salas que se tomaron decisiones que cambiaron el rumbo de la historia hoy se repiten audiovisuales modelados para que el público consiga comprender la importancia de este lugar.

 

     Al llegar a la sacristía del convento, de nuevo esa percepción: ostentosas casullas de seda con bordados dorados, muy degradadas, expuestas en vitrinas. En las paredes espejos picados, deformados y deteriorados en los que ahora los turistas se hacen "selfies". De repente el reflejo de esos espejos me mostró ese concepto de degradación arquitectónica que percibí dos décadas antes al ver por primera vez la obra de Velázquez y aquí encontré la oportunidad para desarrollar y representar ese concepto en una serie fotográfica.

 

     Son fotografías realizadas al reflejo de los espejos de la sacristía, busco una perspectiva que me permita encuadrar elementos arquitectónicos de la sala; zonas en sombra e iluminadas, estos elementos los represento nítidos pero deformados por el espejo y con las picaduras desenfocadas manchando y degradando esa nitidez. Con las fotos de ese reflejo borroso y deformado de la disciplinada arquitectura renacentista he conseguido representar de manera subjetiva el concepto de degradación arquitectónica, esa "Otra realidad".

 


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Encontrar lo que no buscas

 

    Si hay algo que me produce una sensación placentera a la hora de fotografiar son esos momentos de absoluta evasión de la realidad. Al aplicar ciertas técnicas y estar completamente inmerso en un proceso creativo puedo llegar a pasar horas completamente abstraído, con todos mis sentidos puestos en las fotos que estoy haciendo. Cuando algo te "despierta" y vuelves a la realidad, ese momento de transición desde la pura concentración a tu realidad podría ser algo parecido al Nirvana, es como si la mente volviera a nacer. Por desgracia, al instante vuelves a darte cuenta que estás mojado, hace frío, es tarde, tienes hambre, el coche está en reserva ¿habré perdido las llaves? ...

 

    Admito que estos momentos de concentración no son fáciles de conseguir y cada día me cuesta más alcanzarlos pero, por lo general, suelen ser muy fructíferos en cuanto a resultados. Llegar a un sitio y hacer la foto obvia está bien, pero siempre esperas encontrar lo que no estás buscando, esto me pasa con mucha frecuencia. La mayoría de las veces encuentras fotos que podrían acabar en la papelera, pero resulta curioso que tengas que fotografiar concentrado, evadido de la realidad, desde lo más profundo de tu subconsciente para hacer fotos que jamás te imaginarías que harías tu.

 


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Mi top 10 de bosques para el otoño

 

    Fotográficamente hablando, llega uno de los momentos más excitantes del año ¿el otoño? si. Pero tanto como el otoño, me encanta ese momento de hacer planes para fotografiarlo. Comienzas a hacer memoria de los bosques de los que más has disfrutado, otros que tienes en mente pero que nunca has estado y nuevas propuestas que surgen por el camino. Por eso, este año he querido hacer un pequeño recopilatorio de, entre los que conozco, cuales son los 10 mejores bosques para fotografiar el otoño.

 

     Llegar a un bosque en el momento de clímax del color otoñal es una experiencia que nos llena la mente (y la tarjeta de memoria). Desde hace años no falto a mis citas otoñales para conseguir buenos momentos entre la soledad del bosque, y de camino alguna que otra buena foto. De entre todos los lugares que he visitado, y otros que tengo en mente visitar creo que los mejores bosques de la península ibérica en otoño son:

 

1. Urederra, Baquedano (Navarra)

2. Vegabaño, Soto de Sajambre (León)

3. Saja-Besaya, Bárcena Mayor (Cantabria)

4. Hayedo de La Biescona, Colunga (Asturias)

5. Bosque de la Honfría, Linares de Riofrío (Salamanca)

6. Hayedo de la Pedrosa, Riaza (Segovia)

7. Castañar de Ojesto, San Martín de Trevejo (Cáceres)

8. Castañar de El Tiemblo, El Tiemblo (Ávila)

9. Selva de Oza, Siresa (Huesca)

10. Garganta de Bohoyo, Bohoyo (Ávila)

 

     ¿Tienes planes fotográficos para este otoño? ¿Cuál de estos bosques has visitado? ¿Cuál te gusta más? Deja tu comentario, justo aquí debajo.

 

 


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La playa del ¿Silencio?

 

    Para muchos, los primeros pasos que dan en el mundo de la fotografía están ensombrecidos por darle más importancia al lugar que a la foto. En esa circunstancia me encontraba la primera vez que fui a este lugar, la playa del Silencio. Parece que, si quieres que tu trabajo adquiera notabilidad y sea respetado, necesitas cumplir una serie de requisitos no-fotográficos. Entre estos requisitos, diría que uno de los más relevantes es la importancia que se le da a los lugares populares.

 

     Si tus aspiraciones fotográficas son grandes no te puedes permitir el lujo de que alguien hable de un lugar y no haber estado allí (y de paso contar una batallita). No eres nadie en esto de la fotografía de paisaje si no has estado en Islandia o Feroe, dando por supuesto que has visitado más veces Río Tinto, Barrika, Gueirúa y Urederra que a tu familia. Y, si aspiras a ser un Ansel Adams milenial de manual, ya has estado (y, por supuesto, vas el próximo año) a Dolomitas, Yosemite, Torres del Paine, Dead Vlei... (#noteselaironia).

 

     Respeto cualquier posición y planteamiento en lo que a fotografía se refiere pero, creo que hay cosas que se nos van las manos. Hace una semana estuve por Asturias, volví a la playa del silencio y ha cambiado muchísimo. Coches por todos lados, miradores abarrotados, gente, gritos, gritos, gritos,.... de todo menos lo que le da nombre: silencio. Observo un patrón que se repite: aparcar, mirador, "selfie" y siguiente; esto no es más que el reflejo de una actitud materialista y superficial con los lugares en general y la fotografía en particular.

 

     ¿Dónde nos dejamos la satisfacción personal? la mayoría de la gente en la fotografía se preocupa más del perfil público que de los valores que nos puede aportar el hecho de realizar la fotografía en sí, ese momento, cuando disparas, haces algo relevante si lo haces tú mismo, no lo que esperas que vean los demás. Mira, observa, ama y luego pulsa el disparador. Y un poquito de silencio, por favor.

 

 


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Lugares de los que nunca volvemos

 

    Cada lugar que he visitado me ha marcado en mayor o menor medida, pero siempre, en algún sentido, he creído que el hecho de haber visitado esos lugares me había aportado algo bueno o nuevo. Hace unos días comprendí que era justo al contrario, con cada lugar que visitamos una parte de nosotros se queda allí.

 

     Hacía años que no leía a Pérez-Reverte en su "Patente de Corso", un artículo que podéis encontrar en la publicación XLSemanal. El primer párrafo me cautivó, al leerlo comprendí que mi planteamiento con respecto a los lugares que he visitado podría ser justo al contrario: "Hay lugares de los que nunca regresas del todo. Se quedan suspendidos en el tiempo y la memoria, y de vez en cuando cierras un momento los ojos -a veces ni siquiera hace falta cerrarlos- y te encuentras de nuevo en ellos. Hasta puedes oírlos y olerlos." Tal vez no se trate de que te traigas algo, si no de que una parte de ti se ha quedado allí.

 

      A medida que van pasando los años es una sensación cada vez más sutil, pero con los primeros viajes y lugares que visitaba, siempre, absolutamente siempre, tenía la sensación que una visita fugaz podía compensarse con la esperanza de volver. Con los años terminas convenciéndote que hay lugares a los que nunca regresarás, si no es desde la memoria y la impronta que dejaron en ti las experiencias vividas.

 

      Visitar un lugar implica algo más que la excursión de unas horas desde un ferry o un crucero, algo más que una parada en el camino; deja una parte importante de ti en cada lugar, que tu huella esté muy presente para que cuando quieras volver, te encuentres a ti mismo, y todo en lugar en el que estaba.

 

 


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Nuevos tiempos, buenas oportunidades

 

    Todos teníamos muy claro que este no iba a ser un verano como otro cualquiera. Parece que en estos días calurosos apetece más que nunca perderse en la naturaleza, disfrutar de la sombra de los árboles cuando más calor hace, refrescarse en el río después de una caminata; volver a sentir ese contacto del que nos hemos visto privados durante meses.

 

     Últimamente he realizado varias visitas al valle de Batuecas, lugar que he recorrido mil y una vez pero que parece haberse convertido en el refugio ideal para estas primeras semanas del verano. Allí, entre rutas, visitas y descanso he vuelto a pasar por un lugar geológicamente muy especial; una roca que durante miles de años, el río Batuecas, ha tratado con el mismo cariño que Miguel Ángel lo hiciera con los mejores bloques de Carrara, convirtiendo la roca en pura belleza.

 

 

     Cargado sólo con el 50 mm fijo he vuelto a fotografiar esta zona en las mismas condiciones en las que lo hice en 2015, retomando un camino de abstracción que ha despertado la chispa interior con la suficiente intensidad como para volver a trabajar en una idea que surgió hace 5 años: una serie abstracta basada en el río, cómo el agua y su corriente juega con la luz y la roca para abrirnos la puerta a un mundo tan misterioso como atractivo.

  

 

      Aún no tengo claro cómo unir estos dos conceptos para que surja algo coherente, pero el el hecho de volver a trabajar en esta zona y en estas ideas me motiva muchísimo. No tengo claro como lo haré, pero sé muy bien cómo quiero pasar estas tardes de verano: junto al río, en buena compañía y disfrutando del agradable abrazo que sólo lugares como Batuecas pueden ofrecernos.

 

 


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Lugares que invitan a soñar

 

    Hay sitios que nos marcan de una manera especial. La mayoría de los que vean esta foto pensará en lo obvio que resulta resaltar el río Tinto como un lugar que nos puede marcar fotográficamente, pero la cosa no va de eso, es algo más personal.

 

     En septiembre del 2017 con unos días por delante decidí "perderme" en el Tinto. Nunca había estado pero tampoco era un lugar que me entusiasmara especialmente. Llegué el primer día, al mediodía, cuando los 30 grados quedaban muy abajo en el termómetro y me metí por una pista que deducía que llegaba hasta la mitad del río. No había explorado ni investigado apenas antes, simplemente iba a pasar unos días y ver qué me encontraba.

 

     Al final de la pista había un pequeño descampado con cemento, una fuente y unos metros más adelante, a unos 10 metros del río un descampado en el que podía "montar campamento", comer, pernoctar... Tenía claro que el sitio era el ideal. La primera toma de contacto fue sobrecogedora: el olor, el color, las texturas... estaba realmente sorprendido. Pasé la tarde recorriendo parte de la vía abandonada, recorriendo el lecho del río y haciendo algunas fotos; me alejé demasiado y me pilló el crepúsculo no muy cerca del sitio que había elegido como "campamento". Problemas con el equipo para dormir y la noche cayó, tuve que dormir en el coche.

  

      El agotamiento del día anterior me hizo dormir ocho horas del tirón, puede parecer que todo salía demasiado bien pero me despertó el sonido de la berrea de un ciervo a pocos metros del coche. Salí, lo vi alejarse entre los matorrales pero en el barro de la orilla del río estaban sus huellas y aún podía intuir su olor. Desayuné y el entusiasmo de toda una jornada con el río y la cámara no hacía más que hacer que me regocijara en el momento tan agradable en el que me encontraba.

 

      Dos días después me resultó muy impactante volver a uno de los pueblos al salir de la pista (no recuerdo cual). Aislado en el río, sin ver a nadie, en plena naturaleza y disfrutando del espectáculo de colores y texturas que el río Tinto le ofrecía a mi cámara hace que aquel lugar en aquel momento haya sido una de las experiencias fotográficas que recuerdo con más nostalgia. Estas fotos representan lo que son para mi aquellos días, casi como un sueño, de esos de los que tenemos despiertos.

 


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El camino hacia imágenes más personales

 

    Desde hace muchos años he tenido en mente la idea de recorrer Namibia en un 4x4. Veía las fotos de esos todo-terreno con la tienda de campaña en el tejado e instintivamente mi mente viajaba hacia una sensación de libertad infinita. Me imaginaba a mi mismo acampando en cualquier parte, recorriendo los parques naturales en total libertad, disfrutando de la noche a salvo en la tienda del techo, pero lo cierto es que de la expectativa a la realidad suele encontrarse la decepción.

 

     Desde mi idea inicial hasta el viaje que realizamos finalmente hay una diferencia abismal, no sólo porque la situación no fuera tan favorable como imaginábamos para recorrer el país en libertad si no por mi mismo. Los parques naturales están muy restringidos al acceso y la circulación, hay zonas del país en las que es fácil no tener una sensación de seguridad absoluta; pero lo que más nos limitó fue la propia planificación del viaje.

 

     Con la experiencia de muchos road-trips a las espaldas la planificación de los recorridos, localizaciones y visitas fue óptima. Todos los lugares que queríamos visitar los visitamos, todo en el momento más adecuado y sin grandes imprevistos; pero esto fue lo que condenó la idea de libertad que me impulsaba desde hace muchos años a hacer algo así. Esta idea no es algo que percibiera en el momento, es algo que he podido ver en perspectiva, cuando con la idea de proyectar un viaje parecido percibo que comienzo a dejar que la planificación condene la sensación de libertad.

  

      Al revisar el archivo he encontrado que lejos de percibir las mejores sensaciones en las fotos de los hotspots que visitamos de manera programada, los mejores recuerdos me llegan a través de las fotografías realizadas durante los desplazamientos, en medio de paisajes infinitos y en momentos que no estaban programados. He aprendido una lección que aplicaré a partir de este momento: programar visitas a localizaciones nos asegura buenos resultados pero, si queremos conseguir una colección de imágenes que contengan una buena dosis de nuestra propia carga emocional, debemos dejar espacio a la improvisación para que de manera natural fluya nuestra conexión con el lugar que fotografiamos.

 


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La primavera que no se fotografió

    Veo fotos publicadas a diario en redes sociales y la mayoría de la gente sigue exprimiendo el archivo mientras ahí fuera está transcurriendo una de las primaveras más increíbles de los últimos años ¿creéis que será recordada como la primavera que nadie fotografió?

 

     Personalmente no me considero fiel visitante de la primavera. Mientras que con otras estaciones tengo citas ineludibles, es en primavera cuando aún no me reengancho del parón de final del invierno, viajo fuera... o simplemente no encuentro motivación; no lo sé. Lo cierto es que no suelo fotografiar en esta estación, pero parece que el no poder hacerlo me provoca un deseo irrefrenable de salir con la cámara: aunque sean 10 minutos delante de un árbol verde.

 

     Este confinamiento es algo que terminará siendo recordado como una especie de pesadilla pero en el camino nos está permitiendo, al menos en mi caso, observar muchos aspectos con una nueva perspectiva. Este nuevo modo de ver las cosas me provoca sentimientos mucho más profundos, reflexiones mucho más íntimas que si mi vida hubiera seguido de modo normal. Por eso, para mí, esta primavera podría estar más representada por una fotografía más sombría que una de árboles con hojas brillantes:

 

 


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Intentar cerrar una puerta y abrir otras cuatro

    Entre 2013 y 2019 fotografíe para una serie en la que tenía clara la idea, había recopilado material de sobra para seleccionar pero aún no tenía título. Entre estos años realicé 21 sesiones, algunas de unas pocas fotos otras de cientos; en estas sesiones, siguiendo el hilo conductor de las capturas principales me dejaba llevar para hacer otras fotos con una técnica muy similar pero una composición y concepto totalmente diferente (primera puerta abierta).

 

     Para terminar la serie me puse a seleccionar las imágenes, editarlas, pero a medida que iba avanzando, con las imágenes seleccionadas encontraba una disociación muy clara: por lo que una parte importante de las capturas fueron descartadas para la serie. Me quedaron un montón de fotos muy interesantes sin serie, sin idea y metidas en una carpeta (segunda puerta abierta).

 

     Llegó el momento del título y a partir de la historia que sugiere encontré el vínculo entre la serie principal y las imágenes descartadas. Esto planteaba un problema: la serie principal era la puerta de entrada, las imágenes descartadas uno de los lugares a los que llegar desde la serie principal y esto me dejaba el proyecto inacabado (tercera puerta abierta). Comenzaron las dudas y realicé una presentación a un especialista que, a pesar de su juicio crítico y que siempre ha tumbado todas mis ideas, le encantó: "¡Esto es buenísimo! exclamó tenemos que ponernos a trabajar en ello y exponer" (cuarta puerta abierta).

 

     Os dejo con un avance de "Horizontes perdidos". No se cuando podré a volver a trabajar en este proyecto, lo que si tengo claro es que la semilla de algo muy grande y en mi trayectoria fotográfica ha germinado.



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Paisajes cazados y recolectados

    Desde un punto de vista fotográfico ser cazador implica confiar en tu entusiasmo, recolector en tu instinto; en este sentido hay quienes deciden y se ciñen a un modo u otro a la hora de afrontar la práctica de la fotografía. Personalmente creo que es un error de manual. La fotografía no se basa únicamente en un único proceso, entran en juego desde factores emocionales a técnicos/mecánicos. 

 

     Establecida esta diferenciación tengo que decir que considero que hay que ser recolector con las localizaciones y cazador con la captura. Guiarnos por nuestros instintos a la hora de encontrar encuadres, algo así me pasó con esta foto de la catedral, cuando llevo "el radar en modo on", voy buscando localizaciones, posibles encuadres en esas localizaciones para dejar paso a mi "yo" cazador. En el momento que tenía la localización y el encuadre esperé durante un mes las condiciones lumínicas, fallé por diversas causas. Analicé mis fallos y volví unos días después a esperar el momento adecuado para capturar la imagen.

 

 

     Es muy difícil encontrar una visión romanticista de un monumento en una ciudad de hoy en día, tuve que localizar una zona que me permitiera aislar al máximo edificios modernos y el entorno urbano. Desde esa localización busqué el encuadre que realzara el monumento y encajara en la estética, ahora sólo quedaba esperar el momento. El anticiclón de invierno me obligó a esperar un mes entero, pero a finales de febrero cambió el tiempo y llegó la oportunidad de nubes y claros: buscaba sol exclusivamente en la catedral. Un primer intento fallido por el frío, las nubes no se colocaron en la posición correcta y me marché antes de tiempo porque estaba cansado de esperar de pié. A los dos días volvían a repetirse las condiciones, compré un taburete portátil y a esperar en mejores condiciones. El milagro sucedió.

 


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Viajar con la mente

 

     Ayer entró en vigor el decreto por el que se declara el estado de alarma. En el artículo 7 del mismo se limita la libertad de circulación de las personas ¿qué significa esto? pues que no podemos viajar, salir a hacer fotos... y si lo haces, si sales de casa para tu recreación la cosa es muy sencilla: no sólo incumples la ley, además, voy a ser muy explícito, los demás pensamos que eres gilipollas.

 

    Somos muchos los que de un modo casi automático establecemos una conexión inmediata (y casi necesaria) entre tiempo libre y viajar. Ya sea para hacer fotos, conocer sitios nuevos, disfrutar de patrimonio natural o cultural... aprovechamos estos espacios de tiempo para dar salida a viajes proyectados desde tiempo atrás, pero esto no es tiempo libre, no nos equivoquemos, esto es un confinamiento obligatorio ¿y si sales para tu recreación? eres gilip...

 

     Es muy probable que en tu casa tengas mil recuerdos de sitios que has visitado, cajas con tickets, cientos de imanes, tazas, piedras, tarros con arena, cientos de fotos almacenadas en carpetas olvidadas del ordenados o en un álbum que almacena polvo en la estantería... cualquiera que sea tu afán coleccionista (o disfunción obsesiva) relacionado con la fotografía o los viajes es el momento de recurrir a la mejor función que pueden desempeñar estos objetos: transportarnos con la memoria visual.

 

     Nuestros sentidos, además de sus funciones ordinarias, nos permiten recurrir a la impronta que ya marcaron en nuestro proceso neuronal; o lo que es lo mismo, nos llevan a los recuerdos y a nuestra experiencia cuando nos expusimos a ese estímulo. Aunque, según los expertos, el olfato es el más poderoso de los sentidos, la vista también puede transportarnos y de ese modo volver a vivir nuestras experiencias, pero que sólo se encuentran en nuestro subconsciente.

 

     Personalmente, dedicaré parte de este tiempo libre a planificar salidas fotográficas y viajes para cuando pase esta situación (porque pronto terminará), pero también quiero aconsejaros que echéis un vistazo a esas carpetas con fotos que muy probablemente guardáis y que no véis desde hace años. Fijaros en los detalles y tratar de recordar cual era vuestra situación en ese momento, qué veíais, a qué olía... y viajad con la mente...

 

 

     Hablamos más tarde, voy a pasar la mañana a los templos y palacios de Jaipur, en India.

 


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Mi mayoría de edad fotográfica

 

     Es tan fácil encontrar satisfacción en el hecho de contar las historias que has vivido mientras fotografiabas; lo que subyace detrás de cada fotografía tiene tanto peso emocional que muchas veces nos ciega (o nos ilumina) para valorar erróneamente una fotografía. He recopilado una galería retrospectiva he dejado a un lado el factor emocional, he recurrido a muchas personas, y muy diversas, pero antes, te invito a que sepas cómo he evolucionado desde mis primeras fotos.

 

 

    En mis primeros años (2002-2007) la fotografía aún no podía considerarme un apasionado, casi ni aficionado. Aunque anterior a esta fecha disparé ocasionalmente con una reflex analógica, en esta etapa utilicé varios modelos de digital compacta (e incluso con móviles cuya cámara apenas superaba los 2 megapíxeles). Fotografiaba naturaleza de forma circunstancial, porque cuando tenía una cámara entre las manos estaba en la naturaleza. Por formar parte de una comunidad online artística mis pretensiones oscilaban entre lo documental y la búsqueda de la expresión personal a través de imágenes pictóricas.

 

 

     Con el paso de los años 2008-2010 encuentro en la fotografía documental de monumentos y en el paisaje urbano una gran fuente de inspiración para la pasión fotográfica que se despierta en mi. En esta etapa adquiero una cámara digital compacta de alta calidad que, al poco tiempo termino por sustituir por una réflex digital. De las ciudades y monumentos a los que tengo la posibilidad de ir no dudo en visitarlos y fotografiarlos casi de manera obsesiva, realizo los primeros viajes internacionales en busca de algunas estampas que se convierten en icónicas para mi pero que, desde la perspectiva, puedo afirmar que los resultados obtenidos en este periodo estaría más justificados por golpes de suerte que por los conocimientos técnicos o compositivos que había adquirido hasta aquel momento.

 

 

     En mi recorrido fotográfico el año 2011 supone un cambio de paradigma absoluto. Del 2010 al 2012 tengo la oportunidad de tener frente a mi ventana un paisaje urbano en el que saciar mi pasión, además, este año veo cumplido uno de mis sueños al poder fotografiar uno de los monumentos más bellos de la humanidad: El Taj Mahal. Consciente de mis carencias en conocimientos de fotografía he comenzado a invertir muchísimo tiempo en tratar de mejorar, especialmente con la lectura de obras de referencia de autores americanos; descubro a los grandes maestros del paisaje y en ellos encuentro una fuente de inspiración infinita; pero, sobre todo, es aquí cuando me doy cuenta que la fotografía se ha instalado en mi interior para acompañarme el resto de mi vida.

 

 

     Surge una etapa en la que me lanzo de lleno en la creación del que ha sido mi proyecto fotográfico más importante: el blog www.elpaisajeperfecto.com. Del 2012 al 2017 voy escribiendo, fotografiando paisaje natural y, sobre todo, mejorando mi percepción de lo que significa la fotografía para mi. Con la llegada de nuevos métodos de comunicación para aficionados y profesionales de la fotografía los blogs escritos comienzan a perder fuelle y decido dejar el proyecto a un lado, es el momento en el que me abro definitivamente a una creación fotográfica más madura, a trabajar con series y, sobre todo, a apartarme del estilo instagramista para buscar en la fotografía un medio de expresión estrictamente honesto con mi visión, mis emociones y mi modo de entender la fotografía de naturaleza.

 

 

Te invito a que visites la galería en la que he recopilado las 100 fotografías más importantes de estos 18 años:

 

www.pablossanchez.com/retrospectiva


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Buscando la Friedrichcidad

 

 

      No pierdo la ocasión de visitas los mejores museos que tengo a mi alcance. En ellos recorro salas y pasillos incansablemente en busca de los grandes maestros de la pintura de paisaje: Friedrich, Turner, Rousseau, Ruisdael, Cole, Carlos de Haes... entre los más conocidos. 

 

     Una semana después de una de las visitas más inspiradoras que he tenido, al Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, me he sorprendido a mi mismo alejándome de los marcados patrones estilísticos de la fotografía de paisaje actual hacia composiciones más pictóricas.

 

 

 

 

      Si es cierto que las condiciones atmosféricas, la orografía y la luz del momento hicieron la mitad del trabajo por mí, pero estoy convencido que existe un enriquecimiento subconsciente de nuestra percepción. Nosotros elegimos cómo alimentamos esa capacidad de expresarnos a través de la fotografía, personalmente tengo muy claro que hoy me decanto por lo sublime y majestuoso de los paisajes de los grandes maestros de la pintura.

 

 


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Mañanas de frío y niebla

 

 

      Una vez escuché a alguien decir que: después del otoño y la primavera, e incluso el verano, el invierno es mi estación favorita. Evidentemente el invierno no estaba tratando muy bien a aquella persona; día tras día cielo gris y ni una única oportunidad fotográfica. 

 

     Todos los que fotografiamos en la naturaleza nos entusiasmamos con facilidad ante los colores otoñales; la frondosidad primaveral nos impulsa a descubrir la vida en cada rincón; pero el verano y el invierno siempre quedan en un segundo plano. Para mí, somos muy injustos con una de las estaciones más atractivas en latitudes medias.

 

     Aunque en la península Ibérica suele predominar el tiempo anticiclónico en invierno: una atmósfera estancada, sucia y llena de estelas de aviones, cielos de monótono azul y ambiente relativamente seco; pero para los que madrugan es muy probable que este tiempo anticiclónico traiga mucho frío y eso significa ramas de árboles helados, ese frío trae niebla, condensación y hielo. En invierno se encuentran algunas de las mejores oportunidades fotográficas, intenta aprovecharlas y encontrarás una estación favorita más.

 

 


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Mis 9 favoritas del 2019

 

 

      El año termina y llega el momento de recopilar lo bueno del que se va y proyectar el que viene. De vez en cuando, a lo largo del año que dejamos atrás, me ha venido a la mente la idea de esta recopilación y siempre me repetía una y otra vez lo mismo "no he hecho ni 9 fotos decentes este año". Todo cambió al llegar septiembre.

 

     Este año he cumplido uno de mis sueños fotográficos: visitar Namibia con un todoterreno con la tienda de campaña en el techo. Recorrimos todo el país durante casi dos semanas y saqué todo el provecho que pude pero, seamos sinceros, me hubiera quedado un par de añitos más fotografiando allí. Aunque no lo podría calificar como "viaje soñado", hacía mucho tiempo que tenía programada una visita al sur de Inglaterra desde Dover hasta Salisbury, fue un viaje realmente encantador pero fotográficamente un desastre por causas que no cabe argumentar aquí.

 

     Finalmente, este año, para mí ha destacado por una etapa muy pasiva en la primera mitad del año y una etapa muy activa a partir del verano, cuando he visitado varios bosques en otoño (Urbasa, Otxarreta, Honfría...), la costa asturiana durante el congreso AEFONA, varias visitas a mi querida Sierra del Espinazo y varias escapadas para pequeños proyectos fotográficos.

 

Espero que disfrutes de esta selección que con tanto cariño he preparado, gracias por tu visita.

 

 

Catedral de Salisbury desde el río Avon.

Oleaje en la playa del Sablón.

Amanecer en Quiver Tree Forest.

Avellanos, niebla y otoño en el bosque la Honfría. Los árboles de Dead Vlei.

Luz delicada en el Laberinto de Arno.

Una casa en Kolmanskoop.

Atardecer de Etosha.

Arco y montañas de Spitzkoppe al atardecer.



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Fotografía en buena compañía

 

     Del 6 al 8 de diciembre, como suele ser habitual en estas fechas, se celebró el congreso AEFONA 2019. En esta ocasión tuvimos la suerte de poder disfrutar de un entorno que cuenta con unas localizaciones fotográficas muy atractivas para la fotografía de paisaje: como es la playa de Bayas.

 

     En esta playa nos reunimos unos cuantos para hacer una escapada al amanecer. Era el sitio que estaba previsto dentro del programa del congreso, lo que no estaba previsto es que nos reuniéramos un número tal como aquel día. Por lo general, en las salidas fotográficas del congreso hay una buena afluencia de público, pero parece que aquel día, atraídos por una localización singular pudimos disfrutar de una multitudinaria sesión.

 

     Personalmente me decanto por fotografiar en soledad, pero hacía mucho tiempo que no lo hacía en compañía, en especial de buenos amigos. Como cada año es un placer volver a reencontrarnos en el congreso anual de AEFONA, disfrutar de extraordinarias ponencias, comidas y cenas con interminables charlas sobre aventuras fotográficas y experiencias en la naturaleza. Como cada año, vuelvo del congreso AEFONA con muchas ganas de que llegue el próximo.

     


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Las mejores luces de mi vida

 

     Llega un día en el que decides darle una vuelta de tuerca a tu modo de fotografiar y planeas salir mucho antes del amanecer, ubicarte en un lugar concreto tras caminar varios kilómetros en la más profunda oscuridad. Hasta entonces la fotografía simplemente me encantaba; aquellas luces del 10 de octubre de 2012 me cambiaron para siempre, en ese momento supe que la fotografía se convertía en una pasión que me acompañaría toda mi vida.

 

     Hasta hace pocos días nunca había tenido la ocasión de repetir una situación que se asemejara a la de aquel amanecer de otoño. Cientos de salidas en playas, montañas, desiertos, humedales... en ningún lugar de ningún país había encontrado una situación que estuviera a la altura.

 

     De una de mis últimas salidas por "mi hogar" fotográfico, la sierra del Espinazo, me quedó pendiente probar una localización. De manera muy casual hace unos días fui exclusivamente a ubicarme en un punto que había localizado en la anterior salida para probar qué pasaba con el sol en estos días, una posición avanzada hacia el solsticio de invierno. Lo más probable es que no hubiera salido a hacer fotos, que aquella tarde no hubirrs estado allí, pero el destino quiso que otro espectáculo de luz inigualable se presentara ante mi cámara.

     

 

     El sol se coló entre un pequeño hueco en las nubes para iluminar la atmósfera cargada de humedad del valle. Un espectáculo que tiñó de naranja las montañas durante menos de un minuto ¡si! tuve menos de un minuto hasta que el sol se volvió a esconder para no volver dejarse a ver aquel atardecer. Aunque hay ocasiones en las que he presenciado espectáculos de luz más increíbles que este, no había tenido ocasión de fotografiarlos.

 


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El mundo desde una perspectiva etérea

 

     Cuando hace tan mal tiempo que la mayoría de las personas, con capacidad para razonar, se quedarían en casa, es cuando surgen las mejores oportunidades fotográficas. Hace 6 años ni siquiera hicimos cálculos del panorama metereológico que nos íbamos a encontrar, sólo sabíamos que haría muy mal tiempo, pero la experiencia nos decía que surgían buenas oportunidades. 

 

     Llegamos al risco de La Torrita poco antes del amanecer, no había dejado de caernos agua durante la hora y media que tardamos en llegar desde el coche. Con las primeras luces, a pesar del chubasquero, estaba empapado, más incómodo que un gato en la bañera. Todo se olvidó cuando apareció ante nosotros aquel espectáculo irrepetible, incluso nos olvidamos de hacer fotos. Llevábamos una idea en la cabeza pero la razón desapareció y comenzamos a disparar  con el teleobjetivo a los jirones de niebla que parecían jugar al escondite entre las montañas. El puntito rojo a la derecha del risco soy yo:

     

 

     Hace unos días encontré una situación parecida. El mal tiempo me motivó a fotografiar un bosque de hoja caduca en plena otoñada, pero antes de que la luz llegará decidí asomarme al amanecer a un alto para ver si con el mal tiempo se producía el milagro de la luz. Las condiciones de esta mañana me recordaron a las de hace 6 años y disparé con la misma perspectiva que aquel día. Al repasar las fotos encontré un nexo, no sólo estilístico sino también emocional, con una pequeña diferencia: hace 6 años aquellas fotos quedaron olvidadas en el disco duro, sabía que eran buenas pero ahí quedaron. Ahora, con más experiencia, he podido mezclar las fotos de ambas sesiones para dar vida a la serie más "madura" desde que tengo una cámara entre las manos, bienvenidos al planeta etéreo: 

 


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Ser rico no es sólo tener dinero

 

     Esta foto no es más que puro "postureo" pero hay veces que me encaja una persona en algunos paisajes, humanizarlos para transmitir algunas emociones que el paisaje por sí mismo no puede. Hace unos días, mientras fotografiaba estos riscos me encontraba realmente satisfecho, por una parte por volver a la sierra del Espinazo tras una temporada sin ir por allí y por otra por encontrar una nueva localización para fotografiar. 

 

     Sentir satisfacción por llevar unos meses sin ir es comprensible, pero ¿por encontrar una nueva localización? pensaréis que el mundo está lleno de lugares que aún no han sido fotografiados, al menos desde una perspectiva artística-paisajística. En esta sierra he recorrido más de 300 km en los últimos 8 años, más de 40 salidas fotográficas; no es que lleve la cuenta pero hace unos días, tras subir la ruta de la última salida marqué la opción de visualizarlas todas en el mapa y me sorprendió la cantidad de veces que he pasado por algunos sitios, dejo foto:

     

 

     En definitiva, estaba fotografiando estos riscos y, como he dicho, me sentía tan satisfecho que estaba absolutamente convencido que, al menos en ese momento delante de aquellas rocas, con mi cámara y el sol asomando entre las montañas no necesitaba nada más para ser feliz, me creía la persona más rica del mundo. Entonces comencé a pensar que, la riqueza es algo objetivo, es rico el que posee bienes materiales, pero ¿existe alguna definición para esta sensación? ¿es algo puramente objetivo? o ¿una persona que tiene más de lo que necesita es rica? 

 


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Huele a otoño

 

     De todas las estaciones la que me despierta más escandalosamente de mis letargos fotográficos es el otoño. Para mí es una estación casi mágica en la que el silencio y la paz del bosque te envuelve entre humedad, luz y una pequeña explosión de vida antes de la llegada del crudo invierno. Todas las salidas fotográficas que más me han marcado, en un modo u otro, siempre se han producido en otoño. En el centro de la península el verano no ofrece muchas posibilidades, pero con la llegada del otoño llegan los colores a los bosques caducos, las primeras lluvias transforman el paisaje semiárido y el solsticio cambia la posición del sol para ofrecer una luz especial que se transforma en un espectáculo de luz al amanecer y atardecer.

 

     Repito localizaciones en esta época: Garganta de Bohoyo, Bosque de la Honfría, El Tiemblo, Ogesto... en Urbasa he estado en varias ocasiones, pero nunca en la zona del laberinto de Arno. Aunque cuando he estado, las primeras hojas comenzaban a coger color, y apenas puede hablarse de otoño me he encontrado un bosque que si le damos una semanita más ofrecerá un espectáculo singular. Las lluvias y las temperaturas de los últimos días han hecho que las hayas definitivamente corten el flujo de savia, la clorofila se retire y comiencen a dominar en las hojas los tonos dorados de las sustancias que comienzan a oxidarse en ellas.

 

 

      Tengo mil planes en la cabeza ahora que parece que ha llegado el momento ¿y tú? Prepárate para los próximos días, el otoño ha comenzado, ahora sí, delante de nuestras cámaras.

     


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Gigantes de otros tiempos

 

     Cada año planifico las visitas en función de la estación y el embalse de la Almendra suele tener su hueco reservado entre la primavera y junio en función del nivel del agua embalsada. La escasez de precipitaciones de este año ha provocado por una parte que el nivel mes tras mes sea lo suficientemente bajo como para que los tesoros escondidos bajo el agua continúen emergidos y, por otra parte, el resto de localizaciones que tienen su lugar en estas fechas no han llegado a alcanzar el suficiente atractivo por este mismo motivo.

 

     Antes del cambio de hora el amanecer es ideal, que el sol salga a las 8:30 h te permite llegar a la localización sin que haya que madrugar demasiado. Suena el despertador a las 5 de la mañana. A las 5:30 h comienzas a conducir con la ciudad el campo aún durmiendo. Llegas a las inmediaciones del embalse, silencio absoluto, negrura total, soledad. Con la tenue luz del frontal comienzas a caminar por el paisaje muerto del lecho del embalse seco, una hora más tarde, sobre las 7:15 h llego a la zona que he seleccionado y comienzo a explorar.

 

     El objetivo de esta salida son las grandes encinas, sin lugar a dudas. La mayoría de los ejemplares más grandes ya no están en pie, es un suelo poco profundo, las raíces crecen muy disgregadas y las largas temporadas expuestas a los elementos y la gravedad fuera del agua han hecho su trabajo. Tras varias largas exposiciones con los primeros resquicios de luz del día comienzo a escrutar el cielo para estudiar la dirección de las nubes y como estas pueden interactuar con los rayos del sol cuando emerjan y está claro que los cirro-cúmulos que se desplazan de sur a norte son el mayor atractivo. Dos exposiciones intercaladas por unos minutos para calcular dónde estarán unos 15 minutos antes de que salga el sol, que será el momento en que por la altura a la que están se iluminen, y ya sé hacia dónde tengo que disparar.

 

     Selecciono unas encinas que parecen estar perfectamente alineadas entre ellas y con el horizonte. Varias pruebas con ISO alto para que la cámara me confirme lo que creo que veo y coloco el trípode. Aún faltan 20 minutos para que el sol ilumine las nubes, me como el bocata mientras hago varias tomas de prueba. Llega el momento que he calculado y se hace la magia de la fotografía de paisaje:

 

     


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El pueblo del desierto

 

     Kolmanskop puede englobarse en la típica descripción de pueblo abandonado, pero la realidad es que cuenta con una historia tan inverosímil que lo convierte en único. Muy resumidamente se puede decir que se trata de arquitectura colonial alemana de finales del S. XIX y principios del XX cerca de la actual localidad namibia de Lüderitz. En aquella época se encontraban diamantes en las arenas del desierto con relativa facilidad, llegaron a extraerse 1.000 toneladas, lo que hace que económicamente sea viable una ciudad tan extravagante como esta.

 

     En pleno desierto del Namib se erigieron casinos, escuelas, hospital, mansiones, estación de tren... y los colonos alemanes de la época querían sentirse como en su Baviera natal impregnando a la arquitectura de estas construcciones del más puro estilo de la región alemana. Los diamantes comenzaron a escasear, el pueblo se abandonó y el tiempo no perdonó. La arena ha invadido las casas, la brisa marina y el viento del desierto han hecho lo propio para hacer de este pueblo una ruina decadente, de apariencia arquitectónica descontextualizada que nos traslada a otra época, casi a otra realidad paralela. 

 

     ¿Merece la pena recorrer 600km para ver este lugar? puede que la galería de imágenes te ayude a responder a esta pregunta. He tratado de capturar la esencia del sitio centrando la atención en puertas y ventanas, como símbolos del paso de una época a otra, de aquella realidad minera colonial a la turística de hoy en día, del momento en que la fiebre de los diamantes le permitía vivir en su burbuja de opulencia a la mas fiel y cruda realidad en la que el desierto reclama su lugar.


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Los árboles eternos

 

     Sales de casa y sabes que te quedan por delante 15 días disparando fotos en Namibia, para ser más concreto he hecho unas 4000. Sabes que hay una serie de localizaciones que tienen un potencial mucho mayor que otras, las has estudiado más o simplemente coincide que, en el momento que las visitas, es cuando muestran su mejor cara.

 

     Sabía que el desierto de Namib era una de las joyas del viaje y, dentro del Namib, más concretamente lo era Dead Vlei. Creo que nunca podré olvidar mis sensaciones al ver por primera vez este lugar: caminas por la arena durante unos 15 minutos y cuando terminas de subir una pesada duna aparece este lugar a lo lejos. Una explanada blanca de pocas hectáreas salpicada por algo menos de medio centenar de árboles. Bajas la duna para llegar a la superficie blanca, un lecho de lago seco de arcilla blanca cuarteada, una locura ¡sólo el suelo da para un día entero sin levantar la cámara! Levantas la cabeza y en el momento que ves el primer árbol la mente comienza a divagar, piensas Fondo oscuro, reflejos de la luz del sol del suelo, tangencia de ramas, atmósfera cargada de polvo, sol lateral, enmarcar con las ramas... si hubiera puesto en práctica todo lo que se me pasó por la cabeza en apenas un instante todavía seguiría haciendo fotos allí.

 

     En definitiva, en Dead Vlei se pueden hacer algunas fotos buenas, pero no son las fotos el tesoro más valioso que me he traído de allí. Aquí he podido vivir una de las experiencias más intensas del viaje a Namibia (una de tantas) y es una percepción del tiempo más allá de la existencia humana. Allá por el año 1200 crecían estas acacias de las que hoy sólo quedan troncos ennegrecidos por el abrasador sol del desierto, la arena, que un día las enterró llegó hasta aquí hace 5 millones de años arrastrada por un caudaloso río del que hoy no queda ni el nombre, y el lecho arcilloso nos lleva a una época mucho anterior, te das cuenta que el ser humano es sólo una pequeña fracción de tiempo en la existencia de este sitio, te sientes pequeño, insignificante, ante un lugar que es uno de los protagonistas de la eternidad de nuestro planeta.


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Un nido frente a mi ventana

     Puedo considerarme afortunado porque una pareja de palomas ha elegido la acacia frente mi ventana para construir su nido. A escasos dos metros he ido viendo como día a día iban colocando ramita a ramita en el nido, la puesta de los huevos y tras la incubación ha llegado el gran momento: el primer polluelo. 

 

     La llegada al mundo de este pequeño ha coincidido con una fecha que le imponemos en el calendario a los animales salvajes: la apertura de la media veda. Con la llegada de agosto llega uno de los momentos más felices para los cazadores pero también uno de los más difíciles para las especies calificadas como cinegéticas. Miles de cazadores salen al campo tras el parón de primavera/verano para volver a la actividad que tanto les apasiona.

 

     Hasta el 25 de agosto no debería cazarse ninguna paloma pero... ¿qué ocurre si a uno de los cazadores de gatillo fácil (casi todos) se le cruza una paloma antes de esa fecha? Pues que le va a disparar sin dudar. ¿Qué ocurrirá con los polluelos que están esperando en el nido? Que morirán y al próximo año no habrá ni paloma ni polluelo. Así de sencillo.

 

     No sólo es importante que los cazadores respeten fechas, cupos y especies, es necesario un control más intensivo de la administración sobre la ecología de las especies, la educación y las aptitudes de los cazadores para evitar que las poblaciones de muchas especies salvajes se encuentren al límite de su existencia. Uno de los representantes del colectivo cinegético calificaba en los medios de comunicación el pasado 15 de agosto la apertura de la media veda como catastrófica en cuanto a capturas. Era de esperar. El próximo año se repetirá la misma historia.


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Paisajes Romanticistas de Inglaterra

     Parece que la fotografía reinventa constantemente nuevos métodos y técnicas para que los que aprietan el disparador tengan a su disposición las herramientas adecuadas para poder expresarse. Creo que echar la vista atrás, a los paisajistas romanticistas puede ser un campo muy amplio en el que poder encontrar un nuevo área de trabajo y, sobre todo, mucha inspiración. 

 

     El romanticismo es un movimiento que se desarrolla en la primera mitad del siglo XIX para par prioridad a los sentimientos frente a las normas más rígidas del Neoclasicismo. Sabía que un viaje a Inglaterra, visitando castillos, grandes catedrales góticas y paisajes que inspiraron a pintores romanticistas hace casi 200 años, iba a nutrirme en este sentido.

 

     Esta fotografía representa la catedral de Salisbury en la misma perspectiva que John Constable la representa en 1830 en su obra "Salisbury Cathedral from the Meadows". Ni mucho menos consigue atrapar la esencia temporal y la sublimidad con la maestría que lo hace Constable, no por las limitaciones de la fotografía en ese sentido frente a la pintura; es un campo en el que la fotografía digital puede desarrollarse (y al que me sumo) para que la fotografía de paisaje pueda encontrar una vía de escape frente a los cánones tan rígidos y estridentes de "belleza" que saturan las redes hoy en día. 


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Las tierras muertas de Valjagado

 

     Un día descubres que en los libros están las respuestas, comienzas a leer autores americanos que te cuentan sus andanzas fotográficas por los desiertos del medio oeste; es más que suficiente para que un entusiasmado aprendiz de fotografía de paisaje idealice el concepto de belleza en sujetos inertes. Un tiempo después, en una etapa de búsqueda enfermiza de localizaciones en Google-Earth una foto de amigos en excursión de domingo lo cambia todo. La foto se titulaba Rasica.

 

     Cielo azul, rocas entre indio y beis de granito que con la intensidad de la luz directa del atardecer el medidor del modo automático de la compacta con la que estaba hecha la foto los había intensificado hasta llegar a un acertado error. Sobre las piedras dos personas. Esta escena no hubiera significado nada para mí de no ser porque aquellas rocas me trasladaron al instante a los desiertos americanos. Exploré aquella zona, Rasica, y pronto descubrí que no era más que el lecho desprovisto de vida de un embalse. No era el paisaje eterno de Death Valley, Arches o Monument Valley pero me servía para dar rienda suelta a la ausencia de vida natural como concepto de belleza.

 

     Han pasado varios años, más de los que me atrevo a contar sin dejar escapar un suspiro, desde que una tarde de junio Jenny y yo nos dejamos nuestras huellas en la arena granítica. Atardecer, merienda sobre las rocas, un par de nocturnas y el gusanillo de repetir. Han sido muchas visitas y con cada una he descubierto muchos nuevos motivos para volver, pero nunca había estado al 40% (en un territorio de unas 20.000 hectáreas bajo el agua el nivel lo cambia todo). Ahora he encontrado un bosque de encinas petrificado, un gran hito de granito que sobresale sobre el agua y, lo que es más importante: he perdido el miedo a hacer fotos (ya no creo que si no hago lo que hacen los demás no lo hago bien).

 

     La foto no tiene truco, está disparada directamente a blanco y negro. Atardecer a mi espalda, un claro sobre el horizonte a la derecha de la encina muerta. Filtro degradado para dar dramatismo a la encina perfilada sobre el claro y dejar algo de detalle sobre las rocas del primer término. Unas curvas en Photoshop y listo.


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Mis 9 favoritas del 2020

 

     Termina un año imprevisible, de cambios, en el que nada ha sido lo que esperábamos. En mente tenía viajes a Egipto, Turquía, Perú... de echo, a sólo un día de reservar los vuelos para ir a Egipto, comenzó el confinamiento de marzo; y el 2020 se ha convertido en el año más extraño para fotografiar paisaje de todos los que he vivido. A lo largo de los meses hemos acatado las restricciones para salir a fotografiar cuándo y dónde se ha permitido, pero eso no ha sido impedimento para que la mayoría hayamos encontrado en la naturaleza una vía de escape a una situación excepcionalmente compleja. 

 

     Una y otra vez me choco contra la realidad para darme cuenta que cada experiencia es enriquecedora (no sólo fotografiar en el desierto Blanco, Capadocia o el Machu Picchu) y llegar la conclusión, tanto como resignarme, a que la mejor foto de paisaje no está tanto determinada por el lugar como por nosotros mismos y las condiciones del momento. Un año sin viajar ha sido la oportunidad ideal para explorar la ribera del Tormes a su paso por Salamanca; necesitas enfrentarte a una situación como esta y haber comenzado un proyecto fotográfico concreto para descubrir que a dos minutos de casa, y en plena ciudad, tienes un pequeño oasis fotográfico. 

 

     He tratado de exprimir las localizaciones de la provincia y la región, he realizado una "expedición" con Fiti (mi burro) para pasar dos días en la sierra del Espinazo y fotografiar el cometa Neowise. Este año también me ha permitido reordenar todos los proyectos fotográficos que tenía abiertos, realizar una galería retrospectiva... creo que quien opine que fotográficamente es un año muerto es porque no ha puesto lo suficiente de su parte. Si una puerta se cierra es una oportunidad para buscar una nueva salida y comenzar a trabajar en los proyectos fotográficos del 2021.

 

Espero que disfrutes de esta selección que con tanto cariño he preparado, gracias por tu visita.

 

 

Luces de tormenta en los acantilados de Gueirúa.

Pino sobre el mar de nubes.

Amanecer en la playa de Gueirúa.

Flores de erizón con estrella Polar.

Atrapado en el bosque.

Remolino de hojas en la garganta de Muñogrande.

Árboles escarchados.

Atardecer de invierno en la catedral de Salamanca.

Últimas luces en la sierra del Espinazo.



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He preguntado qué foto os gusta más y este es el resultado

       Recopilando las fotos que he hecho en 2020 que más me han gustado, a la hora de repasar las que hice en un amanecer en la playa de Gueirúa, Asturias, me surgió una duda: cuál de estas dos imágenes era mejor. De toda la sesión, son las dos mejores y, aunque a simple vista son parecidas parece es evidente que en la 1 (izquierda) el cielo tiene mucho protagonismo, mientras que en la 2 (derecha) es el primer término lo más destacable de la foto. 

 

     Al no encontrar un argumento de peso que me hiciera decidirme por una u otra me propuse consultarlo por redes sociales para conocer la opinión de los demás y ver qué opinaba el resto. Pregunté por Twitter, Instagram y Facebook y los votos obtenidos han sido los siguientes:

 

Foto 1: 24 votos

Foto 2: 23 votos

 

     Con este equilibrio está claro que no hay nada que realmente haga destacar a una sobre la otra por lo que creo que la decisión, además de en mi mismo, hay que buscarla en los argumentos aportados en los comentarios. Lo que más destaca de la primera es, sin duda, el equilibrio de los elementos, en la segunda es una composición muy "correcta", tal como dice Alberto Tormo:

     Tal como había observado, el primer plano guía muy bien la mirada hacia la imagen y transmite mucho mejor la sensación de lugar, tanto Jep Flaqué, David López y Yarky Moguel lo indican en sus comentarios:

     Sin embargo, hay otros comentarios que argumentan todo lo contrario, indicando que ese primer término tiene demasiado peso visual. Hay estudios que indican que en este tipo de paisajes dos tercios de la imagen sean ocupados por el primer término puede ser una proporción muy correcta. Paco Pulido indica que al ser una zona demasiado blanca se queda con el peso visual de la imagen:

     Cuando hice esta fotos, aunque estén numeradas como 1 y 2 lo cierto es que cronológicamente están realizadas al contrario. Comencé disparando la 2 y, al observar que el cielo estaba ganando color e interés decidí variar la composición situando el horizonte prácticamente centrado para dar protagonismo al cielo en general sin cortar la nube de la izquierda arriba en la imagen 1. Por lo tanto la imagen 1 es una evolución de la 2 durante la sesión. Esto lo comenta David Frutos:

     Pero hay un comentario que se inclina por la imagen 1 que ha sido el que me ha hecho decidir que prefiero esa imagen sobre la 2, y es el tiempo potencial que puede llegar a atrapar la vista del espectador:

     Pero hay un factor que no se ha mencionado sobre la imagen 1 y su "mensaje", que es lo que creo que hace que sea una foto mucho más completa que la 2 y es que su mensaje es mucho más completo. Con el paisaje natural hay cierta complicación en plasmar yuxtaposiciones (elementos o características opuestas o enfrentadas) y en la foto 1 hay una clara yuxtaposición entre la parte superior con tonos pastel, formas suaves y ligeras de las nubes confrontadas con la parte inferior, más oscura sin color, rocas contrastadas con las líneas de la espuma: suave-tosco / delicado-rudo.

 

     La mayoría de las personas que vean esta foto en redes creo que van a considerar mejor la 2, sin embargo creo que es muy "obvia", primer término con protagonismo, agujas icónicas de un lugar conocido y cielo coloreado. Pero una imagen que se va a ser observada en una pantalla de móvil durante unos segundos necesita de un elemento menos obvio y más llamativo para llamar la atención (la nube), si esta consigue capturarte creo que el potencial de la imagen 1 es mayor para tocar un poquito más la sensibilidad del espectador.

 

     Muchas gracias a todos por vuestros votos y opiniones.


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Mi DJI Mini 2

 

   Hace muy poco, y casi sin esperármelo, me encontré entre mis manos esta pequeña maravilla de la tecnología, el DJI Mini 2. Aunque nunca he sido partidario de opinar sobre productos es cierto que en esta ocasión no puedo resistirme, este pequeño aparato me ha conquistado (fotográficamente hablando). Voy a contar qué me ha parecido en mis primeras salidas fotográficas, aunque tengo que comenzar diciendo que mi experiencia haciendo "reviews" de productos se limita a otro artículo y este, por lo que todo lo que escribo se centra únicamente en una opinión subjetiva y un planteamiento muy básico de lo que analizo. 

 

     Lo cierto es que hace años que tenía ganas de grabar y fotografiar con un dron, desde que hace años ayudara a un amigo con el rodaje de un documental para el que utilizó un DJI Phantom, comencé a sentir atracción hacia este tipo de aparatos. Poco a poco fue cayendo en el olvido hasta que nuestros últimos proyectos nos han hecho plantearnos la posibilidad de adquirir uno. Dadas las circunstancias el modelo ideal ha sido el DJI Mini 2.

 

     ¿Porqué este modelo? ligereza: cabe en un bolsillo y pesa menos de 250 gr., en travesías de muchas horas o incluso días sería inviable cargar con los modelos superiores. Legalidad: dadas sus dimensiones hay menos restricciones sobre los lugares y circunstancias en las que puedes volar. Prestaciones: con vídeo en 4K y foto con RAW tiene todo lo que buscamos, pero a esto hay que sumar compensación de exposición, ajuste de proporciones de imagen y zoom (digital). Precio: es ligeramente inferior a los modelos siguientes.

 

     ¿Qué es lo que no tiene? para mi, lo único que podría ser destacable y que le falta frente a modelos superiores es la detección de obstáculos laterales y el vídeo a 60 fps (a 4K el máximo es 30 fps). Más allá de esto es posible que una resistencia al viento mayor sería deseable pero hay que ser realistas y la estabilidad que tiene dado su peso y tamaño resulta casi increíble. Tengo que señalar que el "gimball" hace un salto extraño cuando está en picado y el dron el movimiento, una especie de salto que parece ser común a todos los dispositivos (no es un fallo propio del mío).

 

     Teniendo precaución y evitando volar en un momento de fuertes rachas de viento el dron se ha comportado de manera estable en todo momento: las tomas de vídeo han sido fluidas , tanto con los recorridos preestablecidos como otros que he comenzado a ensayar. Fotográficamente es tan sencillo como que lo colocas a la altura y perspectiva que quieres y haces la foto, listo. La sensación es que a pesar de que su precio pueda parecer elevado, el nivel de tecnología que adquieres es muy superior a lo que pagas.

 

     Cuando llevas tantos años fotografiando a ras de suelo y, cuando buscas una perspectiva diferente, trepas a cualquier lugar para obtener un encuadre mejor, el hecho de comenzar a fotografiar desde el aire te abre las puertas a un mundo nuevo por descubrir. Creedme, la perspectiva que ganas sobre el paisaje te lleva a otro nivel fotográfico y tengo que reconocer que, ese aire fresco a nuevos planteamientos fotográficos es lo que destaco por encima de todo.

 

     ¿Lo recomiendo para fotografía de paisaje? realmente si ¿creo que es el modelo óptimo para fotografía? tendría que probar otros modelos pero al menos de este no echo nada de menos que tenga constancia que tengan los demás, supongo que con el tiempo el software incluirá un mayor control sobre la imagen que capturamos: contraste, temperatura de color, dominantes, nitidez... opciones creativas desde el punto de vista fotográfico.

      


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Fotografiando otra realidad

 

 

      Desde que un concepto aparece por primera vez en nuestra mente hasta que lo representas y analizas pueden transcurrir décadas, ese es mi caso con las fotos de las que hoy escribo (y después con estas líneas). Hay algunos cuadros cuyo contenido ha dejado una impronta en mi percepción, una marca casi invisible, un ejemplo muy representativo para mí es la "Vista del jardín de Villa Medici" de Velázquez. Os voy a contar cómo he vinculado el concepto que ha creado en mi esta obra y cómo ha evolucionado ese concepto en la serie fotográfica que aquí presento.

 

     Más allá de su relevancia y lo que representa en la historia del arte, este cuadro ha conseguido desarrollar en mi un concepto que, a lo largo de mi vida, he ido percibiendo en muchos otros lugares. Este concepto, que generalmente surge de una percepción subconsciente de lo que nos rodea, lo podría definir como "arquitectura delegada" o "arquitectura degradada" (no lo confundamos con abandono), pero ¿Qué significa esto? vamos a observar con detalle el cuadro.

 

     El elemento más destacado del cuadro es una serliana, combinación de arcos característica de los grandes palacios renacentistas y neoclásicos. Estos arcos están cegados con tablones de madera irregulares y destartalados; a la derecha, entrecortada y direccionada hacia el exterior probablemente pudiera ser una escultura del dios griego Hermes. Sobre la balaustrada una mujer extiende una sábana y frente a los arcos dos soldados parecen charlar de cuestiones cotidianas. Con respecto a la vegetación, los setos están recortados y cuidados pero a los pies de estos la forma y el color del trazo es irregular lo que me hace pensar que crecen plantas espontáneas y el mantenimiento del jardín del palacio no es continuado y regular; esto lo encontramos también los cipreses: una de las ramas se desprende a la izquierda de la balaustrada y en general crecen desordenadamente, lo que nuevamente me lleva a pensar que no hay cuidados culturales que les haga mantener su función estética y recreativa. Incluso la luz es difusa y, al fondo, tras las nubes, el cielo parece oscurecerse.

 

     Todo lo que veo en el cuadro me lleva a un momento en el que el gran palacio renacentista no mantiene el estatus y la relevancia que un día tuvo. Lo realmente significativo de este concepto de degradación no es lo formal, sino una degradación política, social y económica vinculada a una obra arquitectónica. No me refiero a ruina o abandono, es un cambio vinculado al uso.

 

     Esta idea la percibí por primera vez con este cuadro, pero de un modo totalmente subconsciente. A lo largo de los años este concepto se ha cruzado en mi camino en multitud de ocasiones: visitando el castro de Coaña, frente a lo que parecía ser el edificio más importante, la residencia nobiliaria o palacio dentro del poblado, la transcendencia que tuvo aquella construcción ahora está relegada a un elemento arquitectónico más dentro del castro que recorren turistas. Otro ejemplo es la imagen de la izquierda: los jardines del palacio de Sotofermoso. Cuando observé esta imagen por primera vez me causó un fuerte impacto, estado ruinoso de un ostentoso elemento arquitectónico en un ambiente rural extremeño y que en la actualidad sirve para poco más que apoyar vallas de uso ganadero o de la construcción.    

 

 

     De nuevo, durante una visita turística al convento de San Esteban, en Salamanca, me volví a encontrar con este concepto de "degradación". El recorrido turístico nos muestra la relevancia histórica, eclesiástica y social vinculada al edificio, su transcendencia durante el periodo de influencia e intercambio cultural en Latinoamérica desde el comienzo de la época colonial. El contraste es llamativo: pasillos que han recorrido personajes históricos ahora los recorren visitantes que pagan su entrada (y, evidentemente, la comunidad eclesiástica actual); en las salas que se tomaron decisiones que cambiaron el rumbo de la historia hoy se repiten audiovisuales modelados para que el público consiga comprender la importancia de este lugar.

 

     Al llegar a la sacristía del convento, de nuevo esa percepción: ostentosas casullas de seda con bordados dorados, muy degradadas, expuestas en vitrinas. En las paredes espejos picados, deformados y deteriorados en los que ahora los turistas se hacen "selfies". De repente el reflejo de esos espejos me mostró ese concepto de degradación arquitectónica que percibí dos décadas antes al ver por primera vez la obra de Velázquez y aquí encontré la oportunidad para desarrollar y representar ese concepto en una serie fotográfica.

 

     Son fotografías realizadas al reflejo de los espejos de la sacristía, busco una perspectiva que me permita encuadrar elementos arquitectónicos de la sala; zonas en sombra e iluminadas, estos elementos los represento nítidos pero deformados por el espejo y con las picaduras desenfocadas manchando y degradando esa nitidez. Con las fotos de ese reflejo borroso y deformado de la disciplinada arquitectura renacentista he conseguido representar de manera subjetiva el concepto de degradación arquitectónica, esa "Otra realidad".

 


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Encontrar lo que no buscas

 

    Si hay algo que me produce una sensación placentera a la hora de fotografiar son esos momentos de absoluta evasión de la realidad. Al aplicar ciertas técnicas y estar completamente inmerso en un proceso creativo puedo llegar a pasar horas completamente abstraído, con todos mis sentidos puestos en las fotos que estoy haciendo. Cuando algo te "despierta" y vuelves a la realidad, ese momento de transición desde la pura concentración a tu realidad podría ser algo parecido al Nirvana, es como si la mente volviera a nacer. Por desgracia, al instante vuelves a darte cuenta que estás mojado, hace frío, es tarde, tienes hambre, el coche está en reserva ¿habré perdido las llaves? ...

 

    Admito que estos momentos de concentración no son fáciles de conseguir y cada día me cuesta más alcanzarlos pero, por lo general, suelen ser muy fructíferos en cuanto a resultados. Llegar a un sitio y hacer la foto obvia está bien, pero siempre esperas encontrar lo que no estás buscando, esto me pasa con mucha frecuencia. La mayoría de las veces encuentras fotos que podrían acabar en la papelera, pero resulta curioso que tengas que fotografiar concentrado, evadido de la realidad, desde lo más profundo de tu subconsciente para hacer fotos que jamás te imaginarías que harías tu.

 


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Mi top 10 de bosques para el otoño

 

    Fotográficamente hablando, llega uno de los momentos más excitantes del año ¿el otoño? si. Pero tanto como el otoño, me encanta ese momento de hacer planes para fotografiarlo. Comienzas a hacer memoria de los bosques de los que más has disfrutado, otros que tienes en mente pero que nunca has estado y nuevas propuestas que surgen por el camino. Por eso, este año he querido hacer un pequeño recopilatorio de, entre los que conozco, cuales son los 10 mejores bosques para fotografiar el otoño.

 

     Llegar a un bosque en el momento de clímax del color otoñal es una experiencia que nos llena la mente (y la tarjeta de memoria). Desde hace años no falto a mis citas otoñales para conseguir buenos momentos entre la soledad del bosque, y de camino alguna que otra buena foto. De entre todos los lugares que he visitado, y otros que tengo en mente visitar creo que los mejores bosques de la península ibérica en otoño son:

 

1. Urederra, Baquedano (Navarra)

2. Vegabaño, Soto de Sajambre (León)

3. Saja-Besaya, Bárcena Mayor (Cantabria)

4. Hayedo de La Biescona, Colunga (Asturias)

5. Bosque de la Honfría, Linares de Riofrío (Salamanca)

6. Hayedo de la Pedrosa, Riaza (Segovia)

7. Castañar de Ojesto, San Martín de Trevejo (Cáceres)

8. Castañar de El Tiemblo, El Tiemblo (Ávila)

9. Selva de Oza, Siresa (Huesca)

10. Garganta de Bohoyo, Bohoyo (Ávila)

 

     ¿Tienes planes fotográficos para este otoño? ¿Cuál de estos bosques has visitado? ¿Cuál te gusta más? Deja tu comentario, justo aquí debajo.

 

 


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La playa del ¿Silencio?

 

    Para muchos, los primeros pasos que dan en el mundo de la fotografía están ensombrecidos por darle más importancia al lugar que a la foto. En esa circunstancia me encontraba la primera vez que fui a este lugar, la playa del Silencio. Parece que, si quieres que tu trabajo adquiera notabilidad y sea respetado, necesitas cumplir una serie de requisitos no-fotográficos. Entre estos requisitos, diría que uno de los más relevantes es la importancia que se le da a los lugares populares.

 

     Si tus aspiraciones fotográficas son grandes no te puedes permitir el lujo de que alguien hable de un lugar y no haber estado allí (y de paso contar una batallita). No eres nadie en esto de la fotografía de paisaje si no has estado en Islandia o Feroe, dando por supuesto que has visitado más veces Río Tinto, Barrika, Gueirúa y Urederra que a tu familia. Y, si aspiras a ser un Ansel Adams milenial de manual, ya has estado (y, por supuesto, vas el próximo año) a Dolomitas, Yosemite, Torres del Paine, Dead Vlei... (#noteselaironia).

 

     Respeto cualquier posición y planteamiento en lo que a fotografía se refiere pero, creo que hay cosas que se nos van las manos. Hace una semana estuve por Asturias, volví a la playa del silencio y ha cambiado muchísimo. Coches por todos lados, miradores abarrotados, gente, gritos, gritos, gritos,.... de todo menos lo que le da nombre: silencio. Observo un patrón que se repite: aparcar, mirador, "selfie" y siguiente; esto no es más que el reflejo de una actitud materialista y superficial con los lugares en general y la fotografía en particular.

 

     ¿Dónde nos dejamos la satisfacción personal? la mayoría de la gente en la fotografía se preocupa más del perfil público que de los valores que nos puede aportar el hecho de realizar la fotografía en sí, ese momento, cuando disparas, haces algo relevante si lo haces tú mismo, no lo que esperas que vean los demás. Mira, observa, ama y luego pulsa el disparador. Y un poquito de silencio, por favor.

 

 


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Lugares de los que nunca volvemos

 

    Cada lugar que he visitado me ha marcado en mayor o menor medida, pero siempre, en algún sentido, he creído que el hecho de haber visitado esos lugares me había aportado algo bueno o nuevo. Hace unos días comprendí que era justo al contrario, con cada lugar que visitamos una parte de nosotros se queda allí.

 

     Hacía años que no leía a Pérez-Reverte en su "Patente de Corso", un artículo que podéis encontrar en la publicación XLSemanal. El primer párrafo me cautivó, al leerlo comprendí que mi planteamiento con respecto a los lugares que he visitado podría ser justo al contrario: "Hay lugares de los que nunca regresas del todo. Se quedan suspendidos en el tiempo y la memoria, y de vez en cuando cierras un momento los ojos -a veces ni siquiera hace falta cerrarlos- y te encuentras de nuevo en ellos. Hasta puedes oírlos y olerlos." Tal vez no se trate de que te traigas algo, si no de que una parte de ti se ha quedado allí.

 

      A medida que van pasando los años es una sensación cada vez más sutil, pero con los primeros viajes y lugares que visitaba, siempre, absolutamente siempre, tenía la sensación que una visita fugaz podía compensarse con la esperanza de volver. Con los años terminas convenciéndote que hay lugares a los que nunca regresarás, si no es desde la memoria y la impronta que dejaron en ti las experiencias vividas.

 

      Visitar un lugar implica algo más que la excursión de unas horas desde un ferry o un crucero, algo más que una parada en el camino; deja una parte importante de ti en cada lugar, que tu huella esté muy presente para que cuando quieras volver, te encuentres a ti mismo, y todo en lugar en el que estaba.

 

 


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Nuevos tiempos, buenas oportunidades

 

    Todos teníamos muy claro que este no iba a ser un verano como otro cualquiera. Parece que en estos días calurosos apetece más que nunca perderse en la naturaleza, disfrutar de la sombra de los árboles cuando más calor hace, refrescarse en el río después de una caminata; volver a sentir ese contacto del que nos hemos visto privados durante meses.

 

     Últimamente he realizado varias visitas al valle de Batuecas, lugar que he recorrido mil y una vez pero que parece haberse convertido en el refugio ideal para estas primeras semanas del verano. Allí, entre rutas, visitas y descanso he vuelto a pasar por un lugar geológicamente muy especial; una roca que durante miles de años, el río Batuecas, ha tratado con el mismo cariño que Miguel Ángel lo hiciera con los mejores bloques de Carrara, convirtiendo la roca en pura belleza.

 

 

     Cargado sólo con el 50 mm fijo he vuelto a fotografiar esta zona en las mismas condiciones en las que lo hice en 2015, retomando un camino de abstracción que ha despertado la chispa interior con la suficiente intensidad como para volver a trabajar en una idea que surgió hace 5 años: una serie abstracta basada en el río, cómo el agua y su corriente juega con la luz y la roca para abrirnos la puerta a un mundo tan misterioso como atractivo.

  

 

      Aún no tengo claro cómo unir estos dos conceptos para que surja algo coherente, pero el el hecho de volver a trabajar en esta zona y en estas ideas me motiva muchísimo. No tengo claro como lo haré, pero sé muy bien cómo quiero pasar estas tardes de verano: junto al río, en buena compañía y disfrutando del agradable abrazo que sólo lugares como Batuecas pueden ofrecernos.

 

 


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Lugares que invitan a soñar

 

    Hay sitios que nos marcan de una manera especial. La mayoría de los que vean esta foto pensará en lo obvio que resulta resaltar el río Tinto como un lugar que nos puede marcar fotográficamente, pero la cosa no va de eso, es algo más personal.

 

     En septiembre del 2017 con unos días por delante decidí "perderme" en el Tinto. Nunca había estado pero tampoco era un lugar que me entusiasmara especialmente. Llegué el primer día, al mediodía, cuando los 30 grados quedaban muy abajo en el termómetro y me metí por una pista que deducía que llegaba hasta la mitad del río. No había explorado ni investigado apenas antes, simplemente iba a pasar unos días y ver qué me encontraba.

 

     Al final de la pista había un pequeño descampado con cemento, una fuente y unos metros más adelante, a unos 10 metros del río un descampado en el que podía "montar campamento", comer, pernoctar... Tenía claro que el sitio era el ideal. La primera toma de contacto fue sobrecogedora: el olor, el color, las texturas... estaba realmente sorprendido. Pasé la tarde recorriendo parte de la vía abandonada, recorriendo el lecho del río y haciendo algunas fotos; me alejé demasiado y me pilló el crepúsculo no muy cerca del sitio que había elegido como "campamento". Problemas con el equipo para dormir y la noche cayó, tuve que dormir en el coche.

  

      El agotamiento del día anterior me hizo dormir ocho horas del tirón, puede parecer que todo salía demasiado bien pero me despertó el sonido de la berrea de un ciervo a pocos metros del coche. Salí, lo vi alejarse entre los matorrales pero en el barro de la orilla del río estaban sus huellas y aún podía intuir su olor. Desayuné y el entusiasmo de toda una jornada con el río y la cámara no hacía más que hacer que me regocijara en el momento tan agradable en el que me encontraba.

 

      Dos días después me resultó muy impactante volver a uno de los pueblos al salir de la pista (no recuerdo cual). Aislado en el río, sin ver a nadie, en plena naturaleza y disfrutando del espectáculo de colores y texturas que el río Tinto le ofrecía a mi cámara hace que aquel lugar en aquel momento haya sido una de las experiencias fotográficas que recuerdo con más nostalgia. Estas fotos representan lo que son para mi aquellos días, casi como un sueño, de esos de los que tenemos despiertos.

 


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El camino hacia imágenes más personales

 

    Desde hace muchos años he tenido en mente la idea de recorrer Namibia en un 4x4. Veía las fotos de esos todo-terreno con la tienda de campaña en el tejado e instintivamente mi mente viajaba hacia una sensación de libertad infinita. Me imaginaba a mi mismo acampando en cualquier parte, recorriendo los parques naturales en total libertad, disfrutando de la noche a salvo en la tienda del techo, pero lo cierto es que de la expectativa a la realidad suele encontrarse la decepción.

 

     Desde mi idea inicial hasta el viaje que realizamos finalmente hay una diferencia abismal, no sólo porque la situación no fuera tan favorable como imaginábamos para recorrer el país en libertad si no por mi mismo. Los parques naturales están muy restringidos al acceso y la circulación, hay zonas del país en las que es fácil no tener una sensación de seguridad absoluta; pero lo que más nos limitó fue la propia planificación del viaje.

 

     Con la experiencia de muchos road-trips a las espaldas la planificación de los recorridos, localizaciones y visitas fue óptima. Todos los lugares que queríamos visitar los visitamos, todo en el momento más adecuado y sin grandes imprevistos; pero esto fue lo que condenó la idea de libertad que me impulsaba desde hace muchos años a hacer algo así. Esta idea no es algo que percibiera en el momento, es algo que he podido ver en perspectiva, cuando con la idea de proyectar un viaje parecido percibo que comienzo a dejar que la planificación condene la sensación de libertad.

  

      Al revisar el archivo he encontrado que lejos de percibir las mejores sensaciones en las fotos de los hotspots que visitamos de manera programada, los mejores recuerdos me llegan a través de las fotografías realizadas durante los desplazamientos, en medio de paisajes infinitos y en momentos que no estaban programados. He aprendido una lección que aplicaré a partir de este momento: programar visitas a localizaciones nos asegura buenos resultados pero, si queremos conseguir una colección de imágenes que contengan una buena dosis de nuestra propia carga emocional, debemos dejar espacio a la improvisación para que de manera natural fluya nuestra conexión con el lugar que fotografiamos.

 


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La primavera que no se fotografió

    Veo fotos publicadas a diario en redes sociales y la mayoría de la gente sigue exprimiendo el archivo mientras ahí fuera está transcurriendo una de las primaveras más increíbles de los últimos años ¿creéis que será recordada como la primavera que nadie fotografió?

 

     Personalmente no me considero fiel visitante de la primavera. Mientras que con otras estaciones tengo citas ineludibles, es en primavera cuando aún no me reengancho del parón de final del invierno, viajo fuera... o simplemente no encuentro motivación; no lo sé. Lo cierto es que no suelo fotografiar en esta estación, pero parece que el no poder hacerlo me provoca un deseo irrefrenable de salir con la cámara: aunque sean 10 minutos delante de un árbol verde.

 

     Este confinamiento es algo que terminará siendo recordado como una especie de pesadilla pero en el camino nos está permitiendo, al menos en mi caso, observar muchos aspectos con una nueva perspectiva. Este nuevo modo de ver las cosas me provoca sentimientos mucho más profundos, reflexiones mucho más íntimas que si mi vida hubiera seguido de modo normal. Por eso, para mí, esta primavera podría estar más representada por una fotografía más sombría que una de árboles con hojas brillantes:

 

 


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Intentar cerrar una puerta y abrir otras cuatro

    Entre 2013 y 2019 fotografíe para una serie en la que tenía clara la idea, había recopilado material de sobra para seleccionar pero aún no tenía título. Entre estos años realicé 21 sesiones, algunas de unas pocas fotos otras de cientos; en estas sesiones, siguiendo el hilo conductor de las capturas principales me dejaba llevar para hacer otras fotos con una técnica muy similar pero una composición y concepto totalmente diferente (primera puerta abierta).

 

     Para terminar la serie me puse a seleccionar las imágenes, editarlas, pero a medida que iba avanzando, con las imágenes seleccionadas encontraba una disociación muy clara: por lo que una parte importante de las capturas fueron descartadas para la serie. Me quedaron un montón de fotos muy interesantes sin serie, sin idea y metidas en una carpeta (segunda puerta abierta).

 

     Llegó el momento del título y a partir de la historia que sugiere encontré el vínculo entre la serie principal y las imágenes descartadas. Esto planteaba un problema: la serie principal era la puerta de entrada, las imágenes descartadas uno de los lugares a los que llegar desde la serie principal y esto me dejaba el proyecto inacabado (tercera puerta abierta). Comenzaron las dudas y realicé una presentación a un especialista que, a pesar de su juicio crítico y que siempre ha tumbado todas mis ideas, le encantó: "¡Esto es buenísimo! exclamó tenemos que ponernos a trabajar en ello y exponer" (cuarta puerta abierta).

 

     Os dejo con un avance de "Horizontes perdidos". No se cuando podré a volver a trabajar en este proyecto, lo que si tengo claro es que la semilla de algo muy grande y en mi trayectoria fotográfica ha germinado.



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Paisajes cazados y recolectados

    Desde un punto de vista fotográfico ser cazador implica confiar en tu entusiasmo, recolector en tu instinto; en este sentido hay quienes deciden y se ciñen a un modo u otro a la hora de afrontar la práctica de la fotografía. Personalmente creo que es un error de manual. La fotografía no se basa únicamente en un único proceso, entran en juego desde factores emocionales a técnicos/mecánicos. 

 

     Establecida esta diferenciación tengo que decir que considero que hay que ser recolector con las localizaciones y cazador con la captura. Guiarnos por nuestros instintos a la hora de encontrar encuadres, algo así me pasó con esta foto de la catedral, cuando llevo "el radar en modo on", voy buscando localizaciones, posibles encuadres en esas localizaciones para dejar paso a mi "yo" cazador. En el momento que tenía la localización y el encuadre esperé durante un mes las condiciones lumínicas, fallé por diversas causas. Analicé mis fallos y volví unos días después a esperar el momento adecuado para capturar la imagen.

 

 

     Es muy difícil encontrar una visión romanticista de un monumento en una ciudad de hoy en día, tuve que localizar una zona que me permitiera aislar al máximo edificios modernos y el entorno urbano. Desde esa localización busqué el encuadre que realzara el monumento y encajara en la estética, ahora sólo quedaba esperar el momento. El anticiclón de invierno me obligó a esperar un mes entero, pero a finales de febrero cambió el tiempo y llegó la oportunidad de nubes y claros: buscaba sol exclusivamente en la catedral. Un primer intento fallido por el frío, las nubes no se colocaron en la posición correcta y me marché antes de tiempo porque estaba cansado de esperar de pié. A los dos días volvían a repetirse las condiciones, compré un taburete portátil y a esperar en mejores condiciones. El milagro sucedió.

 


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Viajar con la mente

 

     Ayer entró en vigor el decreto por el que se declara el estado de alarma. En el artículo 7 del mismo se limita la libertad de circulación de las personas ¿qué significa esto? pues que no podemos viajar, salir a hacer fotos... y si lo haces, si sales de casa para tu recreación la cosa es muy sencilla: no sólo incumples la ley, además, voy a ser muy explícito, los demás pensamos que eres gilipollas.

 

    Somos muchos los que de un modo casi automático establecemos una conexión inmediata (y casi necesaria) entre tiempo libre y viajar. Ya sea para hacer fotos, conocer sitios nuevos, disfrutar de patrimonio natural o cultural... aprovechamos estos espacios de tiempo para dar salida a viajes proyectados desde tiempo atrás, pero esto no es tiempo libre, no nos equivoquemos, esto es un confinamiento obligatorio ¿y si sales para tu recreación? eres gilip...

 

     Es muy probable que en tu casa tengas mil recuerdos de sitios que has visitado, cajas con tickets, cientos de imanes, tazas, piedras, tarros con arena, cientos de fotos almacenadas en carpetas olvidadas del ordenados o en un álbum que almacena polvo en la estantería... cualquiera que sea tu afán coleccionista (o disfunción obsesiva) relacionado con la fotografía o los viajes es el momento de recurrir a la mejor función que pueden desempeñar estos objetos: transportarnos con la memoria visual.

 

     Nuestros sentidos, además de sus funciones ordinarias, nos permiten recurrir a la impronta que ya marcaron en nuestro proceso neuronal; o lo que es lo mismo, nos llevan a los recuerdos y a nuestra experiencia cuando nos expusimos a ese estímulo. Aunque, según los expertos, el olfato es el más poderoso de los sentidos, la vista también puede transportarnos y de ese modo volver a vivir nuestras experiencias, pero que sólo se encuentran en nuestro subconsciente.

 

     Personalmente, dedicaré parte de este tiempo libre a planificar salidas fotográficas y viajes para cuando pase esta situación (porque pronto terminará), pero también quiero aconsejaros que echéis un vistazo a esas carpetas con fotos que muy probablemente guardáis y que no véis desde hace años. Fijaros en los detalles y tratar de recordar cual era vuestra situación en ese momento, qué veíais, a qué olía... y viajad con la mente...

 

 

     Hablamos más tarde, voy a pasar la mañana a los templos y palacios de Jaipur, en India.

 


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Mi mayoría de edad fotográfica

 

     Es tan fácil encontrar satisfacción en el hecho de contar las historias que has vivido mientras fotografiabas; lo que subyace detrás de cada fotografía tiene tanto peso emocional que muchas veces nos ciega (o nos ilumina) para valorar erróneamente una fotografía. He recopilado una galería retrospectiva he dejado a un lado el factor emocional, he recurrido a muchas personas, y muy diversas, pero antes, te invito a que sepas cómo he evolucionado desde mis primeras fotos.

 

 

    En mis primeros años (2002-2007) la fotografía aún no podía considerarme un apasionado, casi ni aficionado. Aunque anterior a esta fecha disparé ocasionalmente con una reflex analógica, en esta etapa utilicé varios modelos de digital compacta (e incluso con móviles cuya cámara apenas superaba los 2 megapíxeles). Fotografiaba naturaleza de forma circunstancial, porque cuando tenía una cámara entre las manos estaba en la naturaleza. Por formar parte de una comunidad online artística mis pretensiones oscilaban entre lo documental y la búsqueda de la expresión personal a través de imágenes pictóricas.

 

 

     Con el paso de los años 2008-2010 encuentro en la fotografía documental de monumentos y en el paisaje urbano una gran fuente de inspiración para la pasión fotográfica que se despierta en mi. En esta etapa adquiero una cámara digital compacta de alta calidad que, al poco tiempo termino por sustituir por una réflex digital. De las ciudades y monumentos a los que tengo la posibilidad de ir no dudo en visitarlos y fotografiarlos casi de manera obsesiva, realizo los primeros viajes internacionales en busca de algunas estampas que se convierten en icónicas para mi pero que, desde la perspectiva, puedo afirmar que los resultados obtenidos en este periodo estaría más justificados por golpes de suerte que por los conocimientos técnicos o compositivos que había adquirido hasta aquel momento.

 

 

     En mi recorrido fotográfico el año 2011 supone un cambio de paradigma absoluto. Del 2010 al 2012 tengo la oportunidad de tener frente a mi ventana un paisaje urbano en el que saciar mi pasión, además, este año veo cumplido uno de mis sueños al poder fotografiar uno de los monumentos más bellos de la humanidad: El Taj Mahal. Consciente de mis carencias en conocimientos de fotografía he comenzado a invertir muchísimo tiempo en tratar de mejorar, especialmente con la lectura de obras de referencia de autores americanos; descubro a los grandes maestros del paisaje y en ellos encuentro una fuente de inspiración infinita; pero, sobre todo, es aquí cuando me doy cuenta que la fotografía se ha instalado en mi interior para acompañarme el resto de mi vida.

 

 

     Surge una etapa en la que me lanzo de lleno en la creación del que ha sido mi proyecto fotográfico más importante: el blog www.elpaisajeperfecto.com. Del 2012 al 2017 voy escribiendo, fotografiando paisaje natural y, sobre todo, mejorando mi percepción de lo que significa la fotografía para mi. Con la llegada de nuevos métodos de comunicación para aficionados y profesionales de la fotografía los blogs escritos comienzan a perder fuelle y decido dejar el proyecto a un lado, es el momento en el que me abro definitivamente a una creación fotográfica más madura, a trabajar con series y, sobre todo, a apartarme del estilo instagramista para buscar en la fotografía un medio de expresión estrictamente honesto con mi visión, mis emociones y mi modo de entender la fotografía de naturaleza.

 

 

Te invito a que visites la galería en la que he recopilado las 100 fotografías más importantes de estos 18 años:

 

www.pablossanchez.com/retrospectiva


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Buscando la Friedrichcidad

 

 

      No pierdo la ocasión de visitas los mejores museos que tengo a mi alcance. En ellos recorro salas y pasillos incansablemente en busca de los grandes maestros de la pintura de paisaje: Friedrich, Turner, Rousseau, Ruisdael, Cole, Carlos de Haes... entre los más conocidos. 

 

     Una semana después de una de las visitas más inspiradoras que he tenido, al Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, me he sorprendido a mi mismo alejándome de los marcados patrones estilísticos de la fotografía de paisaje actual hacia composiciones más pictóricas.

 

 

 

 

      Si es cierto que las condiciones atmosféricas, la orografía y la luz del momento hicieron la mitad del trabajo por mí, pero estoy convencido que existe un enriquecimiento subconsciente de nuestra percepción. Nosotros elegimos cómo alimentamos esa capacidad de expresarnos a través de la fotografía, personalmente tengo muy claro que hoy me decanto por lo sublime y majestuoso de los paisajes de los grandes maestros de la pintura.

 

 


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Mañanas de frío y niebla

 

 

      Una vez escuché a alguien decir que: después del otoño y la primavera, e incluso el verano, el invierno es mi estación favorita. Evidentemente el invierno no estaba tratando muy bien a aquella persona; día tras día cielo gris y ni una única oportunidad fotográfica. 

 

     Todos los que fotografiamos en la naturaleza nos entusiasmamos con facilidad ante los colores otoñales; la frondosidad primaveral nos impulsa a descubrir la vida en cada rincón; pero el verano y el invierno siempre quedan en un segundo plano. Para mí, somos muy injustos con una de las estaciones más atractivas en latitudes medias.

 

     Aunque en la península Ibérica suele predominar el tiempo anticiclónico en invierno: una atmósfera estancada, sucia y llena de estelas de aviones, cielos de monótono azul y ambiente relativamente seco; pero para los que madrugan es muy probable que este tiempo anticiclónico traiga mucho frío y eso significa ramas de árboles helados, ese frío trae niebla, condensación y hielo. En invierno se encuentran algunas de las mejores oportunidades fotográficas, intenta aprovecharlas y encontrarás una estación favorita más.

 

 


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Mis 9 favoritas del 2019

 

 

      El año termina y llega el momento de recopilar lo bueno del que se va y proyectar el que viene. De vez en cuando, a lo largo del año que dejamos atrás, me ha venido a la mente la idea de esta recopilación y siempre me repetía una y otra vez lo mismo "no he hecho ni 9 fotos decentes este año". Todo cambió al llegar septiembre.

 

     Este año he cumplido uno de mis sueños fotográficos: visitar Namibia con un todoterreno con la tienda de campaña en el techo. Recorrimos todo el país durante casi dos semanas y saqué todo el provecho que pude pero, seamos sinceros, me hubiera quedado un par de añitos más fotografiando allí. Aunque no lo podría calificar como "viaje soñado", hacía mucho tiempo que tenía programada una visita al sur de Inglaterra desde Dover hasta Salisbury, fue un viaje realmente encantador pero fotográficamente un desastre por causas que no cabe argumentar aquí.

 

     Finalmente, este año, para mí ha destacado por una etapa muy pasiva en la primera mitad del año y una etapa muy activa a partir del verano, cuando he visitado varios bosques en otoño (Urbasa, Otxarreta, Honfría...), la costa asturiana durante el congreso AEFONA, varias visitas a mi querida Sierra del Espinazo y varias escapadas para pequeños proyectos fotográficos.

 

Espero que disfrutes de esta selección que con tanto cariño he preparado, gracias por tu visita.

 

 

Catedral de Salisbury desde el río Avon.

Oleaje en la playa del Sablón.

Amanecer en Quiver Tree Forest.

Avellanos, niebla y otoño en el bosque la Honfría. Los árboles de Dead Vlei.

Luz delicada en el Laberinto de Arno.

Una casa en Kolmanskoop.

Atardecer de Etosha.

Arco y montañas de Spitzkoppe al atardecer.



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Fotografía en buena compañía

 

     Del 6 al 8 de diciembre, como suele ser habitual en estas fechas, se celebró el congreso AEFONA 2019. En esta ocasión tuvimos la suerte de poder disfrutar de un entorno que cuenta con unas localizaciones fotográficas muy atractivas para la fotografía de paisaje: como es la playa de Bayas.

 

     En esta playa nos reunimos unos cuantos para hacer una escapada al amanecer. Era el sitio que estaba previsto dentro del programa del congreso, lo que no estaba previsto es que nos reuniéramos un número tal como aquel día. Por lo general, en las salidas fotográficas del congreso hay una buena afluencia de público, pero parece que aquel día, atraídos por una localización singular pudimos disfrutar de una multitudinaria sesión.

 

     Personalmente me decanto por fotografiar en soledad, pero hacía mucho tiempo que no lo hacía en compañía, en especial de buenos amigos. Como cada año es un placer volver a reencontrarnos en el congreso anual de AEFONA, disfrutar de extraordinarias ponencias, comidas y cenas con interminables charlas sobre aventuras fotográficas y experiencias en la naturaleza. Como cada año, vuelvo del congreso AEFONA con muchas ganas de que llegue el próximo.

     


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Las mejores luces de mi vida

 

     Llega un día en el que decides darle una vuelta de tuerca a tu modo de fotografiar y planeas salir mucho antes del amanecer, ubicarte en un lugar concreto tras caminar varios kilómetros en la más profunda oscuridad. Hasta entonces la fotografía simplemente me encantaba; aquellas luces del 10 de octubre de 2012 me cambiaron para siempre, en ese momento supe que la fotografía se convertía en una pasión que me acompañaría toda mi vida.

 

     Hasta hace pocos días nunca había tenido la ocasión de repetir una situación que se asemejara a la de aquel amanecer de otoño. Cientos de salidas en playas, montañas, desiertos, humedales... en ningún lugar de ningún país había encontrado una situación que estuviera a la altura.

 

     De una de mis últimas salidas por "mi hogar" fotográfico, la sierra del Espinazo, me quedó pendiente probar una localización. De manera muy casual hace unos días fui exclusivamente a ubicarme en un punto que había localizado en la anterior salida para probar qué pasaba con el sol en estos días, una posición avanzada hacia el solsticio de invierno. Lo más probable es que no hubiera salido a hacer fotos, que aquella tarde no hubirrs estado allí, pero el destino quiso que otro espectáculo de luz inigualable se presentara ante mi cámara.

     

 

     El sol se coló entre un pequeño hueco en las nubes para iluminar la atmósfera cargada de humedad del valle. Un espectáculo que tiñó de naranja las montañas durante menos de un minuto ¡si! tuve menos de un minuto hasta que el sol se volvió a esconder para no volver dejarse a ver aquel atardecer. Aunque hay ocasiones en las que he presenciado espectáculos de luz más increíbles que este, no había tenido ocasión de fotografiarlos.

 


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El mundo desde una perspectiva etérea

 

     Cuando hace tan mal tiempo que la mayoría de las personas, con capacidad para razonar, se quedarían en casa, es cuando surgen las mejores oportunidades fotográficas. Hace 6 años ni siquiera hicimos cálculos del panorama metereológico que nos íbamos a encontrar, sólo sabíamos que haría muy mal tiempo, pero la experiencia nos decía que surgían buenas oportunidades. 

 

     Llegamos al risco de La Torrita poco antes del amanecer, no había dejado de caernos agua durante la hora y media que tardamos en llegar desde el coche. Con las primeras luces, a pesar del chubasquero, estaba empapado, más incómodo que un gato en la bañera. Todo se olvidó cuando apareció ante nosotros aquel espectáculo irrepetible, incluso nos olvidamos de hacer fotos. Llevábamos una idea en la cabeza pero la razón desapareció y comenzamos a disparar  con el teleobjetivo a los jirones de niebla que parecían jugar al escondite entre las montañas. El puntito rojo a la derecha del risco soy yo:

     

 

     Hace unos días encontré una situación parecida. El mal tiempo me motivó a fotografiar un bosque de hoja caduca en plena otoñada, pero antes de que la luz llegará decidí asomarme al amanecer a un alto para ver si con el mal tiempo se producía el milagro de la luz. Las condiciones de esta mañana me recordaron a las de hace 6 años y disparé con la misma perspectiva que aquel día. Al repasar las fotos encontré un nexo, no sólo estilístico sino también emocional, con una pequeña diferencia: hace 6 años aquellas fotos quedaron olvidadas en el disco duro, sabía que eran buenas pero ahí quedaron. Ahora, con más experiencia, he podido mezclar las fotos de ambas sesiones para dar vida a la serie más "madura" desde que tengo una cámara entre las manos, bienvenidos al planeta etéreo: 

 


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Ser rico no es sólo tener dinero

 

     Esta foto no es más que puro "postureo" pero hay veces que me encaja una persona en algunos paisajes, humanizarlos para transmitir algunas emociones que el paisaje por sí mismo no puede. Hace unos días, mientras fotografiaba estos riscos me encontraba realmente satisfecho, por una parte por volver a la sierra del Espinazo tras una temporada sin ir por allí y por otra por encontrar una nueva localización para fotografiar. 

 

     Sentir satisfacción por llevar unos meses sin ir es comprensible, pero ¿por encontrar una nueva localización? pensaréis que el mundo está lleno de lugares que aún no han sido fotografiados, al menos desde una perspectiva artística-paisajística. En esta sierra he recorrido más de 300 km en los últimos 8 años, más de 40 salidas fotográficas; no es que lleve la cuenta pero hace unos días, tras subir la ruta de la última salida marqué la opción de visualizarlas todas en el mapa y me sorprendió la cantidad de veces que he pasado por algunos sitios, dejo foto:

     

 

     En definitiva, estaba fotografiando estos riscos y, como he dicho, me sentía tan satisfecho que estaba absolutamente convencido que, al menos en ese momento delante de aquellas rocas, con mi cámara y el sol asomando entre las montañas no necesitaba nada más para ser feliz, me creía la persona más rica del mundo. Entonces comencé a pensar que, la riqueza es algo objetivo, es rico el que posee bienes materiales, pero ¿existe alguna definición para esta sensación? ¿es algo puramente objetivo? o ¿una persona que tiene más de lo que necesita es rica? 

 


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Huele a otoño

 

     De todas las estaciones la que me despierta más escandalosamente de mis letargos fotográficos es el otoño. Para mí es una estación casi mágica en la que el silencio y la paz del bosque te envuelve entre humedad, luz y una pequeña explosión de vida antes de la llegada del crudo invierno. Todas las salidas fotográficas que más me han marcado, en un modo u otro, siempre se han producido en otoño. En el centro de la península el verano no ofrece muchas posibilidades, pero con la llegada del otoño llegan los colores a los bosques caducos, las primeras lluvias transforman el paisaje semiárido y el solsticio cambia la posición del sol para ofrecer una luz especial que se transforma en un espectáculo de luz al amanecer y atardecer.

 

     Repito localizaciones en esta época: Garganta de Bohoyo, Bosque de la Honfría, El Tiemblo, Ogesto... en Urbasa he estado en varias ocasiones, pero nunca en la zona del laberinto de Arno. Aunque cuando he estado, las primeras hojas comenzaban a coger color, y apenas puede hablarse de otoño me he encontrado un bosque que si le damos una semanita más ofrecerá un espectáculo singular. Las lluvias y las temperaturas de los últimos días han hecho que las hayas definitivamente corten el flujo de savia, la clorofila se retire y comiencen a dominar en las hojas los tonos dorados de las sustancias que comienzan a oxidarse en ellas.

 

 

      Tengo mil planes en la cabeza ahora que parece que ha llegado el momento ¿y tú? Prepárate para los próximos días, el otoño ha comenzado, ahora sí, delante de nuestras cámaras.

     


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Gigantes de otros tiempos

 

     Cada año planifico las visitas en función de la estación y el embalse de la Almendra suele tener su hueco reservado entre la primavera y junio en función del nivel del agua embalsada. La escasez de precipitaciones de este año ha provocado por una parte que el nivel mes tras mes sea lo suficientemente bajo como para que los tesoros escondidos bajo el agua continúen emergidos y, por otra parte, el resto de localizaciones que tienen su lugar en estas fechas no han llegado a alcanzar el suficiente atractivo por este mismo motivo.

 

     Antes del cambio de hora el amanecer es ideal, que el sol salga a las 8:30 h te permite llegar a la localización sin que haya que madrugar demasiado. Suena el despertador a las 5 de la mañana. A las 5:30 h comienzas a conducir con la ciudad el campo aún durmiendo. Llegas a las inmediaciones del embalse, silencio absoluto, negrura total, soledad. Con la tenue luz del frontal comienzas a caminar por el paisaje muerto del lecho del embalse seco, una hora más tarde, sobre las 7:15 h llego a la zona que he seleccionado y comienzo a explorar.

 

     El objetivo de esta salida son las grandes encinas, sin lugar a dudas. La mayoría de los ejemplares más grandes ya no están en pie, es un suelo poco profundo, las raíces crecen muy disgregadas y las largas temporadas expuestas a los elementos y la gravedad fuera del agua han hecho su trabajo. Tras varias largas exposiciones con los primeros resquicios de luz del día comienzo a escrutar el cielo para estudiar la dirección de las nubes y como estas pueden interactuar con los rayos del sol cuando emerjan y está claro que los cirro-cúmulos que se desplazan de sur a norte son el mayor atractivo. Dos exposiciones intercaladas por unos minutos para calcular dónde estarán unos 15 minutos antes de que salga el sol, que será el momento en que por la altura a la que están se iluminen, y ya sé hacia dónde tengo que disparar.

 

     Selecciono unas encinas que parecen estar perfectamente alineadas entre ellas y con el horizonte. Varias pruebas con ISO alto para que la cámara me confirme lo que creo que veo y coloco el trípode. Aún faltan 20 minutos para que el sol ilumine las nubes, me como el bocata mientras hago varias tomas de prueba. Llega el momento que he calculado y se hace la magia de la fotografía de paisaje:

 

     


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El pueblo del desierto

 

     Kolmanskop puede englobarse en la típica descripción de pueblo abandonado, pero la realidad es que cuenta con una historia tan inverosímil que lo convierte en único. Muy resumidamente se puede decir que se trata de arquitectura colonial alemana de finales del S. XIX y principios del XX cerca de la actual localidad namibia de Lüderitz. En aquella época se encontraban diamantes en las arenas del desierto con relativa facilidad, llegaron a extraerse 1.000 toneladas, lo que hace que económicamente sea viable una ciudad tan extravagante como esta.

 

     En pleno desierto del Namib se erigieron casinos, escuelas, hospital, mansiones, estación de tren... y los colonos alemanes de la época querían sentirse como en su Baviera natal impregnando a la arquitectura de estas construcciones del más puro estilo de la región alemana. Los diamantes comenzaron a escasear, el pueblo se abandonó y el tiempo no perdonó. La arena ha invadido las casas, la brisa marina y el viento del desierto han hecho lo propio para hacer de este pueblo una ruina decadente, de apariencia arquitectónica descontextualizada que nos traslada a otra época, casi a otra realidad paralela. 

 

     ¿Merece la pena recorrer 600km para ver este lugar? puede que la galería de imágenes te ayude a responder a esta pregunta. He tratado de capturar la esencia del sitio centrando la atención en puertas y ventanas, como símbolos del paso de una época a otra, de aquella realidad minera colonial a la turística de hoy en día, del momento en que la fiebre de los diamantes le permitía vivir en su burbuja de opulencia a la mas fiel y cruda realidad en la que el desierto reclama su lugar.


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Los árboles eternos

 

     Sales de casa y sabes que te quedan por delante 15 días disparando fotos en Namibia, para ser más concreto he hecho unas 4000. Sabes que hay una serie de localizaciones que tienen un potencial mucho mayor que otras, las has estudiado más o simplemente coincide que, en el momento que las visitas, es cuando muestran su mejor cara.

 

     Sabía que el desierto de Namib era una de las joyas del viaje y, dentro del Namib, más concretamente lo era Dead Vlei. Creo que nunca podré olvidar mis sensaciones al ver por primera vez este lugar: caminas por la arena durante unos 15 minutos y cuando terminas de subir una pesada duna aparece este lugar a lo lejos. Una explanada blanca de pocas hectáreas salpicada por algo menos de medio centenar de árboles. Bajas la duna para llegar a la superficie blanca, un lecho de lago seco de arcilla blanca cuarteada, una locura ¡sólo el suelo da para un día entero sin levantar la cámara! Levantas la cabeza y en el momento que ves el primer árbol la mente comienza a divagar, piensas Fondo oscuro, reflejos de la luz del sol del suelo, tangencia de ramas, atmósfera cargada de polvo, sol lateral, enmarcar con las ramas... si hubiera puesto en práctica todo lo que se me pasó por la cabeza en apenas un instante todavía seguiría haciendo fotos allí.

 

     En definitiva, en Dead Vlei se pueden hacer algunas fotos buenas, pero no son las fotos el tesoro más valioso que me he traído de allí. Aquí he podido vivir una de las experiencias más intensas del viaje a Namibia (una de tantas) y es una percepción del tiempo más allá de la existencia humana. Allá por el año 1200 crecían estas acacias de las que hoy sólo quedan troncos ennegrecidos por el abrasador sol del desierto, la arena, que un día las enterró llegó hasta aquí hace 5 millones de años arrastrada por un caudaloso río del que hoy no queda ni el nombre, y el lecho arcilloso nos lleva a una época mucho anterior, te das cuenta que el ser humano es sólo una pequeña fracción de tiempo en la existencia de este sitio, te sientes pequeño, insignificante, ante un lugar que es uno de los protagonistas de la eternidad de nuestro planeta.


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Un nido frente a mi ventana

     Puedo considerarme afortunado porque una pareja de palomas ha elegido la acacia frente mi ventana para construir su nido. A escasos dos metros he ido viendo como día a día iban colocando ramita a ramita en el nido, la puesta de los huevos y tras la incubación ha llegado el gran momento: el primer polluelo. 

 

     La llegada al mundo de este pequeño ha coincidido con una fecha que le imponemos en el calendario a los animales salvajes: la apertura de la media veda. Con la llegada de agosto llega uno de los momentos más felices para los cazadores pero también uno de los más difíciles para las especies calificadas como cinegéticas. Miles de cazadores salen al campo tras el parón de primavera/verano para volver a la actividad que tanto les apasiona.

 

     Hasta el 25 de agosto no debería cazarse ninguna paloma pero... ¿qué ocurre si a uno de los cazadores de gatillo fácil (casi todos) se le cruza una paloma antes de esa fecha? Pues que le va a disparar sin dudar. ¿Qué ocurrirá con los polluelos que están esperando en el nido? Que morirán y al próximo año no habrá ni paloma ni polluelo. Así de sencillo.

 

     No sólo es importante que los cazadores respeten fechas, cupos y especies, es necesario un control más intensivo de la administración sobre la ecología de las especies, la educación y las aptitudes de los cazadores para evitar que las poblaciones de muchas especies salvajes se encuentren al límite de su existencia. Uno de los representantes del colectivo cinegético calificaba en los medios de comunicación el pasado 15 de agosto la apertura de la media veda como catastrófica en cuanto a capturas. Era de esperar. El próximo año se repetirá la misma historia.


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Paisajes Romanticistas de Inglaterra

     Parece que la fotografía reinventa constantemente nuevos métodos y técnicas para que los que aprietan el disparador tengan a su disposición las herramientas adecuadas para poder expresarse. Creo que echar la vista atrás, a los paisajistas romanticistas puede ser un campo muy amplio en el que poder encontrar un nuevo área de trabajo y, sobre todo, mucha inspiración. 

 

     El romanticismo es un movimiento que se desarrolla en la primera mitad del siglo XIX para par prioridad a los sentimientos frente a las normas más rígidas del Neoclasicismo. Sabía que un viaje a Inglaterra, visitando castillos, grandes catedrales góticas y paisajes que inspiraron a pintores romanticistas hace casi 200 años, iba a nutrirme en este sentido.

 

     Esta fotografía representa la catedral de Salisbury en la misma perspectiva que John Constable la representa en 1830 en su obra "Salisbury Cathedral from the Meadows". Ni mucho menos consigue atrapar la esencia temporal y la sublimidad con la maestría que lo hace Constable, no por las limitaciones de la fotografía en ese sentido frente a la pintura; es un campo en el que la fotografía digital puede desarrollarse (y al que me sumo) para que la fotografía de paisaje pueda encontrar una vía de escape frente a los cánones tan rígidos y estridentes de "belleza" que saturan las redes hoy en día. 


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Las tierras muertas de Valjagado

 

     Un día descubres que en los libros están las respuestas, comienzas a leer autores americanos que te cuentan sus andanzas fotográficas por los desiertos del medio oeste; es más que suficiente para que un entusiasmado aprendiz de fotografía de paisaje idealice el concepto de belleza en sujetos inertes. Un tiempo después, en una etapa de búsqueda enfermiza de localizaciones en Google-Earth una foto de amigos en excursión de domingo lo cambia todo. La foto se titulaba Rasica.

 

     Cielo azul, rocas entre indio y beis de granito que con la intensidad de la luz directa del atardecer el medidor del modo automático de la compacta con la que estaba hecha la foto los había intensificado hasta llegar a un acertado error. Sobre las piedras dos personas. Esta escena no hubiera significado nada para mí de no ser porque aquellas rocas me trasladaron al instante a los desiertos americanos. Exploré aquella zona, Rasica, y pronto descubrí que no era más que el lecho desprovisto de vida de un embalse. No era el paisaje eterno de Death Valley, Arches o Monument Valley pero me servía para dar rienda suelta a la ausencia de vida natural como concepto de belleza.

 

     Han pasado varios años, más de los que me atrevo a contar sin dejar escapar un suspiro, desde que una tarde de junio Jenny y yo nos dejamos nuestras huellas en la arena granítica. Atardecer, merienda sobre las rocas, un par de nocturnas y el gusanillo de repetir. Han sido muchas visitas y con cada una he descubierto muchos nuevos motivos para volver, pero nunca había estado al 40% (en un territorio de unas 20.000 hectáreas bajo el agua el nivel lo cambia todo). Ahora he encontrado un bosque de encinas petrificado, un gran hito de granito que sobresale sobre el agua y, lo que es más importante: he perdido el miedo a hacer fotos (ya no creo que si no hago lo que hacen los demás no lo hago bien).

 

     La foto no tiene truco, está disparada directamente a blanco y negro. Atardecer a mi espalda, un claro sobre el horizonte a la derecha de la encina muerta. Filtro degradado para dar dramatismo a la encina perfilada sobre el claro y dejar algo de detalle sobre las rocas del primer término. Unas curvas en Photoshop y listo.


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Mis 9 favoritas del 2020

 

     Termina un año imprevisible, de cambios, en el que nada ha sido lo que esperábamos. En mente tenía viajes a Egipto, Turquía, Perú... de echo, a sólo un día de reservar los vuelos para ir a Egipto, comenzó el confinamiento de marzo; y el 2020 se ha convertido en el año más extraño para fotografiar paisaje de todos los que he vivido. A lo largo de los meses hemos acatado las restricciones para salir a fotografiar cuándo y dónde se ha permitido, pero eso no ha sido impedimento para que la mayoría hayamos encontrado en la naturaleza una vía de escape a una situación excepcionalmente compleja. 

 

     Una y otra vez me choco contra la realidad para darme cuenta que cada experiencia es enriquecedora (no sólo fotografiar en el desierto Blanco, Capadocia o el Machu Picchu) y llegar la conclusión, tanto como resignarme, a que la mejor foto de paisaje no está tanto determinada por el lugar como por nosotros mismos y las condiciones del momento. Un año sin viajar ha sido la oportunidad ideal para explorar la ribera del Tormes a su paso por Salamanca; necesitas enfrentarte a una situación como esta y haber comenzado un proyecto fotográfico concreto para descubrir que a dos minutos de casa, y en plena ciudad, tienes un pequeño oasis fotográfico. 

 

     He tratado de exprimir las localizaciones de la provincia y la región, he realizado una "expedición" con Fiti (mi burro) para pasar dos días en la sierra del Espinazo y fotografiar el cometa Neowise. Este año también me ha permitido reordenar todos los proyectos fotográficos que tenía abiertos, realizar una galería retrospectiva... creo que quien opine que fotográficamente es un año muerto es porque no ha puesto lo suficiente de su parte. Si una puerta se cierra es una oportunidad para buscar una nueva salida y comenzar a trabajar en los proyectos fotográficos del 2021.

 

Espero que disfrutes de esta selección que con tanto cariño he preparado, gracias por tu visita.

 

 

Luces de tormenta en los acantilados de Gueirúa.

Pino sobre el mar de nubes.

Amanecer en la playa de Gueirúa.

Flores de erizón con estrella Polar.

Atrapado en el bosque.

Remolino de hojas en la garganta de Muñogrande.

Árboles escarchados.

Atardecer de invierno en la catedral de Salamanca.

Últimas luces en la sierra del Espinazo.



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He preguntado qué foto os gusta más y este es el resultado

       Recopilando las fotos que he hecho en 2020 que más me han gustado, a la hora de repasar las que hice en un amanecer en la playa de Gueirúa, Asturias, me surgió una duda: cuál de estas dos imágenes era mejor. De toda la sesión, son las dos mejores y, aunque a simple vista son parecidas parece es evidente que en la 1 (izquierda) el cielo tiene mucho protagonismo, mientras que en la 2 (derecha) es el primer término lo más destacable de la foto. 

 

     Al no encontrar un argumento de peso que me hiciera decidirme por una u otra me propuse consultarlo por redes sociales para conocer la opinión de los demás y ver qué opinaba el resto. Pregunté por Twitter, Instagram y Facebook y los votos obtenidos han sido los siguientes:

 

Foto 1: 24 votos

Foto 2: 23 votos

 

     Con este equilibrio está claro que no hay nada que realmente haga destacar a una sobre la otra por lo que creo que la decisión, además de en mi mismo, hay que buscarla en los argumentos aportados en los comentarios. Lo que más destaca de la primera es, sin duda, el equilibrio de los elementos, en la segunda es una composición muy "correcta", tal como dice Alberto Tormo:

     Tal como había observado, el primer plano guía muy bien la mirada hacia la imagen y transmite mucho mejor la sensación de lugar, tanto Jep Flaqué, David López y Yarky Moguel lo indican en sus comentarios:

     Sin embargo, hay otros comentarios que argumentan todo lo contrario, indicando que ese primer término tiene demasiado peso visual. Hay estudios que indican que en este tipo de paisajes dos tercios de la imagen sean ocupados por el primer término puede ser una proporción muy correcta. Paco Pulido indica que al ser una zona demasiado blanca se queda con el peso visual de la imagen:

     Cuando hice esta fotos, aunque estén numeradas como 1 y 2 lo cierto es que cronológicamente están realizadas al contrario. Comencé disparando la 2 y, al observar que el cielo estaba ganando color e interés decidí variar la composición situando el horizonte prácticamente centrado para dar protagonismo al cielo en general sin cortar la nube de la izquierda arriba en la imagen 1. Por lo tanto la imagen 1 es una evolución de la 2 durante la sesión. Esto lo comenta David Frutos:

     Pero hay un comentario que se inclina por la imagen 1 que ha sido el que me ha hecho decidir que prefiero esa imagen sobre la 2, y es el tiempo potencial que puede llegar a atrapar la vista del espectador:

     Pero hay un factor que no se ha mencionado sobre la imagen 1 y su "mensaje", que es lo que creo que hace que sea una foto mucho más completa que la 2 y es que su mensaje es mucho más completo. Con el paisaje natural hay cierta complicación en plasmar yuxtaposiciones (elementos o características opuestas o enfrentadas) y en la foto 1 hay una clara yuxtaposición entre la parte superior con tonos pastel, formas suaves y ligeras de las nubes confrontadas con la parte inferior, más oscura sin color, rocas contrastadas con las líneas de la espuma: suave-tosco / delicado-rudo.

 

     La mayoría de las personas que vean esta foto en redes creo que van a considerar mejor la 2, sin embargo creo que es muy "obvia", primer término con protagonismo, agujas icónicas de un lugar conocido y cielo coloreado. Pero una imagen que se va a ser observada en una pantalla de móvil durante unos segundos necesita de un elemento menos obvio y más llamativo para llamar la atención (la nube), si esta consigue capturarte creo que el potencial de la imagen 1 es mayor para tocar un poquito más la sensibilidad del espectador.

 

     Muchas gracias a todos por vuestros votos y opiniones.


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Mi DJI Mini 2

 

   Hace muy poco, y casi sin esperármelo, me encontré entre mis manos esta pequeña maravilla de la tecnología, el DJI Mini 2. Aunque nunca he sido partidario de opinar sobre productos es cierto que en esta ocasión no puedo resistirme, este pequeño aparato me ha conquistado (fotográficamente hablando). Voy a contar qué me ha parecido en mis primeras salidas fotográficas, aunque tengo que comenzar diciendo que mi experiencia haciendo "reviews" de productos se limita a otro artículo y este, por lo que todo lo que escribo se centra únicamente en una opinión subjetiva y un planteamiento muy básico de lo que analizo. 

 

     Lo cierto es que hace años que tenía ganas de grabar y fotografiar con un dron, desde que hace años ayudara a un amigo con el rodaje de un documental para el que utilizó un DJI Phantom, comencé a sentir atracción hacia este tipo de aparatos. Poco a poco fue cayendo en el olvido hasta que nuestros últimos proyectos nos han hecho plantearnos la posibilidad de adquirir uno. Dadas las circunstancias el modelo ideal ha sido el DJI Mini 2.

 

     ¿Porqué este modelo? ligereza: cabe en un bolsillo y pesa menos de 250 gr., en travesías de muchas horas o incluso días sería inviable cargar con los modelos superiores. Legalidad: dadas sus dimensiones hay menos restricciones sobre los lugares y circunstancias en las que puedes volar. Prestaciones: con vídeo en 4K y foto con RAW tiene todo lo que buscamos, pero a esto hay que sumar compensación de exposición, ajuste de proporciones de imagen y zoom (digital). Precio: es ligeramente inferior a los modelos siguientes.

 

     ¿Qué es lo que no tiene? para mi, lo único que podría ser destacable y que le falta frente a modelos superiores es la detección de obstáculos laterales y el vídeo a 60 fps (a 4K el máximo es 30 fps). Más allá de esto es posible que una resistencia al viento mayor sería deseable pero hay que ser realistas y la estabilidad que tiene dado su peso y tamaño resulta casi increíble. Tengo que señalar que el "gimball" hace un salto extraño cuando está en picado y el dron el movimiento, una especie de salto que parece ser común a todos los dispositivos (no es un fallo propio del mío).

 

     Teniendo precaución y evitando volar en un momento de fuertes rachas de viento el dron se ha comportado de manera estable en todo momento: las tomas de vídeo han sido fluidas , tanto con los recorridos preestablecidos como otros que he comenzado a ensayar. Fotográficamente es tan sencillo como que lo colocas a la altura y perspectiva que quieres y haces la foto, listo. La sensación es que a pesar de que su precio pueda parecer elevado, el nivel de tecnología que adquieres es muy superior a lo que pagas.

 

     Cuando llevas tantos años fotografiando a ras de suelo y, cuando buscas una perspectiva diferente, trepas a cualquier lugar para obtener un encuadre mejor, el hecho de comenzar a fotografiar desde el aire te abre las puertas a un mundo nuevo por descubrir. Creedme, la perspectiva que ganas sobre el paisaje te lleva a otro nivel fotográfico y tengo que reconocer que, ese aire fresco a nuevos planteamientos fotográficos es lo que destaco por encima de todo.

 

     ¿Lo recomiendo para fotografía de paisaje? realmente si ¿creo que es el modelo óptimo para fotografía? tendría que probar otros modelos pero al menos de este no echo nada de menos que tenga constancia que tengan los demás, supongo que con el tiempo el software incluirá un mayor control sobre la imagen que capturamos: contraste, temperatura de color, dominantes, nitidez... opciones creativas desde el punto de vista fotográfico.